Header

Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

La soledad universal

He visto Pluribus, temporada uno, con mucho interés porque representa algo que rara vez aparece en la ciencia ficción: la soledad universal (versión 2.0).

No la soledad de alguien aislado, sino la de quien no forma parte del grupo.

Refleja cómo se vive pareciendo igual que otras personas, sin conectar con ellas ni lograr que compartan tu punto de vista.

Es la despersonalización escenificada en un ente que suma a todos los individuos.

En una sociedad así, muchas de las cosas que hoy ordenan nuestras vidas perderían sentido.

Y quizá no sería tan extraño. Ya vivimos en una época donde:

  1. la moda textil sirve para diferenciarnos de lo que gasta la vecina, aunque la fábrica produzca miles de copias idénticas;
  2. la moda quirúrgica promete perfección corporal o facial hasta desembocar, a menudo, en una fealdad artificial;
  3. la moda mental convierte determinadas etiquetas diagnósticas en identidades deseables; lo que sea por la ansiada triple excepcionalidad y, si es posible, con privilegio bello.

¿Qué sería de nosotras si la conciencia colectiva dejase de ser una ficción?

Lo que perdería valor

cinco mujeres tomadas de la mano al atardecer

La belleza, la fama o el poder funcionan porque existen individuos separados que buscan reconocimiento, validación o influencia.

  1. La belleza, como jerarquía social, dejaría de servir para obtener amor, estatus o poder.
  2. El poder personal perdería buena parte de su sentido si el liderazgo fuese una simple función técnica.
  3. La fama y el prestigio serían sustituidos por una forma de reconocimiento compartido.

Lo que cambiaría de forma

dinero disolviéndose en la naturaleza

Otras estructuras quizá no desaparecerían, sino que adoptarían formas distintas.

  1. El dinero podría convertirse en un artefacto primitivo de intercambio.
  2. La competencia extrema cedería terreno a formas de cooperación más eficientes.
  3. El mérito dejaría de ser estrictamente individual para convertirse en un logro del conjunto.

Lo que sacrificaríamos

siluetas humanas transparentes compartiendo emociones

Porque la integración absoluta también tendría costes.

  1. La privacidad podría convertirse en moneda de cambio para compartir emociones y pensamientos.
  2. Las fronteras identitarias quedarían diluidas en una experiencia común.
  3. El miedo a la soledad desaparecería... pero también parte de la individualidad que hoy apreciamos.

Después de recorrer todas esas posibilidades descubro que me atraen muchas de sus consecuencias.

Me gusta imaginar un mundo menos obsesionado con la belleza, el prestigio, la competencia o las fronteras.

Sin embargo, hay algo que no consigo aceptar.

La desaparición del individuo.

Porque, a ratos, siento que soy una vela prendida al final de su mecha, en medio de una tormenta.

Una empeñada en consumir la cera que le quede con luz permanente, sin excesivas llamaradas amarillas ni agónicas flamas azuladas predestinadas al humo.

Quizá por eso me cuesta desear el mundo que propone Pluribus. Porque, aun sintiéndome aislado muchas veces, sigo prefiriendo ser una llama pequeña antes que desaparecer dentro de un fuego inmenso.

jueves, 7 de agosto de 2025

¿Qué pasa con Emily Blunt?

Lo pregunto por la actriz protagonista de "Al filo del mañana" y "Destino oculto" sobre todo y luego -pero menos- por "La chica del tren" y "Un lugar tranquilo". De forma habitual prefiero no repetir películas pero las dos primeras puedo verlas una y otra vez.

No es manía con Emily. No porque me parezca atractiva ( me encanta la sonrisa con hoyuelo pero no en la barbilla ).
Tampoco por su cuerpo ... 


... o si, si cuenta quedarse flipado como Tom Cruise en su
 primer encuentro con ella haciendo Yoga en la cancha de entrenamiento. 

Pero de lo que hablo es del ciclo sin fin. El repetirse de la escena inicial.

A muchas nenas les encanta ver Rey León en bucle y a sus madres y padres no les queda otra que poner y re-poner la cinta, el DVD, el Mp4 ... nah: la tablet absorbe el summum de la atención infantil con Pepa Pig y la Patrulla Canina, no sé lo de moda en 2025.

Un día en el que pueda repetir lo sucedido para hacerlo todo perfecto o, si eso no existe, obtener el mejor resultado. No cometer errores en plan:
- Callar aquello que dije sin saber que se volvería en contra
- Decir por teléfono lo que la persona que tengo al lado sin participar en la conversación espera que diga
- Hacer las tareas de la casa que olvidé a pesar de tenerlas apuntadas en una lista
- Dar los afectos a quienes los necesitaban
- No dar confianza y cariño a quien no lo merecía
- Salir de los bucles dentro del bucle, es decir desrizar el rizo de las obsesiones
- Paralizar mis esperpentos si detecto que alguien los observa extrañado o alucinada
- Detener las repeticiones vocales para no parecer idiota a pesar de necesitarlas
- Recuperar el tiempo desaprovechado en la continua perplejidad de los patrones visuales, sonoros o táctiles que nos rodean
- Replicar con argumentos a las estupideces, los insultos o las faltas de respeto
- Prevenir las caídas al suelo, los tropiezos en escalera y demás torpezas motoras

En realidad es una completa tontería todo esto. Una cosa es ver cómo Tom Cruise corrige con la Emily los errores del día para salir del campo de batalla y otra ver repetida la película de uno mismo en un mismo día para hacerlo perfecto. Al final podría alterar los resultados pero no sé si eso cambiaría también mi naturaleza ni si es eso lo que desearía.

Uno puede ser un desastre y asumirlo con buenas intenciones pero rozar la exquisitez y redondear la perfección nos convierta en más odiosas, estúpidas y orgullosas.

jueves, 1 de mayo de 2025

Amor de padre



Dicen que las personas dentro del espectro no tenemos empatía. Ya está. No da para más el cliché: estamos en nuestro mundo y lo que pasa alrededor nos resbala, ¿es eso?

Tengo la suerte de poder transitar entre dos mundos: el mío y el otro.

El otro puede ser la suma de miles de millones de mundos. A uno por persona.

El mío, la suma de un porcentaje de esos miles de millones. A uno por persona en el espectro.

Sería mucho más sencillo considerar la Tierra como el único mundo, compartido con muchos otros seres vivos que perciben todo de formas similares, pero bien diferentes. Cualquier gato o perro tiene sentidos más desarrollados y a ellos les perjudican, en especial, nuestras costumbres, contaminaciones acústicas o lumínicas, ambientales, etc.

Tengo heridas en el amor propio.

Algunas por golpes en la cabeza, sin mayor trascendencia. Algunas por decisión propia, cuando me creí escalador y coche chocón. Otras por colmar la paciencia de mi padre, obligándole a liberar su ira en forma de insultos y demás parafernalias.

En mi trabajo, siempre en el uno a uno, puedo estar al lado de un cliente y este cliente sentir frío polar a mi lado. Imagino. No lo sé.

A veces las cosas suceden de forma más o menos natural. En ocasiones, trato personal y trabajo se pueden desempeñar sin problema.

Estuve con un cliente en concreto que me interesaba bastante. Era muy, muy serio. Tardaba en atender mis preguntas. La calma era su bandera.

A mí me interesaba él. Su ordenador, su impresora y su escáner un pimiento. Sé que eso está mal, pero es lo que digo: empatía... a mi modo.

Me gusta observar cómo funciona el resto de la gente. Nunca se termina de aprender.

Este hombre era conocido en la empresa desde hacía años, pero a nadie le interesaba más que sus compras y los beneficios asociados. Años antes de llegar yo, él ya era cliente, pero no le conocían. De pronto pregunté:

¿Qué te pasó en los oídos? —Tiene unos audífonos puestos. No sé si especiales. Su manera de hablar también me llama la atención.

Son un regalo de mi padre.—callé.

Seguí con el trabajo informático mientras trataba de entender. Era una de esas respuestas que deben analizarse, ponerse del revés, retirar el hilo de veneno y quemar hasta casi la raíz, hasta dejar la esencia. Lo sabía: el hombre me miraba. Debió comprender que no alcanzaba su idea y decidió explicarme:

Me dejó sordo con sus bofetones. Mi padre era juez y, al parecer, eso le legitimó para repartir justicia en casa de forma desigual.

No creyó que hubiera necesidad de añadir explicación. ¿Lo tenía superado? ¿Se superan las secuelas de una agresión paterna o materna, física o psíquica? ¿De una mala persona, personalidad malvada o irascible? Solo acerté a decir:

Vaya.

En realidad no era mi padre, sino mi padrastro —una pausa, y prosigue—. En este ordenador antes podía ver la tele, pero ya no funciona. ¿Se podría recuperar esa función?

No, no hay driver de tarjeta sintonizadora para Windows 10, pero hay un programa, ProgDVB, que quizá lo permita. Lo descargo y probamos.

Intuía que algo salvaje había cruzado por su vida. Podía estar equivocado, pero no. Amargura y dolor no sanan por sí solos.

Si la vida te da un respiro, una oportunidad... quizá, si encuentras una pareja, cariño y el modo de construir tu propia familia aspirando a hacer mejor las cosas... quizá entonces puedas mitigar las secuelas de tanto dolor, adaptarte y seguir con tu vida.

Desde luego, este hombre lo consiguió. Tenía esposa e hijas y un hijo. En el fondo de pantalla lucía la foto de su familia, felices. Muy felices.

Yo no tengo una empatía al uso, pero estoy convencido de que hay otras maneras de estar con las demás personas. No digo mejor, tampoco peor.

Y, sin embargo, hay días en que lo intento, pero todo se me rompe.

Hoy ha sido un día duro. Todos mis sistemas fallaron. He caído como un servidor sobrecargado, sudando nervios sin ser sudoroso y delante de un montón de personas a las que debía dar una pequeña formación. No me he adaptado. No he podido. Cortocircuito. Terminé con el grupo de la primera media hora y traté de afrontar el segundo. Subí una planta y nadie me esperaba. Me rendí. Escapé. Pedí ayuda.

Con ayuda conseguí —conseguimos— superar el problema. Mientras mi compañero fumaba en la calle, antes de entrar en las oficinas, observándome, escuchando mi mutismo dijo:

—No te pongas triste, joder. Si esto es una gilipollez

No contesté. Sopesé si estaba triste o enfadado y no pude elegir. Traté de hacer gestos, encoger los hombros mirando a ningún lugar allá arriba, en el edificio de enfrente.

—Tengo pendientes de hacer un montón de cosas, pero bueno... ya las haré.

—Pues márchate y yo lo vuelvo a intentar.

—No, ya no quiero que lo hagas. Cargaré yo con la tarea de dar las formaciones. No te preocupes.

Ha sido jodido, pero... ya está. Tengo los ojos caídos. El cuerpo también se ha rendido y, a su paso, la apisonadora dejó esta figura de papel.

En casa me esperaba el perrito. Le he sacado a pasear.

Un hombre —imaginé sin hogar— estaba recogiendo cosas del suelo junto al portal. Colillas, cristales, todo al bolsillo. Mi perro se acercó a saludarle. Despacio, muy despacio, extendió su mano hacia él. Huyó. Le rodeó. Volvió para olerle las zapatillas. El hombre se agachó a recoger la cáscara de una pipa y la llevó al bolsillo al tiempo que trataba de acariciar a mi esquivo compañero. Le dije algo al respecto, pero no contestó. No era su idioma. Quería darle el poco dinero que llevaba, pero ganó el miedo a otra decisión no regulada, repentina, directa... a desconocer las consecuencias.

Seguimos nuestro camino hacia el patio, por el pasaje. Él nos siguió para, a paso muy lento, dejar el lugar por el acceso de vehículos.

Volvimos a casa. Él volvió a la calle, si en algún momento dejó de estar en ella.

Qué mundo este, nuestro mundo, donde el amor de un padre se manifiesta con inusitada violencia, la humanidad ya no vale nada y cada individuo —mudo, aislado, con su dignidad en vilo— depende de cuantos se crucen en su camino.

miércoles, 1 de enero de 2025

Ni gourmet ni nada de nada


Ver muchas películas puede servir, además de para pasar ratos, desgastar el tiempo, disolver posos, retirar costras, disparar llantos, levantar ampollas, encontrar fantasmas desconocidos, hallar traumas silenciosos, partirse de la risa… incluso, según los casos, para aprender lo nunca aprendido.

La película que hemos visto es A fuego lento en este país y, en origen, La passion de Dodin Bouffant. Si explicarla a alguien fuese necesario por mi parte, creo que no sabría hacerlo. Parece evidente: la cocina, los alimentos preparados por un chef de reconocido prestigio. No. No puedo decir: «Es una peli sobre cómo se trabaja en la alta cocina».

Es una película lenta, tranquila, donde abundan los detalles, la belleza, el amor y el cariño.

Ambientada en 1885, cuando no había… no, tampoco es correcto: cuando no hacían falta pantallas, automóviles, teléfonos ni tantos otros elementos brindados por el progreso de la vida moderna, que no es sino el camino de regreso más terrible y rudo imaginable hacia algo bastante menos atractivo que ese antiguo modo de vida.
En realidad, ¿hicieron falta alguna vez?

La musa saltó: «Tenemos que escribir sobre esto».

Me pareció que la película no hablaba sobre cocina, y en ningún momento que Eugénie, la cocinera perfecta de un chef magistral, estuviera mostrando cómo realizar recetas. Yo creí ver en la permanente sonrisa de ella un tipo de felicidad cada vez menos frecuente. Creí ver a una niña aprendiz, Pauline, a la que se le iluminaba la carita —un primor— probando los platos. En el chef, Dodin, vi a un hombre que trataba a Violette, la ayudante, de forma despreciable, pero mostrándose siempre muy enamorado de y preocupado por Eugénie.

Me perdí cuando Eugénie pregunta a su compañero, después de veinte años de convivencia, si ha sido su cocinera o su amante. Él responde: «Mi cocinera», y… ambos se regocijan.

Me dolió compararme con él y su amor y preocupación por ella. Creo que nunca he sabido demostrar algo así.

Nunca he sabido cocinar ni apreciar los buenos alimentos bien cocinados como es debido.

Así pues, no soy buen gourmet, ni llego a mal cocinero siquiera, ni mediano amante, ni nada de nada.

Tanto pararme a sentir siempre la nada alrededor me ha convertido en un ser insípido, que sabe hacer eso mismo: nada.
Que sabe dar lo que abunda en eso mismo: nada.
Capaz de mostrar aprecio hacia los demás, pero pareciendo que no valiese nada.
Que ama lo mismo que el beso frío de un abismo.

Ojalá no hubiera visto esta película.
Ojalá, en lugar de mis lamentos, hubiese aprendido algo para llevar a esa nada.

sábado, 3 de agosto de 2024

Una forma de felicidad

— Hola, Fermín. Hoy vamos  a hablar de la fórmula de la ansiada felichitá.

— ¿ En serio ? Si creyera en ello no cubriría este blog con volquetes de pensamientos pútridos.

— Sageraooo. Luego me cuentas tus penas porque mira ...

F >= e - E 

— ... encontré ese algoritmo en internet. Un hombre ha sido capaz de dar con ello tras horas de pensarlo. Deduce que Felicidad es mayor o igual que tus eventos en la vida menos tus expectativas de la vida.

— Un genio. Solo le llevó unas horas dar forma a la felicidad humana ¿ Eventos menos Expectativas dice ? ¿ Qué demonios de sucesos pueden incorporarse a esas variables ? Por cierto: me resulta excesivo el operador "igual" en su fórmula ¿ de veras puede decir alguien que se iguala con algo ?

— Tú siempre tan positivo. Mira esta otra. En química, la fórmula es esta: C10H12N2O   la "Serotonina".

— Ya. Todas sabemos nombres de productos químicos acabados en "ina" que te ponen el cerebro tonto: Fluoxetina, melatonina, paroxetina, sertralina ... pero sin probarlos no puedo opinar.

— ¿ No puedes opinar ? ¿ Qué me dices de la mirtazapina y la venlafaxina ?

— Te digo que cambies de tema, so cerda ( perdón cerdil ).

— OK ! OK ! Pues ... veamos la que sigue: F=R+C+V, donde la felicidad depende por un lado de tu genética (R) asociada a tus circunstancias en la vida (C) y  tus comportamientos, maneras de pensar regidos por tu voluntad (V).

— Mi genética buena. Mis circunstancias fantasía y  mi voluntad ha modelado unos comportamientos que mi manera de pensar no compartía. 

— Vaaaaale. A ver esta, para creyentes. Gente practicando una religión coinciden que toda F empieza por FE. Simple, ¿ no ?.

— No soy creyente. Trato de forzarme sin FE en el esfuerzo. Pasapalabra.

— Pues al plan didáctico: «Para que tus hijos sean felices debes dejarles sufrir». La encontré publicada como titular en ABC en medio de una entrevista a un tal Fernando Sarráis.

 Al señor Fernando le diría: tantas personas me superan con amplitud planetaria en  sufrimiento que, en comparación a lo felices que podrían ser ellas, soy un infeliz absoluto. Qué buen lugar para aprender, el ABC, también te digo porque veo al final del artículo maravillosas "noticias relacionadas" igual de interesantes:

— Qué quieres, es el ABC. Todavía quedan valores en este mundo.

— Claro, valores tan rancios que luego me dirás anoréxico si vomito pero ... por un momento me he sentido psico-matemático y quiero escribir, sin ánimo de lucro, este apunte pro-felicidad:

A + (Cosas) — (Felicidad)

— Señor Fermín: ¿ no tener nada sería para usted el summum de la dicha y el bienestar ? 

— No señora. He dicho "un apunte" no "una fórmula resolutiva". Lo que yo digo es que añadir muchas cosas a tu vida resta felicidad y que no hay cosa más cara que la que no se halla.

Eso no es cosecha propia tuya. Es de tu suegra.

— QEPD mi suegra sabía aplicar los dichos, siempre preferibles a los dejados de decir.

— Ya que te pones... cuéntame sobre los dejados: me atrae el lado oscuro de la fuerza.

— No te pega decir chorradas pero mira: me empeñé en hacerle a mi hija una casita de madera "en planta", no relativo a las plantas sino a lo horizont ...

— Sé que significa en planta. No soy estúpida.

 Me alegro pues me pasé casi todos los días de vacaciones metido en una habitación diseñando y cortando cada pieza.

— Eso huele un copo a obsesión ... ¿ no ?

— Calla y no me copies el cambio de letras que no tiene gracia. — Estábamos en el pueblo y se supone, no me digas porqué, que cuando estás en un pueblo rodeado de campo debes salir de la casa a disfrutar así que ... mi suegra me estuvo observando. Mientras pasaba por la puerta me miraba. Yo la veía pasar ¿? y ... seguía a lo mío.

— Adivino porqué: si estás de vacaciones y no sales de entre 4 paredes, pa eso te quedas en tu casa, pensaría ella. Sería por lo que te miraba. Pa' que te dieses cuenta.

— Calla, no tienes ni idea. Tú y tus teorías de la mente ajena.

— Hombreeee ...

— Ni mujer ni hombre. Mira. Si estoy disfrutando con algo, algo que no podría hacer igual en mi casa, que me interesa tanto como para que otros lo llamen obsesión, ¿ PORQUÉ DEMONIOS TENDRÍA QUE DEJARLO Y SALIR AL CAMPO ?

Tranqui, muchacho, no te alteres. Es fácil de saber: Aire puro, viento, sol, naturaleza, la fauna local, sus fragancias  ...

— Tópicos pausa— Ciertos  más pausa— Muy ciertos y buenos pausa indefinida

— Pero continúa. Qué pasó con tu suegra, qué dejó por decir.

— Ah, si, que cuando ya había terminado con la casita y empecé a liarme haciendo muebles le pareció anormal y ya un día, al pasar por la puerta, no se conformó con mirar sino que dijo "Payaso ... ". Con la "Pa" en bufido gatuno y un apretar de mandíbula que rebosaba asco y metía miedo.

— No me extraña. La mujer quería algo mejor para tí.

— Ya ... ahora me siento mal. Le agradezco en cierto modo el apelativo. Menos mal que no me llamó loco. A veces no me doy cuenta y ...

— Bueno. Entonces resulta que tu suegra era más de temer cuando callaba que cuando usaba refranes.

— Eso es.

 Podría haberte soltado este: Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería.

— Pero yo terminé la casita con sus muebles y después la pintamos mi esposa y yo. Y puse hierba y margaritas en la entrada. No quedó en un sueño por más cegado que estuviera.

— Entonces cambiémoslo por este otro: "Suegra, ninguna buena, y una que lo era, quebróse una pierna." (*)

— Por lo que se ve tú tampoco sabes escuchar. Los dichos hay que aplicarlos cuando corresponde.

— Me apetecía.

— ¿ Una gotita más feliz ?

— Sip.

(*) Se dice por una dama salmantina que quería a su nuera como a una hija; pero un día, cuando caminaba deprisa para prestarle un servicio, vino al suelo y se quebró una pierna, como si el destino, envidioso de tan rara armonía, quisiese malograrla.

© Espasa Calpe, S.A.

sábado, 11 de marzo de 2023

Niños en el bus

Sarah Lehrer - Tala Madani, Stained Glas

Al bus suben por igual todo tipo de gente.

Mentira. Me ha costado no corregir eso pero he tendio (mierda, ¡ venga ya ! ¿ siempre del revés ?) pero he te-ni-do que corregirlo porque sino ... ¿ cómo vas a saber -tu-que-me-lees- lo que pensaba ?

Al bus suben más muejres ... qué confuso ... ¿ del género femenino ? ... más ellas que elles, menos tipos que tipas, en fin.

Y yo voy en bus al trabajo. Tengo trabajo.

Y ella me acompaña a veces. Muchas de último. Todos los días desde que empezó a hacer tanto frio.

Subieron un padre y su hija pequeñita. De raza blanca él y ella no. Pequeña quiere decir menos de 5 años. La niña giró su cuerpo sobre el padre. Nos miró. La sonreí. Se sonrió. Puse caras tontas. Sonrió más. La saludé con la mano. Con los dedos extendidos mientras la movía de un lado a otro en corto recorrido. Y dijo:

Papá ese señor ... pero su papá no la hacía caso porque lo dijo sin claridad, sin fuerza, sin nada que llamase la atención ... me dice adiós ... y después me saludó con sus cindo ceditos extendidos con un movimiento corto a un lado. Y al otro. E insistió

Papá ese señor ...

El bus llegaba y llegó a su parada. Quizá sea lo único que centre la atención de un papá en según qué momento.

Me bajé del bus y la vi correr con esos modos de los mini seres y al padre detrás de ella.

Cuando al mediodía volví a casa ella dijo:

Te voy a decir algo y no te parezca mal.

No recuerdo mi respuesta.

Tal como están las cosas hoy en día es mejor que no vuelvas a saludar a ningún niño o bebé, ni les digas nada, ni te quedes mirándoles. Cualquier día te puedes encontrar con una mala reacción ... bla, bla, bla.

- - - - - - - - 

Sé que es un consejo. Por el bien de todos. 

Por mi bien. 

- - - - - - - - 

Aún recuerdo aquel día cuando pidió no mirara a las-los niñas-os ni dijera "¡ son tan monas-os ... !" porque parezco un pervertido.

- - - - - - - - 

Las cosas, hoy en día, deben estar muy mal.

Si uno debe perder la mirada en los ladrillos o el asfalto para que no le llamen pervertido. 

Si uno debe ignorar la ilusión, la sonrisa o el llanto infantil para protegerse de los insultos.

Si mi mirada es tan obscena ... ¿ no sería mejor ser mudo ?

Si mis palabras son tan sucias ... ¿ con ser ciego bastaría ?

Y puesto que la vida es asquerosa y puesto que mis actos son tan repugnantes ... ¿ morir ya mismo lo remediría todo ?

No sé las cosas pero, hoy en día, las gentes están muy mal.

lunes, 13 de junio de 2022

El caracol y Yannis Lobaina

"Tus sentimientos son parte de algo más extenso que este pequeño mundo y, a la vez, algo tan frágil como tu mejor sueño o tan poderoso como ese sol ardiente hecho deseo." Fermin RdT
Polymitas de mi abuela Ana
Esta preciosa foto de Yannis Lobaina tiene nombre: "Polymitas de mi abuela Ana"

No es normal pero a veces me asombro y me gusto en algunos momentos preclaros de escritura narcisista. Es el caso de un comentario en respuesta a Yannis Lobaina que escribe el blog "En la red del tiempo" sobre "7 cosas que he aprendido de nuestro Caracol en 7 días".

Ella enumera estas ideas a partir de los caracoles:

1.- Que uno crece, desde adentro y en silencio

2.- Que cuando uno siente que las condiciones son favorables, entonces, sale de su concha y decide seguir su trayecto.

3.- Que somos capaces de ascender tan alto como nos propongamos

4.- Nuestro dolor, heridas, y traiciones nos servirán para curarnos…así como ellos usan su propia baba para curarse de las heridas y librarse de infecciones. Autocurarnos.

5.- Tomarse las cosas con calma. Saber protegernos. Caminar con cautela. Y poder tener PAZ.

6.- Disfrutar el momento preciso. Paciencia.

7.- Entender que para llegar a la meta hay que hacerlo con un horizonte bien definido, más allá de las vicisitudes que llevemos sobre las espaldas.

Y le respondo:

Me gustaron mucho tus siete mandamientos.

Son más que pensares, son vivires.

Me envuelvo con la seda de tus siete magníficas reflexiones como esa oruga que se sueña voladora.

Son lentos y yo como ninguno. Para todo: decidir qué quiero, responder qué espero.

Tan lento soy que amo al día siguiente, cuando mi amada está ausente y sentirme no puede.

Ellos son líricos y a la vez conocen la matemática de Fibonacci.

Yo quisiera ser escritor pero escribo programas de ordenador.

Se cuidan las heridas. He herido mi cuerpo para curar luego sus heridas.

A pesar de tanta cautela como compartimos por el futuro, de escondernos en nuestras conchas a la espera, de aquella lentitud que exaspera los ojos de quienes nos observan, existe una diferencia irremediable entre estas cremosas criaturas y el pretencioso que te comenta.

Ellos saben amarse sin fronteras en el cuerpo y sin poner la mente en una bandera.

jueves, 7 de abril de 2022

Hugo Stiglitz

 


En mi pausa del bocadillo ...

He mirado al cielo mientras comía una manzana con el sello Envy, "envidia". Como de manera compulsiva, como si fuera a perder el bus. Tanto que me hago daño en las encías. Un anoréxico no recidivo que come como un cosaco bebe Vodka.

No siempre le doy a mi cuerpo lo que pide cuando lo pide.

Me quedan un par de días para abandonar mi casa y volver al trabajo. Dos años parado. Quizá vuelva por seis meses y luego me pongan de piernas en la calle, quien sabe.

Desde iniciado abril de 2022 he vuelto al trabajo de manera remota por unos días antes de ser presencial.

En casa sin ruidos obtengo espacio para la mente y este cuerpecito mío que se ha convertido en río (qué mas quisiera).

Ese azul del cielo sobre las tejas, tan hermoso, reuniendo en amor dos aves pegas o pica pica sobre un receptáculo de ondas herzianas.


Quizo el azar poner un pájaro de metal al encuentro virtual de esta pareja con pluma. Dice google que escribí mal pero ... qué sabrá un programa de cosas humanas.

Empiezo con la idea de obtener ese azul (¿ azul sobre amarillo ?) desde el móvil sin más complicaciones: imposible. 

Al activarlo, whatsapp de mi esposa "Fermín saca pan del congelador". Respondo "De acuerdo, esposa". Obedecida la orden me pregunto porqué escribió mi nombre. Se sale de lo común ponerlo. Encuentro el pan pero no respuesta. Lo descongelo un poco al micro-ondas y preparo la mesa a las 12:00 para comer.

Demasiado pronto, lo sé, pero mejor ahora que soy consciente de los peligros. Si lo dejo podría no tener puesta la mesa cuando aparezca ella a las dos y media

Estar en casa me da tranquilidad, tiempo y espacio para pensar pero no el conocimiento de un maduro responsable.

Hugo Stiglitz mientras dispongo cuchillos en el mantel. Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz una y otra vez Hugo Stiglitz.

Miro al cielo desde esta ventana, el pan en la mano. Me pican los ojos, parpadeo. 

Una repetición sin sentido. Cosas que no comprendo. De pronto llega este flashback:

Estoy mirando la hora de llegada del bus4 en el móvil, detenido al borde del paso de cebra mientras otros lo cruzan. Alguien se detiene frente a mi y dice:

Hola.

¿Quién eres?pregunto sin levantar la vista de la aplicación que informa sobre la llegada del bus-10.

Mírame y lo sabrásostras, es cierto. Miro. Es María.

Hola, María Magán Maganto.

Este es mi novioostras, si. Hay un chico con ella.

Hola, novio de María Magán.

María resume la esencia de la inteligencia y el encanto,  una hermosura y serenidad inalterables pero ... no recuerdo la cara o el nombre del novio. Ni recuerdo mucho más, llegaba el bus. Fui a la parada-10, volví a la parada-4 ... arggg.

Fin del flashback. Estoy como una chota.

Hugo se marcha un poco así que en lugar del móvil decido usar la cámara Nikon Coolpix P600 que me regaló mi sobrina. 

Mi sobrina dice que está como una chota pero NO nos viene de familia. Compartimos el mismo TCA pero ella está en una rama genética, yo en otra. Solo ella puede decir que está como una chota: no se lo consiente a nadie más, bien que hace. No se va a callar y te puede partir la cara si te atreves. Kárate.

Extraigo la bolsa de la cámara de una de plástico de los corteses ingleses. Aparto el saco de bolas antihumedad y saco la máquina de su bolsa de transporte. Quito la tapa. Hago la foto que viste. No sin más. No sin mil ángulos, inclinaciones, zoomes adentro y afuera.

Un cielo tan hermoso ... y todas esas personas de Ucrania que no pueden distinguirlo, que no pueden probar esta manzana diseñada para embargar los sentidos, que no tienen una casa donde sentir el tiempo o la paz ... sin un trabajo al que regresar.

No sé qué significado tiene que Hugo Stiglitz se pusiera en la boca de mi mente a dar vueltas sin parar.

Cómo me gustaría colarlo en el búnker donde se esconden los malditos bastardos de la guerra.

jueves, 31 de marzo de 2022

Insignificante insecto

«Pues hasta ahora no perdura en nosotros la infancia, sino un defecto mayor, la mentalidad infantil. Y es esto aún peor, por cuando poseemos el ascendiente de los viejos, pero los vicios de los muchachos, y no tanto de los muchachos, cuanto de los niños: aquéllos temen las cosas insignificantes, éstos las imaginarias; nosotros las unas y las otras» Séneca me define

No hay que ser un genio para comprender la importancia de los insectos en el equilibrio natural, así que no necesito explicarlo.

Cuántos de esos insectos son prescindibles es otra cuestión. De la misma forma que una variedad equilibrada resulta beneficiosa, una plaga de cualquiera de ellos será un problema serio.

¿Cuántas abejas son necesarias para garantizar su población futura? Ni idea, pero es seguro que, a partir de una determinada cantidad, todas las especies se dirigen hacia su extinción. Y da lo mismo hablar de insectos que de gaviotas, ballenas, pinos o vacas. A partir de la muerte de uno cualquiera de sus individuos, la especie empieza a inclinarse hacia su desaparición.

Odio los insectos. No en el sentido puro del odio. Me dan igual siempre que no estén demasiado arrimados a mi cuerpo o a mi mente demente (me gustan las rimas tontas y los bombones, pero no ser tonto, aunque, si tontos son los que hacen tonterías, seré uno de primera).

En mi anterior pantalla de ordenador hay un mosquito pequeño. Para siempre jamás de lo eterno y misterioso. Está ahí por un defecto de visión. A partir de cierta hora, los diminutos mosquitos…

Quizá odie a los insectos, pero no quiera reconocerlo. Acabo de buscarlos en inter-google para ponerles nombre y casi me pongo más enfermo de lo habitual viendo la cantidad que hay, el tamaño de sus larvas y sus actividades chupópteras, envenenadoras o putrefactoras.

Decía que, cuando empieza a oscurecer, las ventanas dejan de resultarles atractivas y comienzan a merodear mi pantalla luminosa. A más de uno lo aplasto suavemente contra ella para no romperla. Aplaudir a lo bestia no sirve siempre: escapan de alguna manera.

El caso es que, sobre mi antigua pantalla de 17", con relación de aspecto 4:3 y marca LG, había uno de esos mínimos seres paseando. Y le comprendo… (¿es lo?, yo también suspendía Lengua y Literatura)… comprendo que la luz para ellos sea como una peonza u objeto similar girando, manteniendo el equilibrio. No habré convertido yo cosas en objetos que giran: quitando una rueda del eje de un choquecito y haciéndolo sobresalir por la otra, clavando un bolígrafo en medio de un disco de vinilo…

Decidí que su vida no valía nada y lo aplasté suavemente contra la pantalla. ¿Criminal? Psché, quizá. Pero no estaba sobre la pantalla: se había colado por las ranuras de ventilación y buscó la forma de llegar al origen de esa luz.

¿Sabías que los monitores antiguos tienen unos minitubos fluorescentes (de cátodo frío) que funcionan a unos 1.140 voltios, por ejemplo? Son asombrosos… los tubos, digo. Da cosa tener uno en la mano… uf. Parece que se va a quebrar en cualquier momento. Dan una luz increíble. Dos milímetros de diámetro. Fue desmontar mi primera pantalla plana y no parar después de desmontarlas para sacar sus piezas.

Tienen también unas láminas polarizadas asombrosas que orientan la imagen, una capa de plástico difusor para extender por igual la luz que recogen de los lados… bueno, callo.


Entonces el mosquito estaba entre la lámina exterior transparente (no es transparente en realidad, pero a distancia cero lo parece) y otra lámina inferior. Y lo dejé ahí para siempre, aplastado. No iba a desmontar la pantalla, que luego no es nada fácil volverla a cerrar perfecta.

Ahí se quedó, para recordarme mis crímenes.

Sí.

Su vida me pareció insignificante, baladí, fútil, desestimable, desdeñable, exigua, ínfima, reducida, insustancial, inapreciable, chica, mínima, pequeña.

Una completa nimiedad, una menudencia sin objeto, tanto como una chuchería; una nadería innombrable, la trivialidad más inopinable, la zarandaja menos consecuente, la bagatela de cualquier baratillo, una fruslería sin fortuna.

Es por eso que odio, sin odiar, a los insectos.

No por el escaso significado de la vida de uno de ellos, sino por sentirme como un insecto unitario, sin valor, ignorable e ignorado, aplastable sin repercusión en el mañana.

Eso es lo que odio de los bichos: sentirme como un insecto insignificante.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Navidades diversas

Los del grupo zueco alubia, o Abba, han resultado ser amantes de la perfección y han renderizado algunos de sus videos con un programa que analiza y mejora sensiblemente la calidad de aquellas sus joyas del pasado.


Ayer he visto un vídeo suyo, una nueva canción de ABBA dedicada por primera vez a la fiesta de la navidad. Por suerte no me pareció la clásica sonata apestosa de cascabeles repicando aunque algo de eso tenga.

La música en si misma no me agitó. Lo que si me llegó fue el video. Dos chavales sentados frente al televisor miran aburridos sus móviles. De pronto ven en la pantalla que ABBA va a virtualizarse y se les ocurre la idea de montar una actuación con canciones del grupo y recaudar de paso fondos con fines caritativos. Forman un buen grupo de 15 o más con otras chavalas y niños.

Quería encontrar mi sitio en ese grupo. Con quién identificarme y quién de ellas preferiría ser en lugar de ser yo. O de ellos.

Pronto supe que me encantaría encarnar la niña que lleva la pelliza con un bolsito rosa, utiliza la máquina de coser, hace lo arreglos en la ropa pero muy sobre todo esto porque parece tener vida propia al margen del guion. 

Si me pagan para ser sincero más bien sería el nene que tuvo la idea de hacer el show pero no me veo en medio de todas las demás criaturas trabajando en grupo. Me bastaría con dar la idea y participar poniendo pegas a todos los detalles.

Si me pagan una cantidad indecente de dinero para una sinceridad total me gustaría estar  entre ellos revoloteando, mirando, observando y desapareciendo de pronto sin que nadie se diera cuenta.

Abba ha incluido en este vídeo ojos con lentes y sin lentes, diversas razas, diversas edades, diversidad de formas ... y se olvidaron de los seres diversos.

Bien.

Nadie es perfecto. Ni siquiera en 4k.