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viernes, 21 de julio de 2023

Mi NOCHENTERA

Era 1983. Hice una fiesta en mi casa.

Mientras el resto de mi supuesta familia elegía vacaciones, yo —no sé si elegía o obedecía mis instintos— me quedaba en casa. Digo supuesta rememorando el día que busqué por todos los rincones posibles escondites de los papeles de mi adopción. Tan extraño me sentía. Pero, de una pedrá’, la psicóloga, muy sabia, me dijo a toro pasado (y tan pasado que a saber ’ande andarán sus huesos): “… ¿y para qué iban a adoptar tus padres si tú eres el cuarto?”. Razón que convence, pero jamás calculé esa cuenta, y es que cuando me obsesiono no atiendo razones.

Diría que esta fue la mejor época de relaciones sociales de toda mi vida.

En otras entradas he hablado de tener dos amigos a la vez. No eran buenos conmigo ni yo con ellos (aunque equivocado, siempre me creí mejor persona que ellos). Ansiosos de tener novia y sin saber en realidad qué era una amiga porque los curas no lo permitían.

Pero sucedió que los tres tuvimos oportunidad de sumarnos a una bonita pandilla numerosa y… era maravilloso ser percibido pasando desapercibido. En aquella pandilla había chicas y chicos. ¡Qué fantasía! Ahí estaban el salao y nerviosísimo José Antonio RB, el graciosísimo Card-y-Ona, Maite, Asunción, Clara y algunos otros y otras que iban y venían. Todo un caos de lo más —según recuerdo— estresante e interesante, teniendo en cuenta nuestro trío de cortas y fracasadas miras.

Alguien disponía de una cochera sin vehículo, con un sótano debajo. Ahí solían celebrar esa gente sus fiestuquis. Y una vez fuimos invitados.

Me pareció todo mal. El garaje era un cajón desastre. Para acceder al zulo, pues otro nombre no merecía, había una trampilla en el suelo. Bajabas por una escalera de hierro que sobresalía del agujero. Acojonao (en la medida de los mis chiquitucos, entre uno y dos baremos menos que lo normal según el lado) bajé. ¿No es asombroso la de cosas que pasan por la cabeza mientras relatamos?

La segunda cosa inmediata desagradable era el sonido. La música provenía de unas cajas de plástico duro. Sonaba distorsionada. Eso sucede en todos los aparatos cuando subes el volumen por encima de sus capacidades. Y si es al revés, que los altavoces no pueden soportar la potencia de la corriente que reciben, por muy bien que esté, se revientan y/o se queman sus bobinas.

La tercera chapuza era la iluminación. No se veía un carajo. Ahora que lo pienso, más de cuarenta años después, lo mismo era a propósito pues… ¿qué sentido tiene hacer una fiesta? Estar con las amigas y amigos, escuchar tonterías de unos y otros, reírse juntas, aprender las unas de los otros y conocernos, comentar lo que podríamos hacer en el futuro, cosas que nos han sucedido, contarnos cuentos, enternecernos juntos, apreciarnos por lo que éramos, plantear y planear nuevas ideas, hablar de animales y sus costumbres, escuchar al pirao de turno cómo se hace un programa de ordenador después de explicarles lo que es… pues no. Folletear y manosear solo para probar y disfrutar. El amor no está invitado a según qué fiestas.

La cuarta pesadilla del tugurio era la falta de ventilación y la absurda necesidad de fumar para ser mayores. Sumada a la escasa luz, pronto no hubo quien pudiera ver ni respirar. Quiero decir: solo me pasaba a mí. El tufo del lugar, sumado al olor del tabaco y la humanidad, pronto fue insoportable. Para mí, claro. Pero ahí aguanté todavía cinco minutos más.

El quinto horror era ver los cables de la bombilla, del tocadiscos, de no sé qué más, todo en condiciones precarias y presto al incendio y la electrocución. ¿Se habría salvado el que estuviera más cerca de la escalera? El resto ni sabría dónde quedaba. Procuré no perderla de vista.

Sexto. Alcohol. Descontrol. Nunca entenderé que para ser felices sea preciso ponerse trompas.

Séptimo. Ser identificado como el clásico aguafiestas. Esta fue la excusa perfecta para marcharme de allí, volver a casita y tan a gusto. Ahí quedaron mis socios.


Pero esto no iba de su fiesta sino de la mía. Yo preparé tres espacios: uno con música para bailar, otro con música lenta que sería gobernado por uno de mis íntimos y el último, una habitación para estar con mi novia. Yo, Fanta de naranja; y para ella, Coca-Cola. Tres pares de altavoces, diferentes niveles de volumen, sonido perfecto e iluminación con luces de colores para el baile al ritmo de la música, y una luz más suave pero bastante en la zona de lentos. Yo con la luz normal para estar con Clara.

Hice tan solo una prohibición: no se podría beber alcohol. Quería que disfrutasen de manera normal.

Debí hacer más prohibiciones. Aparecieron personas que no estaban invitadas a la fiesta. Gente de clase que no me agradaba ni tenía remota idea de cómo habían sabido de la fiesta. Quise investigarlo, pero no se me permitió y lo dejé para más adelante. No quería aguar mi propia fiesta.


Al poco de haber empezado, de haber puesto una cinta que había preparado para el baile, sin haber podido casi hablar con Clara, empecé a escuchar tremendos ruidos, gritos ensordecedores, risotadas brutales, golpes y madre mía. Clara pedía que los dejara, pero no pude.

Estaban borrachas y beodos perdidos. Uno incluso había vomitado. Habían colado botellas de alcohol. Había de todo, desde ginebra a vodka, pasando por otras mierdas parecidas. Mis cositas para comer seguían esperando turno en sus platos. Un completo desastre.

Quité la música. Subí las persianas. En la habitación de música lenta estaban a oscuras. Encendí la lámpara del techo y ahí estaban mis socios, uno a cada lado de Maribel, borracha. Les eché en cara su actitud de abuso.

Ordené a todos que se largaran a sus casas. La fiesta había terminado sin haber casi empezado. Mi vaso de Fanta no llegó a beberse. No recuerdo qué pasó con Clara.

A pesar de todo, algunos se quedaron para ayudar a recoger y Maribel estaba fresca como una lechuga. El pobre Carm-ona perdió una de sus lentillas e iba más pedo que Alfredo, pero con ayuda de Maribel potó su contenido nocivo. Cuánto me extrañó lo de esa chica.

Mis “amigos” me echarían luego en cara impedirles gozar, para una vez en la vida que lo tenían fácil. Siempre insistieron en que ella quería, pero nunca admití sus explicaciones.


"Noche ochentera,
toda la noche entera.
Hay una cola que tela
pero ven con quien quieras."

Lo que es por mi, esperen sentados si me invitan a su fiesta, gracias.




miércoles, 22 de septiembre de 2021

Un pedazo de cielo



1984
Cornelia se alojaba como estudiante en una habitación del ático que había sobre la casa de mis padres. También coincidía con las otras “pupilas” de nuestra vecina en el ascensor, pero era evidente que Cornelia no era nacional y me apetecía conocer de primera mano a una persona de otro país y hablar de sus costumbres.

Por entonces tenía dos amigos. Los únicos con quienes he tenido vida social. Todos éramos célibes sin votos y disfrutábamos el suplicio de una castidad fingida, educados en colegio de curas, segregados por alguno de los dos sexos reconocidos. Si me hubieran dado a elegir sin tiempo para pensar, hubiera elegido ir a un colegio de chicas. Más tarde alguien me aplicaría la expresión “mariquita entre ellas” de manera equivocada e ignorante respecto de su verdadero significado.

El caso es que mis amigos, Alonso y Luis Carlos, estaban más salidos que la antena de un 600 y, viendo que hablaba con ella, creyeron que podrían —o podríamos— estrenarnos con ella, y un día me abordaron así:

—Anda, tío, a ti que no te da corte... queda con ella. Hacemos una fiesta y tal, la emborrachamos un poco y nos lo montamos —dijo Alonso.

—Joder, mira que sois guarros. Solo pensáis en eso. Si queréis, quedamos con ella para dar una vuelta, ir a algún pub y hablar.

—¡Bueh! ¡Venga, tío! ¡Ahora no te hagas el culto, que tienes tantas ganas como nosotros!

—Sí... yo tengo las mismas ganas... pero no a cualquier precio, y esa idea no me parece buena. A saber qué pensaría ella si...

—¡Pero qué va a pensar ni qué! ¡Si a las extranjeras les encanta tener sexo! ¡No son como las de aquí, idiota...!

—¡Sabrás tú, de tanto que has estado con gente de fuera!

Se turnaban para “atacarme”:

—Venga, tío, no te enfades. Anda, no seas aguafiestas, no seas así —añadió Luis Carlos, y con su tiki-taka siguió Alonso:

—Siempre estás igual. Nosotros al menos vamos de cara, mientras tú vas de legal y puritano, pero no eres mejor que nosotros.

—Yo nunca he dicho que lo sea.

—No lo dices, pero lo demuestras: sales más tarde y te vas el primero a casa, como si no fuésemos suficiente para ti...

—Y nunca quieres ir al cine con nosotros, ni quieres salir a beber... quieres hacernos sentir mal.

—Si os gusta ir a ver porno al cine es cosa vuestra. A mí no me apetece. Ya he ido un par de veces y me basta.

—Claro, porque tu padre tiene porno en casa y ahí te la cascas como una bestia enjaulada —rieron a mandíbula rota.

—Qué brutos sois. Si no salgo a las cuatro de la tarde es porque luego me aburro como una ostra.

—¿Lo ves? Ya te estás poniendo por encima con que te aburrimos y somos brutos. Luego nos regalas chicles haciéndote el majete, pero solo lo haces porque te da asco nuestro aliento.

—Tíos, es muy desagradable salir de casa y encontraros ya medio borrachos a vinos a las siete, y además aguantaros ese tufo en medio de las tonterías que hacéis.

—¿Y te has parado a pensar cómo nos sentimos o por qué nos emborrachamos?

—No. ¿Es que tengo yo la culpa?

—Bah, con tal de llamar la atención hasta te haces la víctima. No todo tiene que ver contigo. —Alonso se dio la vuelta y atizó una patada a una piedra. Luis Carlos acudió al relevo:

—Venga, hombre, hazlo por nosotros, solo esta vez y ya no te volvemos a pedir nada.

—No tenéis escrúpulos. ¿No os dais asco? ¿Os acordáis cuando queríais hacéroslo con mi hermana mayor?

—¡Hala!, ahora no saques eso, joder, que teníamos quince años.

—Tú dieciséis y él quince, pero para mí que habéis sido siempre dos viejos verdes. No pienso hacerle eso a Cornelia. Voy a quedar con ella yo solo mientras esté aquí y listo.

—¡AHHH! ¡AHORA LO ENTIENDO! ¡Qué egoísta eres! ¡La quieres solo para ti! Te la llevarás a tu casa y así disfrutas tú solo con ella. —Me llevé las manos a la cabeza. Estaba a punto de reventar, pero antes añadió Alonso esta amenaza:

—Pues si quedas con ella solo, lo mismo cuando se vaya no volvemos a salir contigo.

—Correré ese “riesgo”. Adiós.

Aquel día me volví todavía más pronto a casa. Estaba harto de sus majaderías, siempre con la misma historia.


Hacía algunos días que salía con ella por la ciudad. Íbamos a algún pub y hablábamos de su país y de muchas cosas más.

Yo decía: “Mira cuántos árboles hay en nuestra ciudad, ¿no es bonita?”, y a ella eso le parecía una broma: en su país había muchísimas más zonas verdes.

Yo me pedía un mosto o una clara de cerveza. Ella... no recuerdo, pero le chocaba un montón verme comer las pipas que nos ponían en un platito: “Es que eso en mi país se lo damos a los loros”.

También le hacía mucha gracia que tuviéramos un rey. Le parecía un atraso de antiguas épocas.

Un día, antes de salir, le pedí que pasara dentro de mi casa y que tomara asiento en el sofá del salón, y lo hizo sin dudar. Quizá puedan imaginar para qué, aunque lo dudo. Lo que hice a continuación se me había ocurrido un minuto antes de que bajara del ático y llamara a mi puerta.

Encendí el mezclador: por un canal, el micrófono estéreo de condensador, y por otro, el tocadiscos de plato extraíble con cabezal magnético, ambos de la marca Aiwa.

Puse la aguja sobre el vinilo en la última canción, “A Piece of Sky”, de la banda sonora original de la película Yentl. Cornelia Köhler me observaba, supongo que algo extrañada por todo aquello. Cogí el micrófono y comencé a cantar sobre la voz de Barbra Streisand. Mezcladas nuestras voces en aquella especie de karaoke “made in home”, mis errores vocales se podían ocultar mejor.

Canté.

Canté hasta el final sin mirar a mi obligada espectadora, pero no estaba entrenado para prolongar mi chorro de voz hasta los diecinueve segundos de Barbra en ese final apoteósico.

Quise disculparme, en la comprensión de que no me era posible igualar aquella fuerza arrolladora, y encontré que ella estaba encantada. Plis, plas, aplausos.

Visto desde la distancia de los años, me parece un hecho propio de narcisistas viciosos, ¿no creen?

¿Tendrían razón Alonso y Luis Carlos? He aquí un suceso alternativo:


Cuando éramos pequeños, nuestros padres nos llevaban al campo. Máximo de sesenta kilómetros. Iban dos familias más, amigas de mis padres. Un día me enviaron al Renault 4L de otra familia. De mala gana fui, pero en el viaje, de pronto, me puse a cantar, vaya usted a saber por qué, “Son tus perfumes, mujer”, de Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina. Al amigo de mi padre le encantó aquello y cuando aparcaron corrió a festejarlo:

—¡Venid todos un momento! ¡Venid! ¡Veréis qué bien canta Fermi! —horror de los horrores. Yo deseaba hacer andar mi jeep de Madelman por terreno agreste despacio y con todo el cuidado, pero aquel hombre me cogió por los brazos y me puso sobre un peñasco cual lagartija a la solana. Solo por eso le hubiera puesto el jeep de sombrero, pero ante tanta gente me quedé bloqueado. Yo llevaba un niqui (palabra viejuna) marrón, de rayas anchas y manga corta baja y algo ajustada. Estiré mis mangas.

—¡Venga! ¡Canta como antes en el coche! Son tus perfumes, mujer... 🎵🎶 —solo hacía falta fijarse en mi cara de morrongo. El buen hombre no entendía mi enorme disgusto. Su hijo, por el contrario, pasaba de súper animado a pendenciero en un flash. Mientras yo me convertía en un personaje mohíno a la vista de todos, su hijo Tito enganchó mi jeep y se puso a correr con él sobre el suelo areno-pedregoso y poco propicio para la velocidad. Al momento había volcado, pero él seguía arrastrándolo de todas formas. Estaba a punto de llorar cuando se me acercó su esposa:

—¡Déjale en paz, atontado! ¡No ves que no quiere! Anda, ven, baja de ahí. ¡TITOOOO, DEJA EL COCHE Y VEN AQUÍ! —qué amor de mujer. Qué risas los unos, qué comentarios los otros entre la impaciencia y la impotencia, el aburrimiento y la compasión.

—¡Bah, qué muchacho más soso! Es que teníais que haberle visto cantando: “Tus pechos, cántaros de miel...”

Eran trece años los que tenía, pero no crecí ni me adapté ni maduré como era de esperar. Y moriré sin haberlo hecho jamás, me parece.


Cuando Cornelia finalizó su curso de idioma español, tocaba regresar a su país, Austria. Era de una región muy autonomista. Su preciosa Vorarlberg...

Creo que no fui capaz de darle un abrazo o al menos un beso de despedida. Siempre se me han dado mal esas cosas.

En el último momento, antes de darse la vuelta, me dijo que le picaban los ojos. Ninguna de las imágenes que pasaron por mi mente encajaba con aquel comentario de ella: humo de coches, pestañas...

Se marchó y aún tardé tiempo en comprender aquel picor en sus ojos. No soy bobo, pero para determinadas cuestiones soy muy lento o ni siquiera alcanzo.

Fue una corta pero bonita amistad, en cualquier caso.

Saludos, Cornelia. Espero que hayas sido muy feliz.


Los amigos volvieron. Aunque sin rencores, aprendieron a pasar de mí cuando querían divertirse. Durante un tiempo creí sus engaños y me venía bien para dedicarme a mis asuntos, pero una cosa era pasar del cine y otra pasar de otras chicas y chicos. Cuando lo descubrí, no se lo perdoné y no volví a salir con ellos hasta que vinieron a disculparse después de rodar por las calles como perros abandonados.

Por mi parte, quise encontrar mi camino sin ellos y en un par de ocasiones estorbé en un grupo compuesto por seis viejas amigas. Ahí se puede deducir que no hubiera sido buena elección el colegio de chicas. También llevé mis lágrimas a correr en lo oscuro de algunos salones de cine que pasaban películas antiguas a precio económico. Eran en blanco y negro y en un idioma que tampoco era el mío.

Es importante conocerse para saber qué necesitamos, lo que más nos conviene o cómo podemos ser un poco más felices.

Así es la vida.

Ellos encontraron pareja a pesar de sus dificultades para iniciar una conversación, pero yo no era capaz de encontrar cómo, qué o quién, y rechacé las amistades que me propusieron Alonso y Luis Carlos. La soledad es una compañera muy triste, pero ni en esas condiciones era capaz de empezar una amistad cualquiera fuera de determinados parámetros.

A veces, ser más rígido que una tabla de planchar es peor que estar más salido que el pico de su plancha.

En todo caso, recordaré a aquellos dos chicos que una vez fuisteis: Alonso, con su Ennio Morricone y aquel puñado de dólares, fascinado con Clint Eastwood; Luis Carlos escuchando Das Boot en las profundidades de su U-boot alemán, apasionado de la historia y los soldaditos.

Ya es tarde para ser otra persona. Tarde para cambiar las decisiones de toda una vida. Tarde para modificar el rumbo al futuro.

Ya va siendo hora de descansar. No estaría mal.

martes, 26 de septiembre de 2017

Un mundo en miniatura

"... ¿qué amigo es aquel que tuvieras que buscar para matar las horas? BUSCADLO CON HORAS PARA VIVIR. Y que en la dulzura de la amistad haya lugar para la risa y para los placeres compartidos. Es en el rocío de las pequeñas cosas donde el corazón encuentra su mañana y toma su frescura." Khalil Gibran.
A world in miniature.
Cogí el iPhone4. Superpuse a la cámara una lente extraída de un lector de DVD o CD y me puse a hacer fotos en casa. Luego por el parque la mañana siguiente.
Me gusta ver las cosas pequeñas y acercarme cuanto puedo a ese mundo desconocido con el que vivimos a diario sin que la gente se fije. 
Bueno, yo si me fijo. Los demás no sé. La gran diferencia entre los productos humanos y los de la naturaleza es el nivel de detalle. En las fotos de casa los objetos parecen toscos pero en las otras aún haciendo zoom se aprecian nuevos detalles y un diseño muy elaborado y hermoso. Excepto en los insectos, donde la repulsión gana a la belleza por momentos.

domingo, 12 de junio de 2016

La ventana de mi cocina

The window in my kitchen.
"Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Solo a través de nuestro amor y amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos." Orson Welles.

Miré hacia fuera por la ventana de la cocina sin dejar de amasar. La masa de las empanadas debía quedarme mejor en esta ocasión. Miraba al exterior de la casa y empecé a sentirme extraña. Una vaga sensación de trabajo rutinario mezclado con un sinfín de porqués que no se preguntaban, para los que no podía pedir respuesta ni necesitaba realmente que nadie me respondiera.

Miré ese campo que hay tras mi ventana y volví a pensar en uno de mis amigos. Uno al que conozco mejor que a algunos de los que me rodean y abrazo con frecuencia. Mejor que a algunos de ellos, aunque pueda mirarlos a los ojos, escuchar su voz y ver sus gestos mientras me hablan.

A través de los cristales veo árboles y veo tierra... cielo... y soy capaz de sentir el invisible viento que lo recorre todo. Desde ese lugar donde vive mi amigo hasta aquí mismo, dentro de mi cocina, entrando y saliendo de mi masa madre y de mí misma. A veces nos unen en la amistad los más insospechados elementos gracias a las increíbles características de nuestra mente. La luz, el color, los aromas de esta rica masa que aguarda el momento de embarazarse de bonito con su sofrito. De dorarse en el horno e inundar la casa con el amor de una cocina casera.

A veces las letras escritas por un amigo resuenan en la distancia a través del aire; unas veces acompañadas del son plañidero del campanario de turno en otoño, otras con el tono soleado y bullicioso de los pájaros en primavera. Ahora que es verano, toca mucho sol y mucho sudor, pero no son sino agua y luz en mis oídos. Yo tengo en ocasiones alterada la percepción de los sentidos. Los convierto en ondas, los hago míos y los hago magia o los hago motivo. Eso le gusta mucho a mi amigo. Quizá sea uno de los motivos por los que me quiere tanto.

Y pienso si será mejor no tenerlo cerca para no tener que mirarlo a los ojos mientras me habla con sus gestos amanerados, exagerados o callados, según la ocasión. Si será mejor así, metiéndose en la masa de mi empanada, entrando en mi ser como un viento que necesito respirar, como una bonita sensación de cariño por alguien a quien no puedo alcanzar físicamente.

Desde mi casa, y más concretamente desde mi cocina, al mirar fuera, al ver la naturaleza inundada de sol, reconozco que pienso en ti, amigo mío, y casi al instante me llena un bienestar de retorno por ese cariño que os envío. Pienso en ti, en tu familia, en vuestro día a día. Y es una bonita forma de recordaros aquí, en una casa que es la vuestra.

Os deseo lo mejor. Gracias por las rosas de vuestro jardín.

¡Ah! ¿Queréis un trozo de empanada?

martes, 26 de agosto de 2014

Habitan hadas entre nosotros

"Magia es creer en ti mismo. Si puedes hacer eso, puedes hacer que suceda cualquier cosa."  Johann Wolfgang von Goethe

Cuentos de la periferia - Shaun Tan

Ella pasó ante mi casa. Yo simplemente estaba regando el césped.

Pasó ante mi casa cuando todo era triste, ocre, apagado; falto de brillo, de caricias y de cariño. Todo a mi alrededor era sombrío y, como tras una lluvia de otoño, estaba ausente y frío. Pero ella recorrió la calle ante mi casa, casualmente… o quizá solo lo hizo parecer casual.

Conducía su coche azul: un coche de agua. Me pareció una mujer de modos y aspecto extraños y puede que por ello llamara tanto mi atención como para calarme los pies mientras regaba. Tenía una sonrisa suave, como los movimientos con que impulsaba su carro de aire —tartana de una sola plaza—, pero era un sonreír tan afable y cálido como su vestido rojo y largo. Y yo, afortunado como tantas veces sin darme cuenta, entablé amistad con ella.

Tenía en mi jardín un nido vacío para pájaros que el cartero utilizaba con demasiada frecuencia para depositar mis cartas y, de cuando en vez, algún paquete pequeño, aunque le había pedido en tres ocasiones que no lo hiciera. Se limitaba a fruncir las cejas, mirándome enfadado, y se marchaba soltando todo tipo de plegarias divinas para mi seguro viaje al infierno.

Pues bien, desde que conocí a esta mujer —que no era físicamente joven, aunque pueda parecer otra cosa—, flores que antes plantaba y no salían adelante comenzaron a prosperar, urbanizando el terreno frente a mi casa y convirtiéndolo en una visión maravillosa y alegre para cuantos foráneos pasaban casualmente por allí. Incluso cuchicheaban entre ellos el dineral que, según decían, me habría gastado en jardineros, como luego me contó algún vecino ocioso y chismoso.

Hasta el señor cartero dejó de venir y, en su lugar, lo hacía una chica que, aunque era muy fea, resultaba un concentrado medicinal de vitalidad y simpatía de tal magnitud que pronto dabas gracias al cielo por verla cada día, con o sin carta. Hasta hoy no he necesitado explicarle lo del nido. Ni tampoco tendré que hacerlo en adelante, porque recientemente un pajarico ha tomado posesión del lugar.

Esta extraña se convirtió en mi amiga simplemente pasando ante mi casa. Mirándome a los ojos mientras la veía pasar, sin pestañear, durante un par intenso de segundos que le bastaron para leer mis parámetros mentales, físicos y espirituales: esos que yo nunca he sabido manejar, modificar o comprender.

Nunca detuvo su coche de agua ni se acercó a mí. No sé si todo fue una ilusión o si de verdad pasó ante mí, pero debió de ser ella —y nadie más— la que me escribía cartas por internet (emails, los llaman) y enviaba regalos que valen lo que cuesta un abrazo, el precio de un beso cariñoso, todo pagado con el dinero proporcionado por su corazón sincero.

Durante algún tiempo cuidó de mí: me dijo palabras de ánimo y también me regañó, con frases sencillas aderezadas con gracia y alguna palabrota, para que espabilara.

Yo no sé si las hadas habitan entre vosotros, pero al menos yo sí he conocido una. Tiene nombre, vive como vosotros, sufre y ama como los demás seres humanos. Tiene una hija y un hijo ya grandes, que han heredado la mirada de su encanto; tiene un nieto que es un montón de salado, y un marido que es, además de otras cosas, la leña de su interior incendiado. Tiene quien la quiera y quiere incluso a quienes no la corresponden demasiado.

Y yo, por mi parte, debo decirle otra vez gracias:

¡¡GRACIAS POR SER TAN BUENA!!

viernes, 14 de marzo de 2014

dum dum ¿quien es?

"Amigo es aquel que te conoce y quiere por igual" Elbert Hubbard

El mundo es inmenso.
En comparación a lo que soy, lo es.
El viento mueve enormes masas de aire.
Mi respiración mueve poco más que polvo flotando al rededor.
Al lado de la lluvia, por muy escasa que venga, mis lágrimas nunca serían percibidas excepto si voy corriendo y gritando a un tiempo.
Los años de mi vida es poco distinto al tiempo de vida de un insecto.
Pero a pesar de mi inmensa insignificancia, una amiga sabrá que me acuerdo de ella.
Como sólo busco a veces hablar con alguna persona que no sea hombre, y no quiero pensar porqué, hoy quiero decir que me acuerdo de tí, y ningún silencio por largo que sea, bastará para que te olvide.
Besos.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Recuerdos y sensaciones


Últimamente echo de menos a alguien con quien ya no tengo apenas contacto...
Me cansé de tanta coz y ... creía que eso nunca podría pasar.
Siempre he creído en las casualidades y en las causalidades, así es la vida.

La primera vez que supe de ella fue a través de mi chico y del parchís online. Dicharachera, inteligente, y un día zas.... pide para su cumpleaños una pistola para matar a su tío, que ha abusado de ella y la violó cuando era pequeña. "No se lo digas a nadie.", pero mi chico se quedó a cuadros y me lo contó. Y yo, que me meto en todos los berenjenales, entré de lleno en su vida. Me di por entera en todas mis posibilidades: emocionales y materiales, pero está claro que sólo me dejó entrar hasta donde ella quiso. Aunque en eso somos todos parecidos... en lo de guardarnos cierta intimidad.

Durante varios años he aprendido mucho de ella y de mi. He tenido alegrías, penas, dudas, una mezcla de muchos sentimientos, de idas y venidas, de encuentros casuales y... causales.
Hay días que me levanto pensando en cómo la irá, cómo se sentirá, si habrá logrado deshacerse de tanta carga, si se habrá encontrado a sí misma y habrá puesto a cada uno en su lugar, si todo fue cierto

¿Fue cierto? Muchas veces recé para que no fuera cierto, aunque sé que sí lo fue. Y aunque no todo lo que me contaba a mi coincidía con lo que le contaba a otras personas, no fue eso lo que me alejó de ella.
Fui yo la que me cansé de tantos desencuentros, los desaires, de sus juegos psicológicos como si jugáramos al ratón y al gato. Me sentí manipulada y aun con todo eso, la echo de menos. Pero ya no la llamo ni la escribo.

Deseo que la vaya bien, que no se destruya, deseo...

A veces siento que nada de lo que hice sirvió para algo. Que no la serví de nada. A veces creo que rellené espacios en su vida o ella en la mía .... Amiga, porque te quiero, amiga.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Mi otra mitad......

"Siente el pensamiento, piensa el sentimiento" Miguel de Unamuno

En realidad...

Llevo unos días queriendo escribir sobre distintas cosas, pero cuando me pongo a ello ya he cambiado de opinión y quiero cambiar de tema. Y lo mejor es que no es porque ese tema haya dejado de tener importancia, sino porque al darle tantas vueltas mi cabeza se ha saturado de pensamientos que se amontonan queriendo salir todos a la vez, y nunca podría escribir a la velocidad con la que se empujan.

Un amigo, muy amigo, mi otra mitad, me ha dicho que pensar es una mierda. Leo eso y empiezan a asaltarme mil pensamientos. Lo cual, reconozco, tiene su gracia.

La cosa es que los pensamientos van por libre. No atienden a razones ni a lógicas. Incluso el pensamiento más razonable se puede rebatir si uno se empeña, porque los pensamientos no buscan la verdad, buscan compañía. Tienen la habilidad de mezclarse con los sentimientos y cambiar de color según con quién se junten. Tienen la capacidad de subirnos a las nubes o de bajarnos a los infiernos sin avisar, sin pedir permiso, sin respetar el horario.

Los pensamientos siempre están ahí. Incluso cuando no queremos pensar, especialmente cuando no queremos pensar. Pensar, pensar, pensar, no pensar, no pensar, no pensar... siempre da igual. Y casi siempre, cuando menos queremos pensar o creemos haber logrado una tregua, están a la vuelta de la esquina para demostrarnos que la tregua era ilusoria, que simplemente habían ido a por tabaco y han vuelto.

Lo más que podemos hacer es intentar jugar a dominarlos. Darles el sentido justo y, en algunos casos, la mínima importancia que merecen. Podemos intentar convivir con ellos, hasta jugar a que los engañamos, aunque ellos sepan perfectamente lo que estamos haciendo. Cada día hay que intentar que no dominen los sentimientos, para al menos poder pensar en paz, que ya es bastante.

Y olvidar. Hay que confundir a los pensamientos con la mala memoria. Hay que olvidar y borrar muchos pensamientos, muchos de esos que cuando arraigaron en los sentimientos se hicieron tan dolorosos que no nos dejan tener mala memoria. Pero quien hace la ley hace la trampa: igual que existen pastillas y ejercicios para no perder la memoria, también podemos, sin perder la razón, aprender a olvidar. Aprender a tener en nuestra mano la llave de qué recuperar y qué dejar encerrado, que no salga más a tocar las pelotas.

Hay quien dice que no hay que olvidar. Y tristemente nos cuesta muy poco olvidar las cosas sencillas y buenas, como si no tuvieran suficiente peso específico para quedarse, como si fueran demasiado ligeras para anclar. Y es ahí donde cometemos el mayor error: tendemos a recordar lo que nos ha causado daño, en eso no fallamos, no olvidamos, y no nos damos cuenta de que recordar el dolor solo duele. No enseña, no construye, no redime. Solo duele, una y otra vez, con la misma intensidad que la primera vez si uno se descuida.

Así que si lo pensamos bien, no hace falta ser maestros del engaño ni expertos en autocontrol. Solo hace falta dar a cada cosa el lugar que se merece. Y recordar la sonrisa de alguien querido debería ocupar un lugar preferente antes que estar dando vueltas eternamente a aquello que nos estuvo causando tanto dolor.

Sabiendo que los pensamientos van por libre, intentemos cada día que al menos no nos jodan los sentimientos. Es una victoria modesta. Pero es una victoria.

domingo, 4 de abril de 2010

Hace tiempo que no


Hace tiempo que no me doy paseos por el Pais de las Hadas, donde otros sacan su cerebro a pasear y en donde los sentimientos dependen del Cristal con que se miren....

Donde las cosas que se nos pasan por la cabeza , unas veces son Historias de magia y otras de caos..

Hace tiempo que no me subia a ese globo que me hace volar y ver todo desde otra perspectiva....

Hace tiempo que no me doy un paseo por escritos llenos de color y ternura que reconfortan, que nos hacen sentir que todo es posible, que todo puede cambiar..
Escritos con Alma de blues donde la esperanza se envuelve en un halo de tristeza y la tristeza se envuelve con una misteriosa fuerza de esperanza, y seguimos intentando sacar de nuestro interior eso que nos mata.... o eso que nos da vida.

Hace tiempo que no me paseo por ese compartir de sentimientos y vidas que hay dentro y detras de cada escrito.
Dentro y detras de cada bienvenida, de cada despedida, de cada silencio....., porque hay muchos silencios en esos escritos y muchos gritos ahogados en multitud de letras..

Intentamos refugiarnos en cuevas para no sufrir, intentamos perder la memoria....intentamos, intentamos.
Y seguimos intentando .. y leemos y escribimos, porque dentros y detras de esos escritos hay todo un mundo, antiguo, presente y por descubrir..

Hace tiempo que no me doy un paseo por esos escritos que nos unen como Tales historias, como esos hilos que nos cosen emocionalmente a otros descosidos y así vamos tejiendo nuestra vida a la de otros....

viernes, 26 de febrero de 2010

no puedo darte nada mas........

"Las únicas personas con las que ahora procuraría estar, son artistas y personas que han sufrido: los que saben qué es la belleza y los que saben qué es el dolor. Nadie más me interesa." Oscar Wilde



viernes, 29 de enero de 2010

Te sigo echando de menos

Te sigo echando de menos… sé que estás ahí, menos lejos de lo que creo, pero aun así en otra dimensión…

El que no aparezcas por aquí ha hecho que me espabile, pero desde que no estás no sé si soy la leche, el café o el azúcar que nunca he sido…

Somos parte de un proyecto… parte de sentimientos, parte de una compañía y de un aprendizaje… aprendemos —o así lo siento— el uno del otro…

Me autodediqué el escrito de “No hay nadie como tú”, porque tampoco hay nadie como tú…

Te pesa demasiado el pasado, amigo mío… archívalo y, poco a poco, ve destruyendo carpetas y borrando el disco duro… formatea la vida de nuevo…

No va a ser fácil, ya lo sabemos… nada es fácil… pero si se pierde el miedo… entonces nos atrevemos a meter mano a los entresijos de los cables, del dolor, del pasado y del futuro…

Si perdemos el miedo a los demás… si nos perdemos el miedo a nosotros mismos… no creo que pase nada peor de lo que ya nos pasa… entonces, ¿por qué no probar?

¿Probamos juntos…? Porque sabes que ni en tus peores pesadillas estás solo… sabes que hay alguien que tira de ti, que no deja que te hundas del todo… y a quien sabes que no puedes arrastrar al abismo… porque sois como las carpas chinas que permanecen juntas, que se complementan, que se necesitan por encima de todo…

Y por eso, por encima de todo… tienes que volver a formar parte de esta vida, de este mundo a veces con margaritas y otras con granizo, con olor a podrido o con un aire fresco que te limpia el alma y los pulmones…

Se puede conservar la individualidad a la vez que compartir espacios… abrazos que curen los miedos… sueños que salten por encima de las pesadillas…

Te sigo echando de menos… porque lo mereces…

jueves, 14 de enero de 2010

Hay veces.....


Hay veces que las palabras se te agolpan en la mente, en la boca aunque no las dejes salir......
Hay veces que quieres decir muchas cosas, todo lo que sientes, todo lo que quieres.......
Hay veces que los silencios te llegan al corazón y te dicen mas que las palabras.......
Hay veces que sabes que tienes que callarte...
y sin embargo quiero decirte
Que te echo de menos.............

sábado, 21 de noviembre de 2009

Nadie como tú




 A veces encontramos a alguien que no se parece a nadie.

 Es alguien inesperado. Es una persona fuera de toda nuestra pequeña visión del mundo.  

 Quiere coger nuestra mano con cariño y, sin saber cómo, le dices que no. 

 Sabes que nadie es como tú, como ese chico, como esa chica, pero menos aún se puede comparar con aquella persona única. 

 Nada se compara a ti y siento no saber mostrar aprecio de otra manera porque nadie ...  aunque  Sinéad O'Connor hable de su madre:
 
dije NADIE, se compara a tí  "


It's been seven hours and fifteen days
Han pasado siete horas y quince días
Since you took your love away
desde que te llevaste tu amor.
I go out every night and sleep all day
Salgo todas las noches y duermo todo el día
Since you took your love away
desde que te llevaste tu amor.
Since you been gone I can do whatever I want
Desde que te fuiste puedo hacer lo que quiera.
I can see whomever I choose
Puedo ver a quien yo elija.
I can eat my dinner in a fancy restaurant
Puedo cenar en un restaurante caro.
But nothing ...
Pero nada,
I said nothing can take away these blues,
dije NADA, puede quitar esta tristeza,
'Cause nothing compares ...
porque nada se compara...
Nothing compares to you
nada se compara a ti.
It's been so lonely without you here
He estado tan sola aquí sin ti,
Like a bird without a song
como un pájaro sin una canción.
Nothing can stop these lonely tears from falling
Nada puede evitar que caigan estas lágrimas solitarias.
Tell me baby where did I go wrong?
Dime cariño, ¿en qué me equivoqué?
I could put my arms around every boy I see
Podría abrazar a todos los chicos que veo,
But they'd only remind me of you
pero sólo me recordarían a tí.
went to the doctor guess what he told me
Fui al médico: adivina qué me dijo.
Guess what he told me?
¿Adivinas qué me dijo?
He said, girl, you better have fun
Dijo, querida, deberías divertirte,
No matter what you do
no importa lo que hagas,
But he's a fool ...
pero él es un loco...
'Cause nothing compares ...
Porque nada se compara...
Nothing compares to you ...
NADA, es comparable a ti.
All the flowers that you planted, mama
Todas las flores que plantaste, mamá,
In the back yard
en el jardín de atrás,
All died when you went away
todas murieron cuando te fuiste.
I know that living with you baby was sometimes hard
Sé que vivir contigo, cariño, a veces fue difícil,
But I'm willing to give it another try
pero estoy deseando intentarlo una vez más
'Cause nothing compares ...
porque nada se compara...
Nothing compares to you
nada se compara a ti.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Adverbios y preposiciones....

"Porque era él. Porque era yo."
— Michel de Montaigne, Ensayos


De la nada.
De todo lo que soy.

De mi vida y de las vidas que he querido vivir, las que ensayé en silencio sin que nadie lo supiera, las que habité durante un rato y tuve que devolver. De las muertes que he querido morir: las pequeñas, las necesarias, las que duelen como las grandes aunque nadie les ponga flores.

Del amor que he amado y sigo amando, que no se va aunque uno quiera mandarlo lejos. Del amor que todavía no he vivido, ese que intuyo en algún recoveco del futuro, esperando sin prisa. Y de los que vendrán, que no pido que sean perfectos sino que lleguen con los ojos abiertos.

De los sueños que no he soñado todavía, los que están esperando que me duerma de la manera correcta. De todo lo soñado ya, que ocupa más espacio del que aparenta. De lo encontrado que no busqué, que suele ser lo mejor. De lo que no he encontrado y quién sabe si lo haré, que ya no me quita el sueño como antes.

De cada lágrima. De cada risa.
De cada abrazo dado y de cada abrazo recibido, que no pesan lo mismo aunque lo parezca.
De cada beso sentido de verdad, de los que uno recuerda sin proponérselo.
De cada paseo de la mano por cualquier calle de cualquier ciudad, cuando el mundo cabe entre dos palmas.
De cada rencor que cargué más tiempo del necesario.
De cada dolor que me enseñó algo que no pedí aprender.

De todo lo que soy, fui y seré. De hombres y de mujeres. De metamorfosis y crisálidas, de pieles que se dejan y de alas que todavía no se saben alas.

De cada engranaje de mi mente y de mi corazón, que no siempre giran al mismo ritmo ni en la misma dirección, pero llevan años encontrando la manera de no destruirse.

Donde todo encaja desencajado, que es la única manera honesta de encajar. Donde el tiempo no tiene tiempo, no se puede medir, no obedece ni al reloj ni al calendario. Donde cada corazón dibujado convive con cada corazón roto, y ambos son igual de reales.

De la pasión.
De la apatía.
De las tonterías sensatas y de las inconsciencias conscientes.
De las seguridades inciertas, que son las únicas que merecen ese nombre.
De las contradicciones seguras, que son las que más me definen.
De las seguridades sin farsas, sin performance, sin público.

Del ser y del no ser.
Del dónde, el cómo y el cuándo.
De cómo soy, de cómo eres, de lo irreducible de cada uno.
De todo lo que nos hemos hecho partícipes sin firmar ningún contrato.

De las emociones regaladas, las que se entregan sin garantía de devolución.
Con los peros y los porqués que no siempre tienen respuesta.
Con lo compartido y con lo callado, que en una buena amistad a veces es lo mismo.
Con el sí y con el no, dicho a tiempo, dicho con cuidado.

Por todo esto. A pesar de todo esto. Y por encima de todo esto:

nos hemos hecho amigos.