Header

Mostrando entradas con la etiqueta Sexualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sexualidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de marzo de 2024

Querida Alana Portero

“Fue entonces cuando comprendí el cuento de hadas de la princesa y el guisante. Ella no buscaba al príncipe; buscaba el guisante”.
⚠️ Advertencia de contenido: Aviso de contenido: este texto aborda experiencias de abuso infantil, identidad y violencia simbólica.

Querida, tanto como desconocida, Alana Portero:
Me detengo antes de empezar esta carta para cantar con Barbra Streisand I am a woman in love.

Sé que ni por eso, ni por acompañar la voz de Carole King en (You make me feel like) A natural woman, ni por hacerle los coros a Helen Reddy en I am woman, llegará a tus manos esta entrada. Vaya fantasía.

Tu libro La mala costumbre no es fantasía. Es maravilla. Con él no pude situarme dentro de una ficción. No logré sentir tranquilidad ante tal dosis de realidad.

Una… ¿por qué no presentarme en femenino, cuando no hace falta ser genial en matemáticas ni tener talento con el pincel para saber que lo binario, igual que lo blanco y negro, no existe? Que los números y los colores son infinitos, y nadie, dentro de esa infinitud de variantes, puede distinguir diferencia entre uno y su siguiente.

Tampoco pretendo reducir ni frivolizar las diferencias de género, sino expresar, desde el respeto, la dificultad para conocerse y comprender que una letra al final de una palabra no basta para definir cómo nos sentimos.

Una se ha pasado la vida entera buscando respuestas sin cuestionarse cómo hacían las demás para soportarla. Tan claro parecían tenerlo todo.

Entre tanto, procuré hacer, suponiendo lo que se esperaba para el normotipo.

¿Lo conseguí? Y… sobre todo: ¿qué conseguí?

Mientras mi hermano se sentaba en la parte trasera del coche familiar con las piernas bien abiertas, yo juntaba las mías, como mis hermanas, que protestaban en vano.

Machote, le decían los que, a escondidas o en la cara, me decían marica, mariquita, raro, mariposa o especialito: un matiz diminutivo para desviar el sentido hacia algo malo. Apreciaciones que no logro ni lograré comprender. No veo la gracia ni el beneficio personal que puede procurar decirle a alguien parece que vas drogado por la forma de caminar, o marica por hablar y gesticular así o asá.

¡Qué aburrido cúmulo de tonterías y estúpidas opiniones! Y… ¿para qué? ¿Qué demonios importa a nadie? ¿Acaso es relevante?

Para que luego el machote me engañase diciendo que íbamos a jugar a algo nuevo llamado luchar con nuestras espadas, y el segundo juego ya debía de ser inenarrable para unos infantes, o al menos para mí lo era.

Y la psicóloga me pregunta: ¿Te gustan los chicos?. Pues no, mire usted, no. Odio a los chicos. A una también pueden gustarle las chicas. Cuanto más andróginas, mejor, dice mi cuerpo. Mi instinto secreto, al que tardé la vida en reconocer. ¿Qué tendría Isabel Tenaille? ¿Qué mi primer amor platónico? ¿Qué Laura Pergolizzi para volverme loca perdida?

Nada impide querer muchísimo a mi esposa, a mi manera del espectro autista, limitada. Tanto que sigue preguntándome si la amo. También me encantan su pelo corto y sus encantos pequeños. Aún me la comería entera si supiera cómo, si quisiera ella, si los astros se alinearan sobre nuestras cabezas… como si de veras yo mereciera más atenciones no correspondidas.

En 2018 mi hija nos regaló una Navidad diferente con sus amigues. Invitó a la listísima David y su pareja. También estuvo Samu, tan amable ella regalando sus libros y CDs en un proceso de liberación cosista. O la hiperbólica compa Luis, de Barranquilla, refugiada en este país bajo amenazas de muerte por homofobia.

Nunca hubiera sentido tanto relajo si hubiera sido un grupo de chicos desconocidos.

Esta Navidad mi hija me regala tu primer libro, exquisito, y mira tú por dónde me reconozco en él en muchos momentos, a mi manera.

¿Cuántos tipos de armarios hay?

Nos encerramos o nos empujan a entrar. Quizá nos prefieren allá, a oscuras, sin decir ni múuuuu. Quizá echamos el candado desde dentro y por fuera lo rodean con cadenas y lo tiran al mar, atado a un bloque de cemento. Te ahogas en lo que para otros es tu mierda y para ti lo apestoso de veras queda fuera.

A estas alturas sé que a nadie le importa lo que el resto siente o piensa mientras lo guarden dentro y su disfraz, acomodado a las normas del lugar, sea tan perfecto como secreto: ignorándolo todo en su mundo normalizado, pero repleto de grietas y a punto de desmoronarse. Sociedades cubiertas por capas de pintura decorativa donde lo importante no son las personas sino su dinero, patrimonio, estudios, poder… incluso su vestuario, su físico o su belleza.

Los sentimientos no se valoran, las actitudes nada significan ni los hechos cuentan.

Todo parece tan fingido como aparenta.
Todo tan inconsistente como la inconsciencia.

jueves, 20 de julio de 2023

¿ Está bien o está mal ?

"¿Porqué no se caerán padentro las lágrima?
¿Porqué no se caerán en un baldesito atrá de los ojo así uno despué las tira en otra parte pa'que nadie lo vea?"

A veces no lo uno. Ni lo otro.

Era verano. No era ni siquiera adolescente.

Plantado en el sillón con mi pantalón corto.

El ambiente, cerca del mar, es más salado cuanto más cerca.

A veces parece escaparse el salitre del agua.

El viento fresco entre lloviznas por Hondarribia agridulces, en gotas de esa mar, de nubes a gris ligero.

Pero el sofá y, aunque fuera no llueve, la humedad se posa en la piel.

Mi cuerpo no conoce los sofocos de la pasión aún.

En la tele siempre contando lo de siempre.

Mi prima tiene calor. Ella es mayor. Lo bastante para “saberlo todo”. Discute en inglés con su familia: “You...!” “Nou, nou...!”

Awachiperri tasunblonde neverender. No entiendo ni papa.

Todos aprendieron inglés americano excepto el primo pequeño. Él nació norteamericano.

El americano se ríe de su hermana, pues se volvió euskalduna de pura cepa. Mix de apellidos castellanos y vascos. No tan de raza, quizá.

Pero sofá, tele y cálido ambiente de verano familiar. Un niño extraño en la casona de madera por la plaza del vicario, que ya no lo es.

Mi prima lleva un vestido, ahora supongo que ligero, ahora imagino justo para sudar lo justo. Se sienta al otro lado, teléfono fijo en mano. El móvil no se inventó.

En su lado del sofá, sobre el reposabrazos derecho, el codo derecho. Coloca las piernas para su comodidad. Observo. Veo entre una y otra algo desconocido.

Siempre observo fijo cuando observo. Es una costumbre que incomoda. Aún hoy no lo aprendí. No lo controlo muchas ocasiones.

Es la pita de mi prima. Igual que su mano, su pelo. Todo es bonito, imberbe, simple e incoloro a ciertas edades.

Jaja sin gracia. Sin más. ¿Por qué? ¿No se da cuenta? ¿Importa? Me da lo mismo.

Vuelvo a la tele. Me pregunto. Vuelvo de reojo. ¿Cómo es? Luego vuelvo la mirada fija. Son pliegues de piel sin más. Lo mismo que hay entre dos dedos juntos.

Nada.

La información puede estar en su cara, pero no la encuentro. Habla y nada más. Tonos de voz que no conecto con nada aprendido. Algo de gestos huecos donde apoya su sentido.

Todo está bien o... ¿algo está mal?

Cuelga por fin. Me dice no sé cuál cosa. No contesto lo que no comprendo.

Aún hoy. Espero y ya.


Leí una pequeña historia de “El Tomi” titulada “La ventana”, de "Polenta con Pajaritos".

Trata del amor a los perros.

Del obligado “los chicos no lloran”.

Del despertar a la sexualidad. 

La he coloreado en acuarela con iA


⚠️ Contenido sensible — pulsa para ver Imagen con contenido sensible


domingo, 31 de julio de 2022

Wolf love

Todas las fotografias son de Laura Makabresku

Each night the wolf slips out after the brief footfalls of his lovely, elusive prey—nosing every corner, laying down silk-threads woven from a desire unveiled in an ancestral way. Silent and cunning by nature, he runs; each motion a small leap, imperceptible yet certain, along the path of endless delirium that courses through every limb of his body—fibrous, strong.

He can feel her near, her daily and indispensable presence, from loving her so much, from dreaming her so much amid so much struggle and so much epic nightmare. In his muzzle the black wolf can taste the stubborn tremor of light steps—tender as fantasies on an exquisite palate—hurried, dancing through frost-stiff herbage: the fawn’s feet.

The deer slips out, soft, between age-old fear and the sharpened blade of inevitable dusk. He deems himself safe with less light and less horizon, with fewer curious eyes and fewer scents, with fewer uncomposed sounds amid so many illusory incisors—yet so near, so real.

The raven caws by day, yet saves for the fairies’ snowy garment his sullen, arched beak at the Angelus. He waits—lord of time, patient—for the unpostponable coming of blood, streaming to the final drop, from that small, unarmed plunder that goes on unknowing through brush and leaf-litter, while its mother does not know. He will keep, surely for himself, the remnants of the putrid hunt, and then the dried skins, and then the clean bones no one wants.

Nature lies already dead—ochre leaves, dried petals—on old sheets in jars sealed with withered cork.

The wolf’s eyes behold the creature close. The tiny deer knows how his faithful archer cants his sharp ears. He looses his crossbow; the quarry springs, in a sigh, against the last light left of sunset. The fawn stands still beneath the deep star-lamps of the devout wolf. He caresses the belly of his beloved with the cool, shameless kiss of his muzzle, and she longs to be set ablaze with love from her hip to the most hidden hollow of the nest. And he slowly sinks in his tooth of longing, with all tenderness, for she receives it in a single, feminine shiver. And both of them writhe—intense, impassioned—keeping time with the one heartbeat. Frenetic, his black hide, vigorous, interlaces against those brittle legs—pale, scratched, and smooth.

What vehement ecstasy binds us when we are prey to instinct—and how time, lying in wait, unravels it thread by thread, hidden among our strongest, densest fibers, those we once, dazzled, believed eternal.

Волк любовника. (Wolf love)

El lobo y su cervatillo - foto de Laura Makabresku

domingo, 18 de julio de 2021

Después de Samuel

Después de Samuel.

Lo que viene después de golpear hasta la muerte a quien no puede defenderse. Con ayuda de muchos otros, porque solo uno no vale nada y se necesita mucha porquería. Entonces sucede.

Cuando el cerebro se descompone y solo queda el instinto prehistórico. El de un grupo de chimpancés que suele comer fruta y hojas, pero a veces disfruta dando caza, matando y devorando a algún otro ser que se acercó demasiado. Gentuza con raíces de odio.

Memoria y sociedad.

Somos el resultado de una evolución, pero… ¿ha evolucionado nuestra sociedad o basta con llenar la memoria de sus individuos con basura y desprecio por la vida para que sucedan estos crímenes?

Cada día entiendo menos. Chicas y chicos que agreden por igual a compañeras de clase que a niños con autismo que pasaron a su lado. Llevo 18 meses encerrado en casa y veo a otras personas con ganas de patear o cortar mi lengua, aunque casi no habla.

Pero yo digo que te quiero, Samuel, y siento tanto que no estés con nosotros…

¡Cómo me hubiera gustado conocerte! Que me hubieras cuidado con esa sonrisa tan sana, perfecta, tan honda como tu mirada.

Quisiera, en medio de mis pesadillas, devolverles por anticipado todo su odio; sentir que la injusticia que hicieron vuelve a ellos de algún modo. Antes de Samuel.

Sin embargo, aunque no se puedan realizar, prefiero, de entre mis sueños, que alguien, leyendo esto, quiera tan solo compartir algunos. A saber, y en este orden:

1- No guardar respeto hacia las demás personas, sino afecto por sus valiosas vidas, porque el verdadero respeto viene cosido al cariño.

Qué lista de sueños por compartir. Qué extensa. Qué complicada.

Estoy llorando porque, mientras comparto mi único sueño, la fila del odio ya rodea este mundo.

Samuel, cariño. ¿Qué viene después de ti, de las agresiones contra personas que aman diferente, igual de bien?

Después llegan los uniformes y las banderas. Las cámaras de represión. La pureza de una raza decadente que se cree superior, escuchando los graznidos de su político favorito.

Con la muerte de Samuel solo llega eso: el vacío de su ausencia. El trago amargo de la brutalidad, que nunca tiene sentido; de la injusticia que campa a sus anchas entre normas blandas.

Hay que encarcelar de por vida al odio. A sus cómplices, que miran o participan. La pena máxima para quienes agreden o quitan una vida unidos en grupo y luego pretenden diluir su culpa en juicios separados.

No, señores. Mataron en grupo y en grupo serán juzgados.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Todas estaban desnudos

Johannes Stoetter - High Heel
Advertencia: Humillación pública, acoso, insultos homófobos, desnudez no consentida y violencia psicológica.
Es 15 de julio de 2019. 
La empresa donde trabajo va a celebrar su primera fiesta aniversario el próximo 18 de julio, coincidiendo (¿curioso?) con el día del alzamiento nacional de 1936. Va a ser de disfraces. Asistencia no obligada, pero muy, muy, muy importante, según nos ha hecho comprender la pareja socia-fundadora hablando serio desde lo guay. Las jefas, Martha y Sentry, se han pedido en exclusiva Adán y Eva.
Aunque somos 22 personas, nos van a facilitar los atuendos a medida de cada uno. Han contratado, solo para eso, a 22 artistas entre profesionales del body painting y jóvenes de la facultad de Bellas Artes. Sí, sí. Lo más extraño (¿weirdo?) es que como único disfraz llevaremos la piel pintada. Nada de ropa interior en principio, pero con libertad para disimular y tapar la parte del cuerpo que queramos con tela también pintada, de tamaño máximo aproximado al de un pañuelo de papel. 

Todos hemos comprendido que será una fiesta de asistencia voluntaria y casi de obligado cumplimiento porque se celebra el sexto año del nacimiento de esta empresa tecnológica. Todas, más o menos, trabajamos en la sexta planta de la última de esas famosas “Seis Torres Business Área” de Madrid (STBA). 

A cada cual, con su dibujante, nos han realizado un breve cuestionario para combinar nuestras respuestas con la impresión que les causemos en persona. Serán disfraces irrepetibles, incluso coincidiendo, por tratarse de artistas diferentes. Podemos ir pintados por parejas y va a haber votación y premios para dibujantes al trabajo más original, al más elegante y al más gracioso.

Este ha sido su cuestionario y mi respondario:

1- ¿Qué animal te gustaría representar? Un gecko

2- ¿Cuál es tu planta, flor, vegetal o fruta favorita? Una margarita

3- ¿Qué personaje de cosplay, cómic, cuento o dibujo animado? El Joker de Batman

4- ¿Tienes alguna idea especial para pintarte? De Terminator en esqueleto o Muerte en su capa

5- Si algún personaje de película… ¿Cuál elegirías para tu disfraz? Eduardo Manostijeras

6- ¿Quieres tapar alguna parte de tu cuerpo con tela pintada? La cara.

El artista (Pedro Osorio) y yo hemos hablado tal que así:

—Manostijeras es demasiado aparatoso y triste. La lagartija…

—Es un gecko, o gekkota, para ser exactos.

—Yaaaa, hehehe, noooo, no termino de verlo. Y Terminator es… no sería ni tan malo, pero ya la muerte con capa pegada al cuerpo como que no lo visualizo… Si me dijeras un esqueleto, eso sí…

—No, no, no. De esqueleto ya sería un cachondeo total. Me lo estoy imaginando: «¡Anda, tú no llevas disfraz, vas como siempre pero sin ropa!», seguido de risas.

—Ah, claro. Pues… qué quieres que te diga. Entre el Joker y la margarita te recomiendo la flor. Te pega más la luz y la alegría vital de las margaritas que ir de matón. 

No sé dónde habrá mirado para decir eso, pero le dejaré que pinte la flor. Me da igual. Menuda chorrada estúpida la fiesta de los huevos. Ya podían repartir una bonificación extra y cada cual la gastaría feliz en lo que quisiera. Odio las fiestas. Odio los disfraces. Odio el alcohol que beben y ser el único sobrio. O el dolor de cabeza si me dejé convencer y tomé una sola copa. Odio las reuniones y tener que hablar de tonterías para pasar el rato. Mi esposa dice que ella no iría. Le parece feo y sucio ir desnudos como salvajes, por mucha pintura civilizada que se lleve encima, pero «es mejor que vayas y lo intentes, a ti esto no te molesta tanto y puede que lo pases bien». Y lo mismo tiene razón. Joder, vaya empanada. Margaritas.

—¿Sabías que las margaritas tienen 8, 13, 21, 34, 55 pétalos? —se queda callado, quiere saber más—. Pues es la sucesión de números de Fibonacci.

Mi pintor “memea” mientras recorre, imaginativo y puede que sediento de lujuria, mi cuerpo escultural:

—Mmmm… 

—Y hay un libro, «No os comáis las margaritas», y una película con Doris Day que…

—¡OYE! —me interrumpe—. ¡Tengo una idea! 

Cuenta que mi dibujo será estilo de cuadro al óleo, con una margarita grande central y un fondo con más flores. En la cara, un sol como en el horizonte. Y la gran idea es una mariquita roja posada en un pétalo de tela que recoja y oculte los genitales. Hubiera preferido tapar la cara para que no me agobien con lo de sonreír y pasar más desapercibido, pero lo del bichito es gracioso. Parece una buena recomendación.

Para prevenir alergias nos han pintado de prueba en el antebrazo. Nos aconsejan la piel limpia e hidratada, además de diversos trucos para evitar situaciones desagradables.

Rebeca (recepcionista encargada de múltiples tareas) se ha negado a participar. La más lista.


Es 18 de julio de 2019.

Nos citaron unas horas antes de la fiesta. Biombos de separación de escasa intimidad, ventilación y temperatura ambiente adecuadas, algarabía de cosquillas con los pinceles, alguno que no siguió las recomendaciones y corre a relajarse, cuerpos con la pintura a medias camino del baño, falta de puntualidad y nervios. 

Fuera biombos, arriba música, brillo de luces… acción. 

(Imagen retocada - original a un clic)
—Chicos, ¿qué queréis para beber? —Paco Moreno no piensa en otra cosa que no sea mamarse—. ¡Joder!, qué tipazo la Luisa Espinosa, ¿eso es una cebra? 
—Yo… un zumo de melocotón o Fanta de naranja. —Paco y Jesús me miran un momento como si fuera de otro planeta y vuelven los ojos a la cebra Kiss según pasa a nuestro lado.

—Pues parece una cebra trampa, hipnotizadora, vampira, mete miedo… —Jesús Lombardía hace como que se arranca. No puede quitarle ojo a Luisa.

—Ja, ja, ja, recógete la baba, tío, que se te corre la pintura… ¡o lo que no es pintura! JAAAJJJAAAAJAAAAJJAA.

Paco se gasta una risa barbárica. Pero también tiene para mí:

—Y tú… ¿de qué vas, de… mariquita o de maricón? JEEmmjejeje, ¿eh?

—¡Ya te digo, tío! ¿Cómo te has dejao pintar esa mierda de flor? Vaya mariconada, tronco. —El jesusito de mi vida, Lombardía de mi amor. Algunos se quedan anclados en el lenguaje de su juventud y no cambian en toda su vida. Encima añade leña al tema:

—Zumo o Fanta, dice. Mejor le damos un botellín de agua para regar todas esas plantas. —Y además son tal para cual de chistosos. Ahora ríen mientras se dan golpes con las manos en los brazos. Ambos deberían ir disfrazados de monos. Mientras se parten “la-caja-el-pecho”, me voy a coger algo para picar.

Paco va de león y Jesús de mandril, con el culo entre colorado y azul. Según dice el uno, porque el león es, además de rey, un macho follador incansable y no hay hembra que se le resista. Según dice el otro, el mandril tiene una cara que acojona tanto como los colmillos de su boca. Al dentista le debió costar sacar las piezas carcomidas debajo del putrefacto sarro mix coffee-tobacco. Ahora puede lamer la mar de bien sin las peligrosas bacterias contagio-infecciosas.

¿Se me nota resentido? Qué va. No es eso. No sé lo que será. El tiempo nos lo dirá. «Que será, será. What will be, will be».

Los dos han recibido siempre un trato especial por parte de las jefas, que no alcanzo a comprender siendo como parecen: dos tarugos. Que sí, que me tienen más quemao que el palo de un churrero, pero todos nos andamos con cuidado cuando se trata de estos dos.

De Lola Trujillo y María Antigüedad todo el mundo afirma que parecen dos alienígenas, pero yo me he enterado de que se han pedido un tándem para que las pinten como en una foto que han visto. Se acoplan la una sobre la otra para obtener este resultado impresionante:

Johannes Stoetter - Chameleon

Qué animalitos tan preciosos los camaleones. Se mimetizan con su entorno para pasar desapercibidos. Tienen movimientos repetitivos, como hojas al viento en los árboles. Con capacidades visuales excepcionales, tranquilos, infalibles con su lengua “pegajosa” tipo arpón.

Pero fiesta. Me he acercado a María y Lola, que hablan animadas. Se han callado al verme aproximar. Entonces hago un cambio de dirección y me dirijo hacia la esquina de los aperitivos. Hay Lays al horno, que están ricas y, sobre todo, tienen un 70 % menos de grasas, así que me pongo a saborear las patatas al horno de espaldas a una fiesta que me está cargando desde el principio.

Mystique - Jennifer Lawrence
Alguien se ha acercado a la mesa. Es un cuerpo azul que pregunta: —¿Vas a dejar alguna patata de esas o te las terminas todas? Oh, mierda, creo que me he pasado. Quedan solo ocho en el plato.

—Perdona, no me daba cuenta…

—Tranquilo, hombre, si lo decía en broma. — Me vuelvo y, en lugar de mirar su cara, miro su disfraz de Mystique, la hermosa chica azul de X-Men. Me fijo antes en sus tetas que en sus ojos de lentillas amarillas. Es Elisa Guisasola. De ella todos dicen, con rima fácil, que siempre anda sola.

—¿Cómo te han pegado las escamas? —tiendo la mano para tocarle un hombro.

—¡Eh, muchacho, eso no se toca! —Joder, solo hago que fastidiarla—. ¡Ja, ja, jaaa!, pero qué tonto eres. Claro que puedes tocar. No pasa nada, hombre. A ti te sientan muy bien las margaritas. Y el detalle de la mariquita.

—¡Vaya dos, el Sarasa-solo y la Guisa-sola haciendo manitas! —es Jesús, que ha venido a coger un plato de tostas de salmón ahumado. Le responde Elisa:

—Pero qué brasas eres. Apestas como la lombarda. ¿Cómo no te disfrazaste de bonobo? Te pega másss…

La cara de Jesús cambia con esta pregunta y ella ríe satisfecha. Qué simple y complejo es el mundillo de las relaciones humanas.

El caso es que de la fiesta pasó un tiempo. Por un rato perdí de vista al león y al mandril. 

Decidieron, antes de que el alcohol causara algún estrago, celebrar la selección de premios a las pinturas. Se agradecía que cambiaran a música de fondo. 

Mientras Eva iba presentándonos micrófono en mano, fuimos desfilando y cada uno puso después su voto en manos de Adán, su pareja. 

Como trabajo más elegante fue elegido el disfraz “zapato con tacón alto” que llevaba pintado Lorena Griñón. Por supuesto, el premio a lo original fue para las “Camaleonas”, María y Lola. 

Yo hubiera preferido que no, pero ganó el premio a disfraz gracioso mi artista de las margaritas. Y tuve que posar de nuevo para la foto con él. El león se me acercó justo después de la foto y gritó: —¿Qué esconde la mariquitaaa? Y de pronto tiró del hilo que sujetaba la tela con el dibujo y me la arrancó. 

Hubo muchas risas y algún insulto y abucheo al ofensor. Como siempre tengo frío, mis cositas estaban encogidas y parecían como de un nene. 

Entonces arrebaté el micrófono a Eva para decir:

—Buenaaaasss, hola a todooos. El amigo león no descubrió nada nuevo en el horizonte, como pueden ver…

—¡Pues yo nunca había visto uno tan pequeño! —interrumpió a voz en grito Jesús. Tenía que seguirle el juego a su amigo Paco Paquete. Continué como si tal cosa con mis alegatos:

—Claro que no, Jesús. Todas las que tú ves están bien grandes, ¿verdad, cariño? Quizá como la de tu amigo el León. Por cierto, Paco… ¿nos explicas cómo ha ido a parar la pintura roja y azul del culo del Mandril a tus todopoderosos genitales de León? 

Miradas al Rey de la Jungla, que deja la copa y se viene a por mí entre risitas que aumentan. Termino:

—Nah, Jesús. No te esfuerces. Y tú, Paco, no te vengas arriba pa’ darme una hostia. Os habéis pasado un buen rato los dos en el aseo y ya está. Noooo pasa nada y, si pasa, se le saluda. Señoras, señores y demás parroquia, lo dijo Freddie Mercury: «Mi maquillaje se ha echado a perder, pero… ¡el show tiene que continuar!».

Subí el volumen y me marché a casa acompañado por Elisa Guisasola. Nos entretuvimos quitando las pinturas de guerra. Nada más.

Todas aquellas personas estábamos desnudas, pero una poca pintura bastó para enfermarnos. No entiendo cómo una sola palabra, ni suya ni de nadie, podría bastar jamás para sanar algo.

A mí me despidieron al día siguiente por crear mal rollo y abrir unas puertas de armario que no eran mías, sino de dos imbéciles libres del siglo XXI.

Para terminar, como Elisa y yo nos hicimos buenas amigas y yo no encontraba trabajo, acepté trasladarme a su piso. Nos reímos mucho los dos juntos y…

¡También pasamos buenos ratos!

Nota: Como en la serie Fargo, esta es una historia. ¿Real? En realidad es una historia. ¿Eso la convierte en real? Entonces será real. Pero los nombres han sido todos inventados. Cualquier coincidencia sería auténtica y pura casualidad.

sábado, 1 de febrero de 2020

Cameron Post y los géneros de Dios

" Teme el momento en que las personas dejen de sufrir y morir por un ideal, porque esta cualidad es la base de la esencia humana y lo que la diferencia en el conjunto del universo.John Steinbeck, editado

Cuando nos inquietan grandes dudas existenciales siempre podremos acudir a las sagradas escrituras para hallar un significado. Con la ayuda de un Dios todopoderoso somos eternos, sobrellevamos las situaciones más difíciles y podemos incluso afrontar enfermedades incurables con un rostro de paz envidiable. Ríete tú de la Gioconda.

Me recomendaron hablar con un sacerdote en lugar de con una psicóloga. Eso lo dejo para más adelante pero si preferís ir al grano, empieza aquí: Ir a la experiencia con el sacerdote

Dicen que la biblia habla de la genética y los géneros. Cada especie según su género. El gorrión solo produce gorriones y los humanos idem. Mentira. Ni el passer domesticus ni el homo sapiens² existen y se reproducen así desde el día cero. Mucho antes fueron otros seres, mutaron. La Biblia no habla de genética, sino de especies, e ignora la inmensa variante del tiempo. Es más, todos los seres vivos compartimos el sistema codificado del ADN porque nuestro origen es el mismo. Y, una vez más, el texto al que hago referencia al comienzo del párrafo ya está obsoleto: el hombre también es capaz —todavía con coste elevado— de escribir información en ADN y leerla, siendo dicho soporte más pequeño y duradero que las cintas, los CD-DVD, las memorias flash o los cristales de cuarzo. ¿Solo pudo ser el ADN obra de una gran diseñadora o es que solo empezamos a conocerlo?

Podemos contarle a Dios todas nuestras miserias, por más miserables que sean. Sea esta una de las pocas ocasiones donde la redundancia cíclica se puede admitir. Siempre estará escuchando y listo para perdonar. «Lo único que no se puede perdonar es la blasfemia, porque significa que no deseas el perdón», pero… ¿hay que pedir perdón por sentir amor?

Sobre esta película, «La (des)educación de Cameron Post», publican una crítica en el periódico ABC y la titulan «Manoseo adulto en la arcilla adolescente». En 218 palabras pasa de puntillas por el tema usando como palabra más gruesa «homosexualidad» y, por si acaso, «supuesta». Pero si hay muchas palabras. Mira: gay, lesbiana, trans, pan, bi o asexual, bi o cisgénero… y entre las escasas 218 palabras falta esta: religión. Justo la fuerza que hace girar la torneta del alfarero en la peli.


A Cameron Post la lleva su tía a un centro donde tratan de educar a jóvenes que sienten atracción por sus iguales del mismo sexo. Con la mejor de las peores intenciones, pues… «¿No deseas tener el día de mañana una familia?» Pues mire usted, no todo el mundo. Me decía hace poco una profesora universitaria de psicología, Carmen, de apodo "corazones": «Hay mucha ignorancia. No comprendo esa obsesión con implantar el pin parental. Se me acercan mis estudiantes con frecuencia para cuestiones sobre su identidad sexual. Son gente que sufre. Está claro que hace falta mucha, mucha, mucha educación en esta materia».


En una de las terapias a cielo abierto, dos compañeras presionan a Cameron para que hable de la chica con la que tuvo relación porque ven que solo es capaz de callar y alucinar con lo que ve y escucha. Así que dice:

—De acuerdo. Se llamaba Coley. —baja la cabeza— Estábamos en el mismo estudio bíblico. […]

—¿Cómo era ella?

—[…] ella era perfecta […] pero no egocéntrica […] ya saben, de ese tipo de persona que, sin importar quién seas, querrías ser su amigo.

Y todos callan, intuyendo, dando por buenas sus palabras, por lo que la monitora interviene:

—Se dice que los caníbales solo devoran a los enemigos que admiran como una forma de hacer propias sus mejores cualidades.

Que es una forma asquerosa de darle la vuelta al sentimiento de atracción entre dos, expresado con sinceridad.
El peor momento de la peli sentí un crujido interno sería la escena traumática donde Mark trata de amputar lo que le define como hombre. Algo que tantas veces recorre mi cabeza.

El mejor está disponible en un clip en youtube: Cameron pone alegría entre sus compis acompañando una fantástica canción de la radio y, en respuesta, la encargada —esta que se cree por encima de los caníbales— le entrega una carta envenenada para que sufra y no se venga tan arriba alborotando el gallinero.

Los corazones más bondadosos palpitan contra todo pronóstico en los cuerpos y mentes menos imaginables. No son exclusivos de una raza, sexo o religión.



No es la religión lo que lleva a una persona a besar la cruz y pasar las cuentas del rosario dejando la mente en trance para luego hacer daño al prójimo. Recuerdo una misa de domingo en que una mujer con dificultades pedía permiso a otra para sentarse en su mismo banco. La envió a buscar sitio en otra parte con cajas destempladas. Después, como pésima cristiana, con el alma bien sucia tomó el cuerpo de Cristo. Para ella, igual que zamparse una oblea dulce o la bolsa entera.


Por otra parte tenemos una historia similar con Garrad Conley. Su libro «Boy Erased» da lugar a la película «Identidad robada», donde cuenta cómo, siendo hijo de un pastor baptista, es enviado al centro «Love in Action» para ser rehabilitado entre hostias y oraciones de su «enfermedad». Esos sitios, gobernados por gays arrepentidos y promocionados a caciques de Dios, se creen tan autorizados como para buscar tu conversión a su limitado, y en teoría sano, mundo binario sin pensar que para ello primero tienen que destruirte. ¿Solo dos cuando la medicina también reconoce que hay más de dos sexos? Y aunque así fuera, hay diversos factores añadidos que conforman múltiples variaciones. 

Pero volviendo a la peli, Helen, compañera de Cameron, dice:

—No rezaré para que Dios me cambie porque Dios no comete errores.

Que significa: Dios decide todo en cuanto se conocen óvulo/s y espermatozoide/s y la genética no tiene nada que decir. Decide también qué enfermedad arrebatará en pocos años a bebés inocentes de cualquier pareja, hayan sido bautizados o no. Pero no dirá por qué ni para qué. De hecho no ha vuelto a decir nada en 2000 años. O quizá no ha parado de hablar y estamos distraídos o no queremos escucharle. Usted elije.

Creo que va siendo hora de afrontarlo. Al principio, en la época menos transparente de la humanidad, los sagrados conocimientos fueron transcritos a mano durante 1400 años. En ese tiempo surgió el cielo y el infierno, el purgatorio, el crimen y el castigo, la culpa y el pecado, el diluvio, Adán y Eva, la muerte de la higuera que no daba fruto fuera de temporada, etc… Y sigo sin tener claro si todo lo escrito fue dictado a la oreja, interpretado o deducido por los discípulos, ni por qué hay versiones. En cualquier caso, no estaba por entonces prevista otra tierra que no fuera plana, otra explicación para la vida que no fuera divina, otras sexualidades, la evolución de las especies… ni se conocían importantes aspectos sobre el tiempo, el espacio y el universo. Toda la ciencia conocida es como un magnífico puzzle lineal que vamos completando y resulta muy complejo encajar cuanto se dice en una biblia inmutable. Solo una fe ciega a la par que visionaria será capaz de conformarse creando las piezas exactas..



Mi experiencia con el sacerdote

A mí también me recomendaron hablar con un sacerdote porque sería bueno para mí. Y no me hace mal. No sé si mejor, pero temo que le hago perder el tiempo. Reconozco que algún tiempo me he sentido mejor persona, diferente, principiante de buen cristiano y hasta he borrado entradas poco católicas de este blog. ¿Por qué sigo entonces? ¿Será porque no tengo amigos para sentarme a su lado y hablar? ¿Hablaría igual con un amigo? No sé nada de nada. Critico y luego me valgo de medios similares, sí, pero siendo adulto, yendo por propia voluntad, con una finalidad desconocida pero diferente y siempre libre para abandonar. Lo primero que me recomendó, en vista de lo verde que estaba, fue un catecismo que parecía el María Moliner aunado en un solo tomo. No lo llevé a casa. A pesar de todo, hablamos de Dios:

Tienes que ver a Dios como a un padre. Un padre siempre perdona a sus hijos.

—Pues no sé qué decirte. Yo tenía demasiado miedo a mi padre. Su cara enfurecida era más la de un padre que va a partirte la crisma que a perdonarte por romperle el casete o el vídeo, y no te digo cuando casi prendo fuego a la casa.

Se remueve en su sofá. Parece que no sabe cómo sentarse para estar cómodo. No sé si le pongo incómodo. No es mi intención. Miro sus zapatos negros, calcetines negros, sotana negra. Cuánta oscuridad viste a quien habla de una luz tan pura.

Bueno, los padres también tienen sus días difíciles y la actitud del hijo al pedir perdón también influye, pero un padre...

—Pues justo el momento de la casa llena de humo no era el mejor momento, así que salí corriendo de casa advirtiéndoles que se me había caído una cerilla sobre el tapete de la mesa y como soy miope y por entonces no me ponía las gafas...

A ver, nos estamos desviando del asunto. —levanta la mano en señal de STOP— Tú piensa que Dios siempre lo ve todo, que nos ama y nos escucha cuando hablamos con él y además nos contesta.

Hace pausas y termina con una más larga para que asimile los contenidos pero, a decir verdad, me quedo en blanco esperando que tome la iniciativa. Y la toma:

¿Ya has hablado con ÉL como te dije?

—Ssssii —es un sí flojito, inseguro. Decir mentiras es algo realmente repugnante. Apesta y confunde. Y para alguien tan torpe como yo en las conversaciones es además nada recomendable. Que vamos, yo no había tratado de hablar con… Dios.

¿Y te ha contestado?

—(Ostras, esta pregunta no me la esperaba) Bueno...

Y creo que debería poner muchos más puntos suspensivos para describir lo poco claro que lo tenía. Pero respondo:

—Sí, sí que me ha respondido, ¡pero no con palabras! ¿Te imaginas? SOY DIOS, HIJO MÍO. Vamos, escucho eso en mi cabeza y me cago encima. ¿Tú le oyes hablar con palabras?

Jaaaa, jajajajaa —el hombre se ríe y me explica que no, que sucede de otra manera: se sabe, se siente, tarda en llegar, hay que trabajarlo. Está sudando y no puedo por menos que preguntarle:

—¿Cómo puedes aguantar el calor con toda esa ropa negra...? Además atrae la radiación solar y...

No te creas... —estira y toca sus telas— Luego es muy... finita, mira. Toca.

Y yo toco. Con miedo, pero toco y miro de cerca la tela de la sotana. Sí, parece fina. Y baratera. Aunque no lo será, porque añade:

Además tiene la ventaja de que no necesita planchado. Si un día estás de viaje la puedes lavar, la cuelgas y se seca y queda estirada muy bien.

No soy capaz de creerlo.

Otro día, cuando la conversación se detuvo, me preguntó:

¿Y la pureza?

De verdad, con tan poca información no llego. Cuando la gente me da poca información acostumbro imaginar cosas por completo diferentes a las supuestas. Como cuando un día me detiene el jefe, bajo la ventanilla y pregunta si sé algo de los automáticos. Y yo callado pienso en autómatas sin llegar a entender nada. Añade, por toda aclaración, que no arranca. Miro cómo se masajea el michelín y trato de recordar algún mecanismo automático. Se da la vuelta y se aleja. Sigo adelante por el garaje hasta aparcar en mi plaza. Al salir y volver a pie ya comprendí la pregunta. Había un coche automático de un vecino que no arrancaba.

Pero estaba con la pregunta sobre la pureza. Y tela lo que pone el diccionario:

f. Ausencia de mezcla con otra cosa: la pureza del aire de la sierra te sentará muy bien. || Ausencia de imperfecciones: este diamante es de gran pureza. || Virginidad: la pureza de la Virgen es algo sagrado entre los católicos. || Inocencia en todo lo relativo al sexo: la pureza de los niños.
© Espasa Calpe, S.A.

Pregunto:

—¿Pureza? ¿Qué pureza?

Pues hombre, ya sabes, las mujeres...

—¿La pureza de las mujeres?

Noooo, a ver. Cómo decirte. —miró hacia arriba como pidiendo socorro y explicó— Que si miras a otras mujeres, piensas en mujeres...

—No. Yo no voy como un salido que babea al cruzarse con una mujer, pero sí que miro.

Pues eso es lo que NO tienes que hacer. Tienes que guardar la vista.

—Uy. Eso suena muy... me recuerda lo de si tu ojo...

Es que no es por causa del ojo, sino por los pensamientos impuros... —bla, blah, bla, breve aclaración del tema. Luego se explica de p.madre, la verdad. O soy facilón. O tardo en descreer.

Madre mía. Como para decirle que a veces me parece como si fuera una mujer en el cuerpo de un hombre poco masculino que pone especial interés en perfiles andróginos del tipo Laura Pergolizzi. Me parece que le dije una mentira de las grandes y sin ser consciente. Quizá eso sea un atenuante y me rebajen la condena. De todas formas… ¿quién no piensa en otras personas para bien o para mal?


En otra ocasión le hablé de mi anorexia nerviosa y llegó la siguiente pregunta:

¿Y cómo te va con la comida?

—Pues estaba yo pensando que va a ser Viernes Santo y tendré que hacer abstinencia. No voy a tener ningún probl...

Quita, quiiiiita, quitaaaaaa —y hace un gesto con la mano tipo «ven pacá, moreno, que te vas a enterar», así, como el juego del traga bolas, moviendo la muñeca de arriba a abajo—. En tu caso la penitencia va a ser comer, así que nada de abstinencia. Tú tienes que comer. Siiii, sí, sí, sí.

Cuando le conté esto a mi mujer rio de lo lindo, cerrando los ojos y echando la cabeza atrás y luego adelante. Como partiéndose al medio. Qué cosas. El hombre también reía mientras le contaba cómo hacía para poner poca leche y mucha agua con el café en polvo. Se puso serio al llegar a la parte del grave disgusto que supuso por entonces para mi esposa. Es lo que tiene hablar de temas que se desconocen. No sé las demás personas que superaron su anorexia, pero en mi cabeza no hay día que no piense en ello, en la grasa bajo mi piel y en lo horrible que es esta enfermedad. Es muy serio.

En fin.

Va haciendo demasiado frío. Voy a salir del Iceberg, pero no para subir a bordo del abarrotado transatlántico de la familia, la sociedad y los amigos.

Tomaré un tranquilo velero que me lleve a un puerto cálido. Y en tierra firme, por esos caminos de Dios, tropezaré, como siempre torpe, con una piedra que asome siendo parte de roca o montaña. Así, por fin, seré otro canto rodado, grava o arena, barro o como mínimo polvo y, si he de ser polvo, que al menos sea polvo enamorado.