"¿Porqué no se caerán padentro las lágrima?
¿Porqué no se caerán en un baldesito atrá de los ojo así uno despué las tira en otra parte pa'que nadie lo vea?"

A veces no lo uno. Ni lo otro.
Era verano. No era ni siquiera adolescente.
Plantado en el sillón con mi pantalón corto.
El ambiente, cerca del mar, es más salado cuanto más cerca.
A veces parece escaparse el salitre del agua.
El viento fresco entre lloviznas por Hondarribia agridulces, en gotas de esa mar, de nubes a gris ligero.
Pero el sofá y, aunque fuera no llueve, la humedad se posa en la piel.
Mi cuerpo no conoce los sofocos de la pasión aún.
En la tele siempre contando lo de siempre.
Mi prima tiene calor. Ella es mayor. Lo bastante para “saberlo todo”. Discute en inglés con su familia: “You...!” “Nou, nou...!”
Awachiperri tasunblonde neverender. No entiendo ni papa.
Todos aprendieron inglés americano excepto el primo pequeño. Él nació norteamericano.
El americano se ríe de su hermana, pues se volvió euskalduna de pura cepa. Mix de apellidos castellanos y vascos. No tan de raza, quizá.
Pero sofá, tele y cálido ambiente de verano familiar. Un niño extraño en la casona de madera por la plaza del vicario, que ya no lo es.
Mi prima lleva un vestido, ahora supongo que ligero, ahora imagino justo para sudar lo justo. Se sienta al otro lado, teléfono fijo en mano. El móvil no se inventó.
En su lado del sofá, sobre el reposabrazos derecho, el codo derecho. Coloca las piernas para su comodidad. Observo. Veo entre una y otra algo desconocido.
Siempre observo fijo cuando observo. Es una costumbre que incomoda. Aún hoy no lo aprendí. No lo controlo muchas ocasiones.
Es la pita de mi prima. Igual que su mano, su pelo. Todo es bonito, imberbe, simple e incoloro a ciertas edades.
Jaja sin gracia. Sin más. ¿Por qué? ¿No se da cuenta? ¿Importa? Me da lo mismo.
Vuelvo a la tele. Me pregunto. Vuelvo de reojo. ¿Cómo es? Luego vuelvo la mirada fija. Son pliegues de piel sin más. Lo mismo que hay entre dos dedos juntos.
Nada.
La información puede estar en su cara, pero no la encuentro. Habla y nada más. Tonos de voz que no conecto con nada aprendido. Algo de gestos huecos donde apoya su sentido.
Todo está bien o... ¿algo está mal?
Cuelga por fin. Me dice no sé cuál cosa. No contesto lo que no comprendo.
Aún hoy. Espero y ya.
Leí una pequeña historia de “El Tomi” titulada “La ventana”, de "Polenta con Pajaritos".
Trata del amor a los perros.
Del obligado “los chicos no lloran”.
Del despertar a la sexualidad.
La he coloreado en acuarela con iA
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