¿Qué será? Si sabe fatal. Los sabores amargos son tremendos. Y los ácidos.
Pruebas un sorbo de güisqui y..., supongo, quedas embriagado al instante.
Como el ron, el vodka o el aguardiente —que, al fin y al cabo, vienen a ser lo mismo—, todo eso parece basar su prestigio en los grados.
¿Es eso? Pregunto.
Deprimentes: el alcohol, la heroína o la marihuana. Perturbadores: el LSD y su prima, la mescalina. Estimulantes: la cocaína, la cafeína, las anfetaminas y, cómo no, la nicotina.
También nos volvemos adictos a la musculación o a la delgadez. Aceptamos cada kilogramo de más como una derrota o lo castigamos hasta perseguir la delgadez de un cadáver.
¿Por qué será?
Atravesamos la vida recurriendo a algunos de esos remedios que otros llaman flojera, debilidad o falta de voluntad. Y yo quisiera averiguar por qué.
¿Será por un dolor nuevo o por uno antiguo?
¿Se trata de algo físico o mental?
¿No sabemos manejar nuestros propios interruptores internos y la química es el mejor remedio..., o el único?
Necesitamos mirarnos al espejo, pero no queremos. Tememos encontrar el reflejo vacío del vampiro o, lo que viene a ser lo mismo, una presencia que ya no reconocemos.
Sea por lo que sea, a veces un mal trago —uno amargo— es lo único que esta vida tan «mágica» nos ofrece. Para algunas personas no ocurre solo algunas veces, sino todos y cada uno de los días. Y eso, al final, termina matando.
Son muchas las delicias que aceleran nuestro paso por este paraíso. Quizá correr para llegar antes al final, ya que detenerse no es posible, parezca mejor alternativa que caminar. Así no queda tiempo para probar la manzana, sembrar su semilla, regarla y cuidarla mientras se transforma en un árbol recto... o torcido. Eso ya dependerá, en parte, de... fa, fe, fi... filosofía barata.
Beber güisqui, espirituosa bebida, puede ser un placer. Pruebe usted un Tomatin, que resulta bastante asequible. Y quien tenga un rato libre, que me explique el significado de «espirituosa» de una forma que hasta un alelado como yo pueda comprender.
¿No será que lo que se desvanece es el espíritu cuando nos embriagamos..., aunque sea «così poco»?
La vida moderna es intensa, ruidosa, insaciable, injusta, perversa, falsa y superficial.
La sociedad actual resulta inaccesible, inhabitable, negligente: un inmenso desperdicio levantado sobre un despilfarro descomunal. Una sociedad tan convencida de sí misma que se arroga el derecho de llamar inadaptados e incapaces a algunos de nosotros.
Un número incalculable de personas convertidas en simples unidades biomóviles: nada smart, nada agradables, nada amables, nada buenas, pero rebosantes de ambiciones, de ínfulas y de podredumbre. Personas que, en grupo, producen efectos cáusticos y que, aisladas en mitad de la naturaleza, dejan al descubierto un paisaje lleno de huecos.
¿Será esta la vida?
¿Hay que tragársela para consumirla entera?
No lo sé.
No sé qué será...
...ni si merecerá la pena saberlo.

