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| Ilustración de Henry Darger para su libro marginal de 15.143 páginas titulado "La Historia de las Vivians" o "Los Reinos de lo Irreal". |
Las reglas existen. Hay medidas en las que no encajo. Hay listas blancas
que no conocen mi nombre y listados negros que tampoco.
Hay básculas que no encuentran mi peso y médicos que no calculan la hipotenusa de mis emociones.
Yo vivo explorando zonas de una mente y en ellas muero cuando las abandono. Ignoro si destruyo neuronas o escapan de unos lugares a otros.
Hay básculas que no encuentran mi peso y médicos que no calculan la hipotenusa de mis emociones.
Yo vivo explorando zonas de una mente y en ellas muero cuando las abandono. Ignoro si destruyo neuronas o escapan de unos lugares a otros.
Hay redes que no me atrapan, pero persiguen. Hay policía y delincuentes
corriendo en bucles en torno al edificio cobijo, inerme y asolado, del
cual nunca salgo. Y uniformes, armas y órdenes que no acataré, ni vestiré,
ni dispararé. Hay presidiarios en dementes cerebros y vigilantes del libro
tibetano de los muertos.
Hay normas que no comprendo aunque lo intento. Formularios que no sé
rellenar. Hay grupos a los que no quiero pertenecer. Equipos en los que no
sé encajar. Y lazos de unión cuyo manejo no puedo asimilar. Hay dolor e
insultos que devuelvo a su bruto originario. Hay gemidos que grito cuando
me piden silencio y llantos que callo si esperan escucharlos.
Hay rejas y cerraduras con candados oxidados; dejan camino libre a
escaleras telarañadas bajo un polvo de siglos, oliendo a húmedo viejo
enmohecido. Suben a áticos de miseria prensada y luz oscura. Paso a través
de ellas y confío en que nada será peor que lo vivido. Encuentro
sufrimiento y percusión en la cabeza y salto al vacío que siempre ofrece
un destino alternativo.
Hay límites que siempre yerran y, si se transgreden, muestran verdades
válidas maniatadas y a la vez contrapuestas. Hay topes que ya no recuerdo
y recuerdos que no quiero tener. Soy el éxito de un actor improvisado y
decepciono si me ponen ante un público entregado. No soy ese que ven ni sé
por qué ven lo que no soy ni por qué no muestro quién.
Hay fronteras y divisiones para sitios a los que no quiero ir. No hay
forma de ir donde sí quisiera estar. Hay sanciones que no se cumplen por
igual y derechos y obligaciones que no se reparten con equidad. Hay
látigos que golpean sin parar y carne que se abre para sangrar por
lágrimas secas que no se pudieron mostrar.
Hay cuatro márgenes en mi papel y quiero escribir fuera de todos ellos la
puta realidad. Hay horarios que cumplir y no puedo verlos en mi reloj al
dormir. Habrá otros con su otro yo y no sé si soy el único que es multitud
o uno más entre tantos moradores de auto-infringida esclavitud.
Y eso, cadenas hay que atan costumbres. Y eso, raíces que sujetan pies
desollados por escapar. Y eso, cárceles que no me gusta nada visitar. Y
presos, árboles, barrotes, modales y amaneramientos por los que nos pueden
señalar. Y eso, señales que cumplir hay. Y eso, leyes, políticos y
mentiras por encima de una verdad que debería ser la top, la no va más y
la soberana total de nuestra sinceridad, pero no la mierda típica de sucia
mezquindad.
Y me canso de encontrar barreras que no me dejan salir, batidos que me
quieren encasillar en tallas que no deseo alcanzar, como me cansa la ropa,
zapatos, complementos que aprietan, sujetan y tapan el cuerpo del niño
asustado que nunca quiere ver nada cambiar.
Voy a cortar para terminar una ola de libre blablablá, aunque quisiera
poder inundar mil hojas que tuvieran vida en el más allá de la cotidiana
estanqueidad, de la rutina que necesito y ni siquiera soy capaz de
notar.
