"El arte de verdad es capaz de dar voz a las partes mudas de nuestras
vidas" Shaun Tan
No conozco la nomenclatura ni tengo los conceptos de una profesional en
psicología.
No pido ayuda porque no es posible pedir ayuda.
Solo estoy ... loco.
Siempre, desde siempre. Eso dijo Él.
El otro él, viéndome crecer desde pequeño. Rarito primero. Chiflado
después.
Gracias a Él, ahora sí, tuvo un hijo normal y de hijas más en cantidad y
más normales si cabe. Yo, solo yo, nací con este cerebro tormentoso. Adalid
iniciático del orgullo loco.
Oigo hablar de deprimidos adolescentes y he recordado.
Dicen son difíciles de diagnosticar y uno de sus síntomas puede ser el
aislamiento. El silencio. El llanto. No querer salir ni relacionarse con sus
iguales.
Todo mentiras. Lo que quieres no es en general lo que consigues ni sabes
cómo alcanzarlo.
¿ Intentarlo ? Sería fijar metas lejanas. Imaginas llegar a verlas y son
borrones, zonas oscuras o llenas de dudas. Es lo que trae la necesidad de
anticipar, planear para evitar sorpresas. Eso si tienes la suerte de
conocer tus deseos internos. Incluso con esa fortuna no coinciden con lo que necesitas o más te conviene.
De garantía es lo que tienes en tu mano. Un yo sin objetivos rodeado de
objetos. Las cosas no mienten. La sociedad en cambio tergiversa los caminos
y, cuando no puedes ver, caes de bruces sobre las babas de tu propio llanto.
Un llanto inaudible pero bien profundo donde implosiona el cerebro
empujándote a ...
A los 15, los 16 años debería llegarse a la cima de la felicidad. Con
hormonas que nos ponen a tope en esa edad, todo vívido, al 500 por
cien. Esos periodos en los que ni siquiera somos capaces de poner en valor
nuestras vidas, arriesgando todo por o para nada, probando lo negado, lo que
esté más a mano sin consideraciones ni reflexiones filosóficas de
mierda.
Por igual exacerbada, la depresión puede convertirse en un infierno
insufrible, extenso y sin fin aparente. No se piensa en llegar a mayor, en
el porvenir ni el sembrar aunque nos taladren con esos consejos
paternalistas.
Pregúntate qué falló si esa criatura se quitó la vida en su mejor-peor
momento. O si continuó viviendo, de dónde provino la sombra en torno a sus
ojos. Cómo resultó que su sonrisa era tan cara de hallar. O qué hacía en su
tiempo libre para fracasar en la escuela año, tras año, tras año desde los 6
años a pesar de casi no salir de su habitación.
Muchos días encontraba qué hacer en casa. El agua infinita corriendo en
el lavabo por mis manos. Un coche detrás de otro, detrás de otro, detrás
de otro. Qué interesante alineación. Qué preciosidad matemática. Cuánta
paciencia. El tiempo marchando a contar sus segundos a la frontera
exterior.
El niño es así. Pero por raro que pueda ser, crece como crece su entorno
y este chico coge temor, odio a los otros chicos. Iguales o mayores. Miedo a quitarse la ropa ante otros y asco por su propia sexualidad.
También querrán jugar y reír con sus genitales. Terror. No saber qué
hacer, cómo responder. Y quién sabe si existe motivo.
¿ Se desnuda el loco fruto de su locura ?
¿ Se suicida en un momento
de lucidez o de horror ?
¿ Se autolesiona cuando no es capaz de hacerlo ?
Mi adolescencia fue incolora. Con tufo a muerte. Cogí papel y
costumbre por escribir. Sobre el vacío, sobre la nada. La melancolía, el
desencanto y el disgusto. El desagrado por no comprender. Las personas, mi
diferencia. Buscándola a oscuras con un cerebro normal hasta reconocer ese
órgano de incuestionable anormalidad.
Me desagrada remover entre aquellos años. Quizá la adolescencia se retrasó
y nunca llegó la adultez.
Pregunten a sus adolescencias dormidas. Cuenten aquí, a esa nada. Nada les
será respondido.
El mundo social es una continua celebración. Una fiesta de las
mentiras que disfrutan en mayor medida sus principales
invitados. Parece que en su mayoría mis disfraces para la fiesta siguen siendo
equivocados.
Creo en la habitación apartada, en la columna, la esquina.
Elijo faltar a las verbenas, hacer hueco para la muchedumbre.
Ausentarme de relaciones, de familias.
Traté de ser amigo pero ya no recuerdo qué supone.
Ni quiero.
Lego mi asiento en el cine. Cedo mi turno en el bus.
Callo hasta la
ruina mi aumento de sueldo.
Busco la cola sin cola, la puerta abierta y
la ventana no.
El eclipse en el centro de luces cegadoras.
Se ríen de mi. Sé que ríen como brutos. Como hienas. Blandiendo lenguas tan
bífidas como el sentido de sus palabras. Amenazando con garras tras clavar
tan hondo sus dientes como el último predador que conocerás.
Así pues ...
... seco mi cerebro de afecto y los ojos también secan.
Saco mi ropa en la ducha y solo el agua, nada más que el agua, se
convierte en mi pasión final. Transparente, cálida, purificante. Ajustada a mi forma. Acude acariciando la piel y se retira de inmediato.
Calma esta sed sin pedir nada a cambio.
Cuántas veces, fuera, hecho de menos morir dentro de aquella adolescencia
tan capaz.