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miércoles, 1 de abril de 2026

Darlo todo con agrado

“En lo más oscuro del invierno aprendí por fin que dentro de mí hay un verano invencible.”Albert Camus

Amiga, te dedico estas palabras tuyas.

Espero que te remuevan y te sientas en ellas y que, en estos 13 años, hayas encontrado la magia entre los ángeles de la guarda y la suerte tenga llena su cesta.

Os quiero a los dos, siempre desde un querer lejano, casi pretencioso por aspirar a más de lo que me es debido.

17-ENERO-2013

Hace tiempo que no escudriño en los rincones de mi alma… eso, si es que tengo alma. Siento que ya no puedo sostener los mundos felices que he creado para otros. Todo me pesa, y no porque me arrepienta de nada, sino porque creí que sería capaz de más y ahora descubro que no… que no tanto.

No me autoflagelo ni me castigo emocionalmente, pero necesito desahogarme. Necesito gritar que no puedo más. Y, al mismo tiempo, me doy cuenta de que, de algún modo, sí voy pudiendo, a pesar del dolor que dejan ciertas sacudidas; sobre todo cuando vienen de quien menos deseas que vengan.

Entonces comprendo que se me escapan muchas cosas, que por más que lo intente, apenas puedo hacer nada con determinadas personas. Y muchas veces ni siquiera es por lo que me duele a mí, sino por cómo todo termina salpicando a quienes quiero.

Un día escribí sobre lo útil que era tener una burbuja en la que evadirse, pero hay momentos en que la burbuja se pincha: entra lo malo y se escapa lo poco bueno que había.

He querido abarcar más de lo que puedo. He intentado mantener al margen de los problemas a quien, cómodamente, se aprovechó de ello. Y luego descubro que eso hace que muchas cosas se vuelvan contra mí: contra lo que me gustaría sentir y contra lo que, al final, termino sintiendo.

Mi lado oscuro me susurra y me desanima; mi lado luminoso se rebela; y el lado neutro me apaga. A veces me gustaría permanecer apagada durante mucho tiempo, despertar en otra época donde, pasara lo que pasara, nada dependiera de mí.

No me sirve empezar de cero —cometería los mismos errores—, pero no me importaría seguir adelante de otra manera.

Sé que, con todo y a pesar de todo, soy una privilegiada. Quizá sea casi un pecado quejarme, pero me quejo de lo anodino, de lo neutro, de no poder rebelarme contra ciertas personas y sus actos, por distintos motivos. Y eso repercute en mi ánimo, en la forma en que afronto las cosas.

Pero no puedo —ni debo— culpar a nadie. Todo es cosa mía. Este es mi grito ahogado, y no quiero que me anule por completo.

No tengo demasiadas ganas de escribir ni de hablar, porque temo transmitir mis miedos, mi desgana, mi desidia, mi hartura… Mis ánimos me suenan huecos, vacíos, falsos, y sé que no es así, que yo no soy así. Lo sé porque, aunque a veces mienta, nunca lo he hecho en eso: nunca he sido deshonesta con mis emociones. Me parece algo demasiado serio. Por eso, cuando no quiero decir algo, prefiero callar; y cuando lo digo, es porque lo siento de verdad.

Me daré un tiempo. Un tiempo para que, en el boceto de mi vida y en la de quienes la habitan, haya la menor cantidad posible de grises; para que, si tenemos que dar rodeos en lugar de avanzar en línea recta hacia lo que deseamos, no acabemos mareados, sino aprendiendo a disfrutar del paisaje.

Quizá, porque no quiero nada para mí, he querido demasiado para otros. Y hay veces en que la magia no aparece, en que los ángeles de la guarda descansan y la suerte se ha ido de pesca a otros lugares.

domingo, 4 de mayo de 2025

Lo que yo querría para el día de la madre


Me lo pregunta mi hijo. No sé qué contestarle. Le digo que un plan chulo con él y su padre, pero lo digo por decir. Él insiste. Un plan, no. Un regalo. ¿Un regalo? No se me ocurre, no necesito nada.

La pregunta se queda dando vueltas en mi cabeza. Qué quiero para el día de la madre.

Y la respuesta llega de forma súbita y clara.

Estar con la mía. Volver a ser niña otra vez. Que ella tome las riendas un rato. Dejarme llevar. Aburrirme. Improvisar.

Estar con la mía, sí. Con mi madre y con sus amigas. Me he leído estos días Nuestras madres, de Gemma Ruiz Palá, y me han entrado unas ganas enormes de pasar tiempo con ellas, que saben disfrutar tanto de estar juntas. Quiero preguntarles cuáles fueron sus renuncias, sus sueños no cumplidos, pero también quiero saber de sus aprendizajes, de sus alegrías. Las de ahora y las que lograron arañar entonces. A veces tengo la sensación de que yo, que cuento con un montón de privilegios que ellas no tuvieron —un empleo fijo y bien remunerado, una pareja corresponsable, algo de tiempo libre para mi autocuidado sin sensación de culpa—, sufro más este trabajo considerado, sin más, amor.

¿O quizás es que me quejo más porque mis expectativas son otras?

Cuando me desespero con mi hijo porque creo que no está valorando mis pequeños-grandes sacrificios cotidianos, por qué no veo a mi yo-niña que también daba por supuesto que se lo merecía todo. Y qué bien que sea así, que fuera así. Vivir la seguridad del amor incondicional en la primera infancia es crucial para el desarrollo emocional. El tiempo de agradecer y devolver llega más tarde.

Aunque con las figuras maternas quizás nunca. Porque con mi madre, muchas veces, sigo dejándome caer, dejándome cuidar, dejándome ser quien se pone en primer lugar.

Pero si, como se suele decir, la naturaleza sigue su curso, llegará el día en que mi madre, sí o sí, será quien necesite ser cuidada y mimada. Y yo querré estar ahí para devolverle un poco de tanto. Y entonces me arrepentiré de no haberlo hecho antes. No sólo de no haberle agradecido y devuelto lo que se merece, sino de no haberla conocido, en toda su amplitud y no sólo como madre.

Porque nuestras madres tienen sus historias. De eso precisamente va Nuestras madres. De historias poco contadas de mujeres nacidas en la dictadura que renunciaron a sus sueños para que nosotras, sus hijas, pudiéramos escoger qué caminos tomar. Emma Rodríguez enlaza su lectura con la de un ensayo de Susan Griffin —pionera del ecofeminismo—, en el que esta autora se pregunta el porqué de tantas historias silenciadas y llama a que las mujeres se cuenten sus historias entre ellas. «Sobrevivimos al escuchar», afirma.

Y yo, como la Mireia del libro, me doy cuenta de que he admirado a otras mujeres, a quienes he tomado como referentes feministas, y me he olvidado de mi madre cocinando por las noches la comida del día siguiente, alternando trabajo en casa y fuera de casa 24/7 —pues sus «ratos libres» consistían en coser ropa para toda la familia mientras escuchaba la radio o en «hacer recados»—, las caras de asco que le pusimos a casi todas las comidas, cómo me enfadó que le diera por estudiar un posgrado por las tardes en vez de quedarse en casa, su renuncia después a arriesgarse a dejar su empleo —fijo, aunque mal pagado y menos aún reconocido; también por mí misma, que alguna vez me avergoncé de tener una madre costurera— por un futuro incierto como orientadora familiar —qué cosas, a eso me he acabado dedicando yo—.

Y, sin embargo, ahí estaba también el disfrute de las pequeñas cosas, el enfrentarse a quien ayudaba en casa, pero no se corresponsabilizaba, el juntarse con otras y tener proyectos en común, el dejarnos tomar nuestras decisiones sin cuestionarnos nunca —gracias por ese «si es lo que tú eliges, hija, siempre será la decisión correcta»—, el desafiar los estereotipos de género siendo «la manitas» de la casa o el no dejar de encontrar pasiones a pesar de ir cumpliendo años.

Y sin duda todo eso forma parte de quien soy.

Pero no le he dado suficientemente las gracias. Y no he escuchado aún todas sus historias.

Por eso, de regalo, yo quiero irme de viaje con mi madre y sus amigas.

Extraído de "Amanece Metrópolis"

Irene Choya

Irene Choya es editora de la publicación periódica feminista La Madeja y forma parte del colectivo Cambalache. Vive en Oviedo (Asturias)

domingo, 2 de marzo de 2025

Amor en el cerebro

Ubicar el amor en el cerebro puede parecer poco romántico.

Por muy bonito que resulte, el corazón hace su oficio pulsando sangre pero, donde se obra la magia es en la química cerebral. Como en casi todo lo relativo al comportamiento humano. A veces unas hormonas por sí solas son capaces de alterar esa química transformándonos en ... otro, digamos.

Pues escuché la canción "Love in the brain", de Rihanna. Eso de amor en el cerebro me pareció como una oda al amor autista, a un posible hijo suyo en el espectro y ... nada más lejos de la realidad.

Según la crítica la canción habla de " ... un amante violento", posiblemente refiriéndose a Chris Brown después del muy publicitado caso de "violencia doméstica" de la pareja y el renovado romance años después."


Pero a mi eso no me interesa. Me quedo con la copla "amor cerebral, amor autista".

Nadie cree, en mi esfera de personas importantes, que yo tenga nada que ver con el autismo. Asumo suponen he buscado esto como refugio, explicación o salida a un problema, no de mis circuitos, sino más bien fruto de polinizar con internet una imaginación sesgada.

Pues bien, si esa es su opinión, se la guarden donde ... se guardan las cosas ignoradas, increíbles, inconvenientes e imposibles. Tan imposibles como seguras como suelen tener sus opiniones quienes poseen la verdad absoluta.

Estamos rodeados de personas en el espectro y no hace falta que se nos caiga la mandíbula, se nos oiga gritar o repetir sonidos o palabras como un mantra, saltar y correr como para salir volando o se nos vea pasmaos mirando nada, sin habla ni hablando de un rollo insufrible para darse cuenta.

A estas alturas no necesito justificarme ni sumar pruebas anteriores a un diagnóstico bien profesional como el mío. De profesionales en autismo que, en efecto, han entrevistado a personas adultas que querían lucir el diagnóstico de "Asperger" al lado de un C.I. superior a la media. Adultas enfadadas por no conseguirlo para ir ... ¿ a la moda ? Por dios.

O quizá sí lo necesito.

Amor en materia gris. 

Resetea mi memoria, vuélveme niño. Cuando comience a aprender, a discurrir, a ver y oír, a jugar y a sentir lo que me rodea, a quienes me rodeen en esa ficción, volveré a ser yo. 

Seré de nuevo este que conocéis dentro de mi. O creéis conocer.

Otra vez por fuera tendréis al mismo crío guapo que pone coches en fila india hasta terminarlos, que se los mete en los ojos, que comprueba la suspensión de sus ruedas. 

Jugaré mis juegos conmigo, mi mejor amigo. Mis juegos de agua. De juntar una gota de colonia con unas gotas de agua reunidas en un mini charco y ver cómo la materia baila y hace formas. 

Hay tanto por descubrir ... pero siempre aparece alguien para decirme que todo está concebido. Que las matemáticas ya están inventadas y que mis ideas no son siempre buenas.

A ratos jugaré con algún crio o cría que me pongan al lado si también le gusta ver cómo caminan los muñequitos de plástico al dar golpecitos a la mesa con el puño. Como cualquier niño "raro" otra vez me colocaré en una columna del patio.

Uy, ya os escucho pensado, incluso diciendo "Antes era por los abusos, luego la anorexia y ahora esto otro, siempre con la misma historia."

¿ Y qué demonios quieres ? ¿ Que pase página ? ¿ Tú también lo pasaste mal ? Perfecto. Por eso hay campeonas y perdedoras. Y otras que no llegaron más lejos, no soportaron el dolor y se quitaron la vida. Así visto deberías tratarme con la  admiración debida a quienes sobreviven y alcanzan ciertas metas. Acepto que me digas inteligente pero muy poco lista. 

Intento pasar página pero son suficientes para formar un libro entero. Y mis páginas pringan. Pasan pegadas a trozos o se rasgan en silencio. Y apestan. 

Amor, no dudes de mi amor. 

No preguntes por cada sonido del móvil, no te inquietes si me pongo ambientador para oler mejor, si pongo una reseña amable a una peluquera que lo pidió.

Que sea una chapuza a tus ojos en comparación con otras parejas, vale.

Que sea frío, vale. Descuidado, vale. Pesado, también. Cansino, por supuesto. Interesado, lo admito. Egocéntrico, no cabe duda. ¿Modorro?, si tú lo dices seré. Ausente, sin interrogantes, lo siento y no sabes cómo. 

Que mi empatía no convence, no se la conoce ni se la espera ... joder. 

Si quieres añadir "tan solo de un tiempo a esta parte", no  lo comparto y me hace mucho daño escucharlo. 

Pero perdona.

Por no compartir mi dolor o hacerlo de manera que no comprendas.

Solo digo que te amo. No lo dudes aunque este amor sea ... 

"amor en el cerebro".

miércoles, 1 de enero de 2025

Ni gourmet ni nada de nada


Ver muchas películas puede servir, además de para pasar ratos, desgastar el tiempo, disolver posos, retirar costras, disparar llantos, levantar ampollas, encontrar fantasmas desconocidos, hallar traumas silenciosos, partirse de la risa… incluso, según los casos, para aprender lo nunca aprendido.

La película que hemos visto es A fuego lento en este país y, en origen, La passion de Dodin Bouffant. Si explicarla a alguien fuese necesario por mi parte, creo que no sabría hacerlo. Parece evidente: la cocina, los alimentos preparados por un chef de reconocido prestigio. No. No puedo decir: «Es una peli sobre cómo se trabaja en la alta cocina».

Es una película lenta, tranquila, donde abundan los detalles, la belleza, el amor y el cariño.

Ambientada en 1885, cuando no había… no, tampoco es correcto: cuando no hacían falta pantallas, automóviles, teléfonos ni tantos otros elementos brindados por el progreso de la vida moderna, que no es sino el camino de regreso más terrible y rudo imaginable hacia algo bastante menos atractivo que ese antiguo modo de vida.
En realidad, ¿hicieron falta alguna vez?

La musa saltó: «Tenemos que escribir sobre esto».

Me pareció que la película no hablaba sobre cocina, y en ningún momento que Eugénie, la cocinera perfecta de un chef magistral, estuviera mostrando cómo realizar recetas. Yo creí ver en la permanente sonrisa de ella un tipo de felicidad cada vez menos frecuente. Creí ver a una niña aprendiz, Pauline, a la que se le iluminaba la carita —un primor— probando los platos. En el chef, Dodin, vi a un hombre que trataba a Violette, la ayudante, de forma despreciable, pero mostrándose siempre muy enamorado de y preocupado por Eugénie.

Me perdí cuando Eugénie pregunta a su compañero, después de veinte años de convivencia, si ha sido su cocinera o su amante. Él responde: «Mi cocinera», y… ambos se regocijan.

Me dolió compararme con él y su amor y preocupación por ella. Creo que nunca he sabido demostrar algo así.

Nunca he sabido cocinar ni apreciar los buenos alimentos bien cocinados como es debido.

Así pues, no soy buen gourmet, ni llego a mal cocinero siquiera, ni mediano amante, ni nada de nada.

Tanto pararme a sentir siempre la nada alrededor me ha convertido en un ser insípido, que sabe hacer eso mismo: nada.
Que sabe dar lo que abunda en eso mismo: nada.
Capaz de mostrar aprecio hacia los demás, pero pareciendo que no valiese nada.
Que ama lo mismo que el beso frío de un abismo.

Ojalá no hubiera visto esta película.
Ojalá, en lugar de mis lamentos, hubiese aprendido algo para llevar a esa nada.

martes, 1 de octubre de 2024

Un chico en el cubo de basura


Imagina, recuerda según tu caso, un cubo de basura comunitario. Donde cada vecino o la persona de limpieza según tu caso, deposita su basura.

Retrocede, si puedes, a esa época antes de separar para reciclar.

Suponte por un momento dentro de uno de esos cubos y te cuento mi historia. 

Pero antes te pregunto:
¿ Serías capaz de meterte dentro ? y ...
¿ Cuál sería tu reacción si te encontrases a un chico dentro de ese cubo de basura ?

Pues eso le sucedió a mi esposa.

Se encontró un joven de su edad, unos 21 años, metido dentro del cubo de basura donde echaba la bolsa de cada vecino del edificio donde, sin contrato, trabajaba como personal de limpieza.

El chaval estaba ahí plantao, de pié, sujetando una Pantera Rosa de peluche semejante a la de la imagen que abre este post.

Si no conoces la historia de "La Pantera Rosa" pues wikipedia te lo cuenta. Lo que no tendrás muy claro es su sexualidad pero ese es otro de los puntos interesantes del personaje. 

El caso es que a mi esposa le encantaba y ese chico tendió su regalo hacia ella, que parecía conocerle porque preguntó:

 ¿ Qué haces ahí metido ?

 Estoy aquí porque es como me siento. Como basura. Y quiero pedirte perdón.

 Anda, bobo, sal de ahí.

No recuerdo bien cómo conseguí meterme allá, con el asco tan tremendo que me da.

Tampoco recuerdo cual de tantas cosas malas que le he hecho a mi esposa fue la que me llevó a aquello.

Conservó su regalo hasta que casi se cae a cachos. 

Conserva aún aquél chaval si bien no tengo claro el motivo.

Porqué gusta a la gente este tipo de basura es cosa que tampoco comprendo, pero así es.

No hace mucho volví a sentirme como aquel chaval y, como basura que sigo siendo, ahora apesto más que entonces.

Ojalá esta basura, una vez muerta, florezca y altere su recuerdo en la memoria de los vivos.

Ojalá toda la basura del mundo dejara paso en la vida a otros seres con más luz y capacidad para amar y ser amados. Para comprender y ... si no fuera mucho pedir, ser comprendidos.

sábado, 12 de agosto de 2023

Embarazo no deseado

“Sometimes you don’t let yourself know what you know.”
― Emil Ferris, My Favorite Thing Is Monsters, Vol. 1


En una pareja convencional, con relaciones sexuales sin anticonceptivos, las criaturas vienen una tras otra en cantidades no siempre deseadas, desafiando los límites establecidos por la naturaleza y el tiempo.

Esto les pasó a mis padres.

Si mi madre hubiera podido decidirlo, no estaría escribiendo esto. Nada se perdería en este sentido por otra parte a la vista de la porquería literaria que ofrezco, por suerte, en escasa cantidad a una mucho más escasa cantidad de personas lectoras.

Pero vivo para contarlo y "I do it my way". Suerte de Sinatra que no le pusieron peros.

Sin embargo quiero comentar algo de reciente descubrimiento personal.

Leo "Lo que más me gusta son los monstruos" de Emil Ferris. Mi memoria funciona peor cada día. A pesar de los días transcurridos desde retirar de la biblioteca esta novela gráfica, aún debo mirar para recordar su nombre.

Elegí esta entre las cuatro máx. permitidas por ser tochuda y de bonitos dibujos. El socorrido método para equivocarse pero valiente desde lo gratuito.

Nota a Luciérnaga: tengo empezado tu "historias del arte" de  aldo urbano y va muy bien, gracias

Y dice algo así en castellano:

"Las personas que han sido amadas por sus madres no entenderán lo que voy a decir.

Hay palabras secretas y no pronunciadas que fluyen de una madre a su hijo. Comienzan cuando el niño está dentro de ella. Gracias a esas palabras secretas, el niño sentirá que la puerta del mundo está cerrada para él o que es bienvenido.

Para el niño que no es bienvenido siempre existe el impulso de complacer a la madre... y marcharse. Esta tentación les susurra toda la vida. Desequilibra su buen juicio. Les hace ignorar su intuición, bailar al borde del abismo..."

Tampoco me veo capaz de explicarlo mejor.

En este libro que seleccioné de manera intuitiva aparecen de nuevo los abusos sexuales en la infancia. Alguien opinará "tu vas buscándolos", pero no. No lo creo o más bien ... no soy consciente.

El libro habla de una mujer asesinada y se pone más interesante cuando su marido pone en marcha la cinta donde esta mujer cuenta su vida. De niña la envía su madre a hacer un "recado" llevando unos productos a un local. La niña nunca escuchó las secretas palabras de amor e, ignorando su buen juicio "Deja el paquete en la puerta, llama y huye" llamó y esperó.

Esta sensación de ignorar mi intuición y "bailar al borde del abismo" me ha acompañado siempre.

Jamás podré tener mejor juicio a pesar de mis intuiciones. Esperaré siempre lo peor y decidiré en función de eso. O elegiré la peor opción, la más dolorosa, la más extraña, perjudicial para mi salud o la de otras.

La ausencia de estas palabras secretas por parte de mi madre valdrá en mierda mi vida entera. 

Cuando lleve consigo para siempre ese mensaje de amor,
cuando ya no sea bueno para nadie
y todo pierda importancia en su tumba,
yo, madre, te llevaré entre flores mi tristeza,
mi rencor,
para que vayas tranquila donde quiera o
donde te quieran.

lunes, 10 de mayo de 2021

¿Qué es el amor?



Las fotos de estas rosas fueron capturadas en un oasis de pleno campo castellano. Exuberantes, enormes, llenas de perfume, vida, color ... 
... yo nunca la separaría de su tallo, su raíz, su todo, para verla agonizar sola en un vaso con agua y después contemplar su momificación colgando de un hilo.

No soy quien cuida de las flores. 
Soy quien las ve y aprecia esa hermosura tan longeva como mayo pero ignora sus nombres, sus cuántos, sus cómo o el porqué de sus necesidades.

Puedo amar las flores y acariciar la ortiga que asoma a ras de suelo.
Puedo sentir el dardo sin saber qué mal he hecho.
Puedo saberlo y no querer reconocerlo. 
Por tanto, puedo mentir si la mentira es cuento. 
Y si es "ruin habilidad meter mentira para sacar verdad" será culpa del ingenio pues "lo que es ingenioso está muy próximo a ser cierto". 

Habré engañado como anoréxico mentiroso que he sido pero seguiré mordiendo como pez con hambre el anzuelo fácil porque el mentir pide memoria, algo que dispongo solo para mis cosas más interesadas y particulares.

Entonces, un día quiero saber qué es el amor y no sé si es un don reservado para quienes dominan su memoria con amplitud o una bondad de gente afortunada como yo o quizá si ... 
... solo se concentra puro 
de la ortiga en su observar platónico 
a los pies del rosal.

Algunos dicen que el amor es un río que ahoga la caña aún tierna.

Otros que el amor es una cuchilla que hace sangrar tu alma.

Algunos dicen que el amor es un hambre, una necesidad interminable y dolorosa.

Yo digo que el amor es una flor y tú su única semilla.

El corazón que teme romperse es el que nunca aprende a bailar.

El sueño que tiene miedo a despertar es el que nunca se arriesga.

Es el que no quiere ser tomado el que parece no poder dar

y el alma con miedo a morir la que nunca aprende a vivir.

Cuando la noche sea demasiado solitaria y el camino demasiado largo

y pienses que el amor es sólo para los afortunados y los fuertes ...

tan solo recuerda:

Bajo las nieves amargas del invierno yace la semilla

que en primavera, con el amor del sol,

se transforma en rosa.



Bette Midler tributo a Janis Joplin - The rose

Some say love, it is a river
that drowns the tender reed.

Some say love, it is a razor
that leaves your soul to bleed.

Some say love, it is a hunger
an endless aching need.
I say love, it is a flower
and you, its only seed.
It's the heart, afraid of breaking
that never learns to dance.
It's the dream, afraid of waking
that never takes the chance.

It's the one who won't be taken
who cannot seem to give.
And the soul, afraid of dying
that never learns to live.
When the night has been too lonely
and the road has been too long
and you think that love is only
for the lucky and the strong ...

Just remember in the winter
far beneath the bitter snows
lies the seed that with the sun's love
in the spring becomes the rose.




miércoles, 21 de abril de 2021

Cassandra tiene novio.

"Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino." Carl Gustav Jung.


Beth, novia de adam, está sentada en penumbra hablando con su madre de marcharse a California con Adam. Su madre pregunta:

—¿Sabes lo que quieres?

—Mamá, sé que nunca va a ocurrir. Que nos miremos a los ojos y sepamos... exactamente, lo que el otro está pensando. Esa idea ni siquiera tendría sentido para él. Jamás me ha dicho que me quiere. Es más. No sé qué significado tendría si lo hiciera.—la madre responde:

—Ya ... sentirse amado es muy importante pero ... amar, mi querida niña, es una necesidad.—ella escucha un ruido y se vuelve. Adam lo ha oído.

—Mamá, tengo que colgar. Te llamo mañana.Adam se acerca y dice:

—Te quiero, Beth. 

Pueden ustedes dudar de su amor, pero no de su buena intención. Ella esboza una sonrisa y baja la mirada. Y le pregunta:

—Adam. ¿Porqué quieres que vaya a California contigo?

—¿Qué? No te comprendo.

—Por-Qué-Quieres-Que-Vaya. 

Adam no puede dar una respuesta inmediata. Tan solo escuchar la forma en que ha vuelto a preguntar le descoloca el pensamiento. Necesita, necesitamos, tiempo, comprender, adivinar sentimientos e ideas. Lo sabéis, pero tan solo con esa simple demora le ha dado a ella una respuesta. Vuelve a bajar la mirada con una actitud que creo no significa nada bueno. Pero Adam dice entonces:

—Tú eres ... tú eres ... como una parte de mi. 

El hombre se esfuerza por acertar. Se debate entre encontrar las palabras adecuadas y el sentimiento necesario. Qué fácil puede resultar escribir aquí y qué complicado expresarlo ante otra persona.

Ella se da cuenta de cuánto le cuesta. Se levanta y se acerca a él, que añade:

—Y ... y ... te necesito ... y quiero ... que me ayudes ... a encontrar un lugar donde vivirtoma confianza en explicar sus necesidades, en eso no tiene dudas—y a aprenderme el camino al trabajo y a entender las cosas raras que dice la gente y ... no podría ir sin ti. 

Se trata de una película, puedo verla varias veces, puedo entender que ella ha empezado a mirarle de una forma que no es positiva.  Repasarla, saber que él hace rato que ha dicho cosas que a ella no le han gustado. Eso que os parece tan sencillo, natural. 

Y a ella empiezan a caerle unas lágrimas de tamaño sandías. Esto también nos pasa a nosotros, a mi esposa y a mi. 

Y solo quiero morir porque no sé qué acabo de hacer, de omitir o decir para causar tanto daño.

Beth dice:

—Lo siento. No puedo ir. Si quieres que vaya porque no puedes ir sin mi, no puedo ir.—le hace una carantoña y se marcha. 

Adam se llena de pena y sus ojos de lágrimas. 

Alguien.

¡¿Alguien entre ustedes sabe porqué llora Adam!? 

¿Por que acaba de perder a su persona de apoyo? 

¿Por que acaba de perder a la persona que ama y necesita por igual?
 
Desde luego. Ella también necesita su amor y un apoyo que quizá no encontrará en él como era de esperar. 

Yo no sé qué más podemos, puedo, hacer ... muchas veces.

Eso es todo.

Me dicen que provocamos el síndrome de Cassandra en nuestras parejas. 

No tengo duda de que hago sufrir a mi esposa. Hasta he querido formar parte de un ensayo con pastillas nuevas, cosa que odio con toda mi alma, con la idea de quizás cambiar, de dejar de ser como soy. 

Como siempre dijo mi padre, soy un cobarde. 

Como tal, lo único que deseo en momentos así es la muerte. 

Ella dice que el suicidio es para los cobardes. Cuánto te admiro cariño. Tu forma de luchar y salir adelante aunque sea arrastrando el cuerpo para enfrentarte otra vez a la fregona con las muñecas rotas de dolor.  Levantando cada mañana en soledad el ánimo teniendo este ser inanimado a tu lado.

Quisiera borrar las huellas que te llevaron aquel día junto a mi ya que no tengo redaños para transformar mi ser en el hombre que necesitas.

Ojalá todo fuera como en las películas que tienen final feliz.



John Paul Young - Love is in the air.

"El amor está en el aire, dondequiera que mire
El amor está en el aire, en lo que veo y escucho
Y no sé si estoy siendo tonto
No sé si estoy siendo listo
Pero es algo en lo que debo creer
Y está ahí cuando te miro a los ojos."

La canción de John Paul Young es clara.
¿Y sin esa mirada deja de existir el amor?
¿Las personas ciegas no aman también?

Se puede amar también sin recibir amor a cambio.
Se puede encontrar el cariño fuera de los globos oculares.
Se encuentra cuando aprendes a ser encontrado.



miércoles, 10 de marzo de 2021

Mierda

NO.

No puedo. No es que no pueda, es que no quiero.

Si tu cabeza dice que no quiere, ¿por qué tienes que obligarla a hacerlo?

Deja. Que sea como ella desea. No le robes la ilusión, que no es tal sino una chispa de intención porque, ¿te va la vida en ello?

Oh, quizá. Quizá te quedes al final en la calle. Sin trabajo es sin dinero. Sin ello te dejará la pareja. Fuera vagos. Fuera la ruina de la casa.

Ahora sí. Ya eres cien por cien libre. O casi. Puedes deambular por la calle, dormir en una esquina menos fría, comer lo que caiga. Quieres agua caliente y no oler a cerdo. Te equivocaste. Busca el campo, el río, un pueblo con casas abandonadas. Okupa una. Arréglala, que sea mejor cuidada cuanto más. Si molestas, te vas a otra y vuelves a empezar. Acceso al calor y al agua. Puedes cagar por allá sin problema. Y mear también. Posibilidad de comer... no sé. La fruta crece sola, pero tiene dueño. Tus gallinas tendrán hambre. Los huevos crudos no bastan. El huerto no es magia, es trabajo, orden y conocimiento.

Vuelta a la base. No se vive del aire. Tira los dados y vuelve a jugar, esta vez sumiso. Oveja. Sigue tu rebaño, haz lo que debes y dispondrás de un rato cada día. Colabora con nosotros y serás menos dueño de tus días, pero te permitiremos las facilidades que se acomoden a tu bolsillo. Vive y muere dentro de la sociedad que te cuida y exprime en un solo gesto.

Ah, qué bonito es esto.


¡TiRuRiRuRi! ¡TiRuRiRuRi! ¡TiRuRiRuRi!

Suena el teléfono. Blah, blah, blah. El volumen de voz aplicado a este lado de la conversación hace que resuene en cada esquina mientras se desplaza de un extremo a otro de la casa. Necesariamente te tienes que enterar de cómo y qué se habla.

—Bueno, maja, no veas cómo le tiene la casa Juan. Toda limpia y reluciente.

—BsBsBsBs (por suerte no se escuchan las respuestas del otro lado).

—Pues, maja, limpia no, lo siguiente.

—BsBsBsBs.

—Y no veas cómo anda detrás de los chicos para que no manchen. Los tiene locos: “no dejéis todo tirado”, “¿no ves que estás manchando?”, “recoge las migas”, y así todo el tiempo.

—BsBsBsBs.

—No, no. No es porque esté en E.R.T.E., porque...

—BsBsBsBs.

—Que no, que no, que cuando trabaja también la ayuda un montón. —(Me lo imagino poniendo el piloto automático en el camión mientras se teletransporta a casa para que esté todo limpio cuando Pepi, su esposa, regrese de su jornada matutina en un solo turno total de 5 horas).

—BsBsBsBs.

—Maja, qué suerte tienen algunas, la verdad. —BsBsBsBs—. Pero es que tenías que verlo. Como los chorros del oro.

—BsBsBsBs.

—Te digo queeee... no sé qué habrá hecho una en esta vida para tener tan mala suerte con todo.


No hace falta preguntárselo uno. Es fácil. Te casaste con un cabrón machista que es un vago de siete suelas, que no vale ni pa tomar por culo y todavía menos pa dar. Con un mierda que solo hace que lamentarse y mirarse el puto ombligo. Calla, ya sé que es sin h. Es para distraer la vista de toda la porquería que acompaña ese jodido ombligo egocéntrico de los cojones.

Qué preciosidad de lenguaje. Vayamos con el evento de la noche para acostarnos todos felices.

Salgo a las 22 h de la locura de un teletrabajo y me siento en el sillón para ver con ella el capítulo 7 de “30 monedas”.


—¿Pongo el capítulo?

—Haz lo que quieras. Yo me voy a ir a la cama.

—Ah, que estás... —Me paro a pensar. La miro. Sé que está muy cansada.

Está sustituyendo a Pepi, así que sus 3 horas al día son ahora 5. Fue a visitarla a media tarde, pero volvió revuelta del dolor de pies. Pasado mañana tiene cita con el podólogo. Ahora está ahí, a mi lado, tapada con una manta. Quisiera darle un beso, pero lo verá como el de Judas. Pienso mientras me enrosco a presión en la mía. No estoy seguro, pero parece que hay algo más.

—Bueno, pues lo dejamos para mañana. No pasa nada. —Al poco, dice:

—No me has preguntado qué dijo Pepi de las cejas.

—¡Ah, no! ¡Es verdad! ¿Qué te dijo?

—¿Te das cuenta de que casi no me preguntas nada?

—(Silencio). —Qué contestar. Reconozco mi culpa.

—Parece que no te interesase nada de mí. Y siempre es igual.

Me duele, pero no tengo palabras. No hay excusa. Como a ella le duele y lo expresa en medio de una sinceridad fatigada de no hallar solución. Trato de insistir mientras degusto el sabor amargo de mi falta. Mi falta de empatía. Mi falta de interés, ¿de amor, pensará ella? La muerte no resuelve; no pienses tanto en ella, que ya llegará cuando menos te lo esperes.

—¿Entonces qué te dijo? ¿Se dio cuenta?

—(Pausa, silencio). Sí. Enseguida lo notó.

—¿Y... le ha gustado?

—Dice que me favorece mucho. Que me da más expresión al gesto. Ya te dije que ella lo iba a notar en seguida.

Yo no me di cuenta hasta que me lo dijo en casa. La recogí a la salida de la esteticista, pero no me fijé. Ni en casa tampoco.

Cuando su pareja tenga conductas como estas, cambie usted de pareja. No espere mucho más. Las personas adultas no cambian de forma radical estos comportamientos de mierda. No permita que esta le salpique durante el resto de sus vidas.

No. Espera.

Mejor no me hagan caso en nada. No valgo como ejemplo. Probable que ustedes serán lo suficientemente inteligentes y puede que hasta libres para saber si les conviene o no.

Al final vimos el capítulo. Las 30 monedas de Judas no sirvieron para lo que él creía. El dinero no siempre es bastante para remediar o mejorar la existencia, unas veces por la cantidad y otras por el precio implícito de la calidad que le acompaña.

“Blessed are the poor, for theirs is the kingdom of heaven.” Así que el reino de los cielos se paga con una vida de miseria en la tierra, como mierda al sol.


Sonríe aunque te duela el corazón

Sonríe aunque se rompa

Cuando haya nubes en el cielo, saldrás adelante

Si sonríes a través del miedo y la pena

Sonríe y quizás mañana

Verás el sol brillar para ti


Ilumina tu rostro con alegría

Oculta todo rastro de tristeza

Aunque una lágrima pueda estar siempre cerca

Ese es el momento en que debes seguir intentándolo

Sonríe, ¿de qué sirve llorar?

Verás que la vida sigue valiendo la pena

Simplemente si sonríes


Ese es el momento en el que debes seguir intentándolo

Sonríe, ¿de qué sirve llorar?

Descubrirás que la vida sigue valiendo la pena

Con sólo sonreir.