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domingo, 2 de junio de 2024

Llorar no es lo más ...

A veces encuentro a otras personas valorando el llanto como la máxima expresión de tristeza. Como si lo vivido por esas personas antes de echar lágrimas no hubiera sido bastante, no hubieran sido suficiente conscientes o no hubieran llegado al tope que da paso al moco explíqueme lo de "tendido", cómo se tiende un moco al sol junto a la ropa recién lavada, si guarda relación con ello y con cuales ganas iba nadie a salir a tender sus mocos, que no sus lágrimas, en esa situación.

He llorado bastante y en silencio hasta los 15 "como si no hubiera un mañana"—aquí entiendo la expresión: si no vas a conocer el día de mañana hoy puedes hacer lo que quieras pero sin molestar a nadie.

Después de llorar creo recordar una cierta sensación de alivio. 

Hay terapias para reír desde el siglo 16 y en la actualidad también se hacen terapias de llanto.

Cuando alguien llora a la mínima (de lágrima fácil) puede ser que tenga ligero el lagrimal, que al engranar su torbellino interior de sensaciones desborden por ahí o que conociendo sus beneficios se preste a ello sin pensarlo antes.

Pero es posible detenerlo. Arrestar la confusión. Bloquear y evitar las consecuencias si te ven porque suele haber consecuencias. 

Si lloras para quien te quiere o lloras para tu enemigo los resultados pueden ser incluso inversos: que de quien esperabas ayuda y comprensión recibas rechazo y te pida que pares de inmediato o encontrar una voz amiga en quien menos imaginas, quizá hasta una disculpa.

Hace tiempo, años, que quiero llorar porque me duelen los huesos de todo el cuerpo y me cabreo con ellos pero nada puedo hacerles. Es cansancio. Lo es, ¿no?. Estoy hasta las narices y no aguanto más ... eso me creo pero "no es tan fácil morirse" como dijo el chino con su chinesca sabiduría en una peli.

Pero llorar no es lo más de nada. A veces el silencio más hondo y continuado es la expresión máxima del dolor interno.

Por otro lado, un dolor físico intenso como el cólico renal de mi riñón izquierdo, produjo risas en mi casa mientras el cuerpo se  retorcía y no sé qué hacía mi cara. Debía ser chistosa. Qué extraño.

No puedo ni suponer cómo se puede convivir con esa dolencia si hace 17 años que aguardo con terror su retorno en cuanto amaga o se menciona. Hay personas con superpoderes, supervalores, superfamilias o super-hostias-vete-a-saber.

Los niños lloran por cualquier cosa pero también ríen por cualquier motivo. Su sonrisa es maravillosa y nada, nada en el mundo es mejor que ver feliz un bebé, una nena, un chiquitín. 

Si tuviera que llorar sería por las inocentes víctimas de tanto terror y tanta guerra sin fin.

Si Dios está en todas partes será dentro de las balas y las bombas o ... no estará en ninguna. Ni será.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Su corazón hizo "crack"

Anoche, mientras me acostaba, no sé cómo, recordé el día en que rompí el corazón de mi hermano mayor. Al instante vi la imagen de un corazón haciendo crack en el pecho de un príncipe que antes era feliz.

Una estatua en honor a un príncipe que, según la historia de Oscar Wilde, responde a una golondrina que le pregunta por qué llora:

—[…] era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí, y ahora que estoy muerto me han elevado tanto que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad; y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

Como soy persona de imágenes, sonidos y palabras escritas (peor o mejor), también puse una banda sonora que me despistó por completo de ese recuerdo: “Little Prince”, esta canción:


Pequeño príncipe: vives en un mundo de ensueño, teniendo a todos a tu disposición. Podrías tenerlo todo si supieras quién eres en realidad.

Pequeño príncipe: vives una fantasía. Estás solo, aunque la ilusión te hace compañía.

Mira a tu alrededor: ¿existe tu pequeña ciudad o quizá está demasiado lejos de esa realidad tuya?

Sé que no debe de ser muy fácil que te traten como a un rey. Tener supuestos amigos a tu alrededor que te atienden con lealtad.

¿No te hace dudar cuando escuchas los truenos?

Principito, aunque lo niegues, hay algo en el silencio más profundo de tu alma: es un hueco vacío.

Aunque sé que no quieres escucharlo, nunca encontrarás tu espíritu hasta que veas y seas quien eres en realidad.

Principito, oh, principito, tú sabes quién eres..

Puede que alguien opine que su voz suena como el estropajo arrastrando costra quemada y pegada a una bandeja de paella. No me apetece discutirlo, pero tener la voz de Adele o la perfección de soprano que lucía Callas no significa que el resto de artistas deban callar su voz.

Mi príncipe particular no soportaba escuchar a Carole King cantando Tapestry o (You Make Me Feel Like) A Natural Woman" y, al ver que había comprado un segundo disco, tuvo a bien mostrar su desagrado: lo mala que le parecía no solo como cantante, sino que sus temas se le hacían pesados y horribles. Con un sablazo insultó a la artista que me ilusionaba y me alegraba la vida, aborreciendo mis gustos y haciendo daño gratuito.

Quizá el hecho de no entender sus preciosas letras, sin desperdicio, le llevara a tal comentario. O quizá no.

Mi corazón no se partió en casi ninguna de las múltiples ocasiones en que, de manera premeditada, buscó molestar a lo largo de los años: mostrando su desprecio por algunos de mis regalos en las ocasiones que obliga la vida; callándose como un muerto cuando me llovieron hostias y cosas peores por su culpa… Sí. Si tienes un hermano años más pequeño, un crío, no puedes manejar cosas peligrosas delante de él como si tal cosa, porque ese niño aprenderá y no tendrá conocimiento cuando las repita a solas.

Otra cosa no, pero he estado muchísimo tiempo solo en mi casa, sin nadie que pudiera controlarme en las edades más conflictivas. Claro: trabajo de padres y madres, no de hermanos. No fue culpa solo suya.

Así que crack. El corazón de plomo se partió.

En el cuento, la estatua se rompe en el instante en que muere la golondrina besando sus principescos labios. Como monumento decadente, ya despojado de oro y rubíes, deciden fundirlo, pero el corazón permanece de una pieza. No se deshace en el horno. No entiendo que a los fundidores les pareciera normal encontrar un corazón que no se derritió dentro de una estatua y lo tirasen sin más a la basura, de casualidad junto a la golondrina muerta. Si murió en la plaza, ¿para qué iban a colocar su cuerpo junto a los desperdicios de la fundición? Es bueno que nenas y nenes no acostumbren a preguntar estas cosas a cuentacuentos.

Pero mi príncipe sintió un dolor en el pecho. Había ido a visitarme ante la inminente operación quirúrgica que debían hacerme.

Llevaba casi veinte días ingresado mientras me estudiaban. No lo tenían claro. El diagnóstico estaba entre dos posibilidades: por un lado, sospechar que el paciente tiene anorexia y se pincha insulina a escondidas; por otro, un insulinoma, caso de uno entre un millón, cuyos pacientes suelen ir con sobrepeso, pues comer evita las hipoglucemias. Ser anoréxico de 54 kilos sin diagnosticar y tener un insulinoma a la vez no ayudaba a aclarar nada. Tampoco fue todo culpa suya.

Los primeros días los llevé bien. Un libro de "Mil soles espléndidos", "Los hombres que no amaban a las mujeres" y otro en inglés para practicar de cara a nuestro viaje prepagado con dirección a Londres.

Los días pasaban. En la habitación había tres camas y un cuarto de baño junto a la ventana, con vistas que ahora mismo me hielan el alma con solo evocarlas. Diversos compañeros llegaron y se fueron antes que yo: un chico peruano que cagaba sangre; un hombre ciego, sin acompañar, que meaba fuera del bote de muestras, dejándome el goce de recoger su orina; otro con neumotórax… y sus familiares.

Pretendían en el hospital que comiera a todas horas. Yo creía que querían robar mi delgadez, pero era para evitar las hipoglucemias, según me han explicado mucho después. Dejaba mucha comida de hospital y los bocadillos que preparaban solo para mí, en exclusiva, sobre la bandeja, muchas veces tal cual los traían. Hacía ejercicio a escondidas en la sala de televisión. Mi salud no mejoraba y mi mente iba de mal en peor.

La apatía se apoderó de mí. Me tiraba en la cama a llorar de cara a la ventana para que no me vieran. Eché visitas con cajas destempladas y, en medio de esas condiciones, apareció mi hermanito mayor.

Yo estaba contra la pared del pasillo, observando cuanto sucedía, cuando le vi aproximarse. Quiso darme un beso, pero no se lo permití. No es una reacción muy mía: en general procuro dejar que hagan en contra de lo que deseo.

Cuando se marchó, me tumbé de nuevo. Al poco tiempo me llamó mi madre.

—¿Qué le has hecho a tu hermano?

—¿Qué…?

—Me ha llamado llorando porque no le has querido dar un beso. ¿Por qué no has querido besarle?

—No… —no sabía qué decir. Me sentí mal, culpable, insensible, dañino… Ella también estaba gimoteando.

—Eso no se le hace a un hermano. Él solo quería hacerte compañía y ver cómo estabas.

—Yo… no sé…

No puedo recordar más de la conversación con mi madre, pero en cuanto colgó añadí a la montaña de confusión un sentimiento que definía mi ser como la despreciable esencia de la miseria más insignificante. Arranqué a llorar con un dolor tan inmenso que mis piernas dejaron de sostenerme en pie y caí al suelo, deseando que todo terminara.

Así que su corazón de plomo hizo crack, y les agradezco que me lo dijeran en las peores circunstancias, comprensivos como siempre lo fueron conmigo y con mis manías —según ellos, mis locuras—, las de aquel chaval tan atolondrado que solo daba disgustos.

También eché a perder el viaje a Londres con cargo a mi recuperación y se convirtió en un regalo, cómo no, también despreciado.

Solo yo soy responsable de cuantas cosas buenas o malas hayan podido suceder a mi familia o a mí y, al menos las culpas, mías son.

Si algún día buscan en la basura no encontrarán corazones de metal… quizá alguna golondrina sin vida que no pudo o no quiso volar a tiempo con las demás a tierras templadas, lejos de la frialdad y la malicia insaciable que nos rodea.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Todo comienza, todo termina.

"Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría ... Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos." Nada, Carmen Laforet

Ping y Pang Theory
Ahora sé porqué no me gustan las atracciones de feria. Desde que monté en esta del Big-Bang ...

No exacto por ese orden.

La vida de un nuevo ser comienza, se desarrolla y... termina en un periodo de tiempo que varía entre meses y años de felicidad y sufrimientos, a lo largo de una gama completa y diversa en magnitudes.

Todo es cuestión de tiempo. Hasta la roca se crea, crece, se divide en miles, millones y miles de millones para acabar diseminada entre el polvo de las estrellas, como toda materia.

También las personas somos otra materia cualquiera que termina hecha polvo, sin lugar a duda.

En ocasiones hubiera sido mejor no empezar nunca. El famoso cogotón, desnuque a los hijos de los pobres, los marginados que surten, condescendientes, sin freno ni conocimiento, las monótonas estanterías del súper «biodiversidad».

Algunos dicen que cuantos más, mejor. Que son una bendición de Dios. Y, si son machos, mejor que hembras. Espera, que se me están revolviendo las tripas con este recuerdo:

—Tú tienes una hembra, ¿no? —me dijo una vecina con la que me crucé en el portal.

Mi rostro no cambió. La respuesta se me antojaba trabajo apropiado para un sexador de pollos. En esta ocasión, mi silencio no sirvió como respuesta. Hay gente que no comprende los silencios, que no respeta las ganas, el derecho de un desconocido a permanecer callado.

No supe qué pasaba en el cerebro de aquella vecina mientras dejaba pasar los segundos, hasta que representé en una imagen el espacio vacío de aquel portal de nuestro barrio obrero como el interior de su cabeza.

Reconozco que resolví tarde, parco en letras, pero resolví:

—Sí.

—Qué suerte. Ya ves, yo con tres machos... Si tuviera una hembra que me pudiera ayudar en casa...

—Yaaaa...

Me volví hacia las escaleras. No lo hice hacia el ascensor por si acaso me perseguía, a pesar de que su dirección era de salida. Bueno, ¡qué porras!, y porque no había ascensor ni hueco donde poner alguno. Bastante que había peldaños, buzones y pasamanos.

Ella debió de comprender, esta vez sí, que no se habla con una espalda y decidió salir del portal. Igual la luz de la calle terminaba de iluminarla del mismo gris que repartía aquel día, pródigo en frases para esculpir en piedra.

Sus gritos y los de su marido eran como una banda portadora para las tonadas crispantes que pulsaba su coro de tenores.

Muchas veces me produce risa cómo la especie humana se esfuerza en conocer lo sucedido después del big bang. Cómo le gustaría a tanta investigadora y científico determinar con aproximación los incidentes cósmicos, cuando somos incapaces de dar con la solución a las circunstancias mismas de las pirámides o las guerras, capaces estas de abarcar por sí solas gran parte de toda nuestra historia.

Tan bella como cualquier sinfonía, la vida comienza y se desarrolla al compás que determina su altura, intensidad, timbre y duración. Algunas personas consumen su ocasión rodeadas de timbres que hacen imposible la armonía. Otras tratan de seguir ritmos que jamás han podido soportar en lugar de reconocer el encanto, la lindura perfecta y única de su propio ritmo. Hay quienes solo buscan aplastar con la fuerza del volumen aquellas notas más suaves que rodean y conforman su misma esencia. Algunas pierden, en la altura de sus sonidos, los tonos más graves y profundos de otras que lograrían hacer vibrar su espíritu.

Yo pongo el amplificador a baja potencia mientras escucho esa sinfonía discorde y trato de aprender, con el peligro de confinamiento que condiciona mi actitud como mero espectador.

Duele, duelo. Sordo, vociferante, dolor cabal... que me hace perder la sensatez. Ahora hablo de dolor junto a la muñeca i., codo i., cráneo d., dedos d., antebrazo d., cervicales; pausa; brazo i., muslo i., hombro i., axila d., rodilla d., tobillo d.; pausa; cadera i., nuca i.; varios a la vez, juntos, seguidos, moderados, fuertes... ¡Qué demonios son estos dolores! No me da tiempo a señalarlos.

Diablos... soy tan malo, pero malo a nivel celular (como dice James Rhodes), que mis células se odian y se destruyen entre sí. Qué asco. Qué bueno será acabarlos y terminar igual que todo comienza, igual que todo termina.

sábado, 21 de agosto de 2021

La historia de Matías

 “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca, se enciende” Eduardo Galeano


“Hola, Ale, pasé a sexto”

En ese momento, al escuchar la voz de Matías por teléfono, supe que había llegado el momento de compartir su historia.
Podría empezar a contarla como un cuento: “había una vez…” porque, como en todo cuento, hay un héroe: valiente, bueno, que recorre caminos difíciles llenos de obstáculos. Donde se encuentra a veces con villanos y otras con personas que lo ayudan para que nuestro protagonista triunfe y la historia tenga un final feliz. Y el cuento termina como nos gustaría que terminen todos los cuentos: “fueron felices para siempre”.

Pero la historia de Matías no es un cuento, es una historia de verdad, de un nene de 11 años que llegó junto a su mamá para realizar una consulta psicopedagógica.

Motivo de la consulta: dificultades en el área pedagógica y en el área social.

La mamá lo presenta como inseguro, con baja autoestima y poca concentración en sus tareas. Comienza así un largo camino para Matías y su familia para saber:

¿Qué le pasa? ¿Qué tiene? ¿Cómo lo ayudamos?

Un camino de visitas a médicos, especialistas, estudios, análisis, observaciones y todo lo que se puede hacer para poder arribar a un diagnóstico.

Y sus dificultades tuvieron un nombre:

[La autora lo especifica]

Entonces pensamos: ya sabemos qué tiene. Ya está el diagnóstico. Ahora sigue el tratamiento y problema solucionado. Pero no es tan sencillo como se puede pensar o imaginar.

Pero… ¿por qué?

La respuesta es muy sencilla. Por nosotros mismos y la incapacidad que tenemos para poder ver al otro tal cual es.

[¿Es eso la empatía? Perdón. Callo.]

La incomprensión de algunos adultos asusta, preocupa, sobre todo si son profesionales, gente capacitada para el trabajo con niños/as.

Fue un largo camino. La familia muchas veces pudo ser escuchada, contenida, respetada y, otras veces (por suerte menos), estuvieron solos, desamparados, sin que los escucharan con respeto, siendo subestimados y criticados.

Pero… ¿y Matías?

Ahí, presente, escuchando, viendo, sintiendo la comprensión y la indiferencia; la contención y el desamparo, siendo solamente un niño.

Si pensamos en la infancia como un espacio delimitado, separado de la edad adulta, el cual debería ser seguro para crecer, jugar, aprender y desarrollarse… ¿por qué a veces los adultos no somos capaces de asegurar, de garantizar este espacio? ¿Por qué un lugar que debería dar seguridad solo pone obstáculos y lo que menos genera es confianza?

Cuando estamos frente a los niños/as… ¿qué nos pasa a los adultos, que no somos capaces (en algunas ocasiones) de ver más allá de nuestros ojos?

¿Qué nos pasa, que solo ponemos el acento en lo que falta, en lo que no lograron, en los errores?

¿Por qué no somos capaces de sostener, ayudar, acompañar, comprender?

¿Por qué siempre tendemos a etiquetar y es tan importante ponerle nombre a las dificultades?

Me parece importante, como adultos, ser capaces de reconocer nuestras propias limitaciones, nuestros propios temores, incapacidades, ignorancia, nuestros prejuicios y, por sobre todo, necesitamos poder descentrarnos, salir de nuestras ideas y lograr ver los problemas no solo con nuestra mirada. ¿Es muy difícil?

Matías nació en la familia indicada, sin duda. El papá o la mamá nunca hicieron caso al “no puede”, “no lo logra”, “se deteriora”, que escucharon durante mucho tiempo.

Confiaron en las posibilidades de Matías, sabiendo que sus tiempos eran diferentes a los de otros niños/as y, sobre el amor, construyeron el respeto hacia su hijo, exigiendo que todos vieran que había un niño con derechos.

A veces, a los adultos, nos cuesta toda la vida o no aprendemos nunca lo que a Matías le hicieron saber siempre: “sin esfuerzo no se logra nada”.

Y lo aprendió, no cabe duda. Cada logro se lo ganó con su esfuerzo y su sacrificio. Nadie le regala nada: ninguna nota, ninguna tarea, ningún deber, ningún cuestionario. Nada. Demostró que se puede, que todos los obstáculos se sortean y que nada es imposible.

¿Qué se necesita? Es muy simple. No hay recetas ni tratamientos mágicos. Se necesita amor, comprensión, escucha atenta, mirada respetuosa, confianza, tiempo.

Nos llevará tiempo, nos demandará esfuerzo, nos exigirá trabajo en conjunto.

¡Qué difícil parece a veces lograr esto!

Nuestra mirada será individual. ¿Existe otra mirada?

Deberemos transmitir “vos podés” como la única verdad posible, porque todos pueden. “Vos sos capaz” porque todos son capaces. “Matías, sos único”, como lo es cada niño/a. Si esto, como adultos, lo comprendemos, nuestra intervención será exitosa, sin lugar a dudas.

Gracias, Matías, por permitirme acompañarte, por enseñarme a mirarte y a escucharte.

Y gracias a la familia por mostrar que nuestros hijos/as son lo más importante en nuestra vida y que, cuando sufren, sufrimos con ellos. Si los lastiman, nos lastiman. Si los discriminan, nos están discriminando. Si no respetan sus posibilidades, tampoco a nosotros. Veamos el fuego que cada uno de nosotros tiene para brindar.

Alejandra, psicopedagoga.


Nota: Alejandra. Escribiste una historia hermosa. Solo quiero aclarar que Matías no te enseñó a mirarle y escucharle, sino algo aún más importante:

Te enseñó a mirar y escuchar.

Es una historia perfecta para aplicar en otros muchos casos. Por eso oculté el nombre del diagnóstico, “síndrome de Klinefelter”, para tratar de ampliar esas miradas y cambiar las maneras de escuchar.

Copia del documento original:

La historia de Matías contada por Alejandra.

domingo, 5 de julio de 2020

400 Miércoles y 80 grados

"Cualquiera que vaya a un psiquiatra debería hacerse examinar la cabeza."
Samuel Goldwin 
Las amigas de Briana: Sol, 7 y la inigualable Izzy
Briana tiene amigas especiales. Una se llama Sol. 
Sol se ha cortado el pelo y sus pelos de punta lucen como nunca. Tiene cada color de un ojo: azul uno, verde el otro como sus enormes coloretes. La nariz muy chiquinina y la boca, un plátano moreno que te sonríe a lo grande desde la lejanía.
Otra se llama 7. Sí, como el número. Tiene colores cuadrados "MarrónNegroRojo" en cabeza y pata mientras que. en su cuerpo. lucen redondos los colores VerdeMoradoMarrón, VerdeMoradoMarrón. Eso hace de 7 una chica afilada y dura en los extremos pero por dentro es blanda, esponjosa y no hace daño a nadie. Aunque no le hacen caso, 7  explica a todos que "en la cabeza de Briana no vive nadie".
También está Izzy, con su sonrisa y su canesú de sarampión, porque un día la sacó a paseo y se constipó. La gente se asusta cuando mira sus no ojos, tuerce su sonrisa y solo encuentra el contagio de cerca. dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, sies y dos son ocho, y ocho, dieciséis. La tengo en calama con mucho lodor.
Tan pronto dicen que es autismo como que tiene trastornos disociativos, psicóticos, de integración sensorial, de comportamiento  o una esquizofrenia infantil con proporción 1 / 50.000.
Briana y Jani Schofield fueron siendo, como son y serán, amigas por un tiempo al menos.
Para Jani la vida tenía reservadas cosas que a los demás parecerán muy extrañas. ¿Cómo organizará una criatura de seis años el mundo que ve si está rodeada por cientos de seres que los demás no ven? El estrés derivado no resulta difícil de suponer.
Jani resolvió de la forma más simple todo su entorno. Las mejores soluciones sencillas provienen de inteligencias no condicionadas: metió todo lo intangible en el mundo de "Calanini". Lo tangible en la capa principal y superpuesto a ella—como en otra capa de Photoshop—, su asombroso mundo virtual.
Se ha hablado mucho del bajo aprovechamiento que hacemos de nuestro cerebro. ¿Imaginan usarlo en una proporción mucho mayor desde los cinco meses de edad y cómo controlar eso un ser inexperto? Ahí Jani era ya capaz de señalar partes de su rostro.
—400, déjame en paz—decía, y la preguntaban:
—¿Quién es 400, Jani?
—Una gata. No me llames Jani, soy "Arcoiris"—si solo tú ves una gata que además habla... ¿Cómo te sentirías si además te pide que hagas daño a tu hermano, a tu padre y a ti misma?
Las normas sociales son incomprensibles. Te compras un vestido o camisa chula. No yo, pero puedo entender que otros estén contentos con eso. ¿Por qué entonces si ven que mucha gente lleva esa misma ropa ya no le gusta? Gusta vestir diferente. Individualidad. "Yo no soy como las demás." Vale. También quiero aceptarlo, pero entonces ¿por qué se desprecia / SeñalaConElDedo / burla / acosa a las personas que son diferentes por naturaleza o por las circunstancias? Es insano ambicionar la excepcionalidad minusvalorando la de los demás.
La singularidad no facilita a las personas encajar en su entorno y menos a una niña que se angustia y pierde el control cuando su cerebro lanza ráfagas y activa por su cuenta las neuroconexiones que le parece. Lucir sus estereotipias es una respuesta necesaria que extraña a los demás. Ahí llegan el rechazo ajeno, el autoaislamiento que te lo ahorra o las autolesiones por la ansiedad de la propia incomprensión. Por desgracia, la Tierra está invadida de marcianos rígidos como palos de escoba.
—¿Por qué no juegas con los otros niños?
—Si juego.
—¿Sí? ¿Con quién juegas?
—Con 24horas. A veces también con 80horas.
—Jani, cariño, esas no son amigas reales.
—No me llames Jani, soy "RanaDeArbolConOjosAzules".
—Bueno, pero tus 24horas no...
—Sí son reales.
—No, pero atiende. Yo hablo de tus compañeras de clase, del colegio.
—Con ellas es muy complicado. Ellas son un 13 y yo soy un 17. ¡Cuidado!, ¡Que pisas a Miércoles!
Miércoles es una rata en Calanini. Los números que maneja crecerán con los años, como los demás seres.

La niña mezcla lo que le dicen con lo que conoce:

—Miércoles es ratofrénica del mismo modo que yo soy esquizofrénica.

Puede parecer imposible hacer amistad con alguien así, pero todo es cuestión de aprendizaje. La diversidad nunca será un piñón más del engranaje social si no nos molestamos por convivir, aprender, compartir y aceptar con naturalidad a los demás. Y si falla un solo piñón del engranaje la sociedad entera se termina resintiéndose porque el porcentaje total de la diversidad es mucho mayor que uno entre 50.000.

En su clase de música, coge el micrófono y, antes de cantar, se presenta:
—Soy "Jani Luciérnaga" y voy a cantar "This old man"—en la canción infantil, un hombre mayor en patines hace palmas y demás, como Jani con su estereotipia nº 1.
Muchos padres hablan lanzando puñales, descalificaciones o gritos entre sí delante de sus hijos convencidos de que no entienden sus problemas, ni captan el tono o el volumen de sus voces. Asumen que no ven sus gestos ni pueden sentir emoción alguna. Si tu hija tiene un coeficiente de 146, a buen seguro sabrá más de lo que parece. Igual que con otro CI más acorde con la media, porque no son muebles que decoran la casa.
Le recetan múltiples fármacos antipsicóticos a pesar de que se sabe que no funcionan bien en la infancia. Y ... desde la ignorancia digo que son cerebros con enorme plasticidad que se están formando: no comprendo cómo algo diseñado para el cerebro adulto va a funcionar igual. Cómo le pueden recetar cosas así. ¿Sin recetas no eres un verdadero psiquiatra? ¿Hay que ponerse en el lugar de sus padres para comprenderlo? Sí, porque ver tu hija estrangulándose, tratando de saltar por la ventana, gritando, sin parar de moverse y durmiendo un par de horas al día es agotador, fulminante para los mortales corrientes.
La gente opina sin más: "esos niños están malcriados" y lanza miradas reprobatorias. Hace comentarios de alcoba audibles en la distancia bajo plena luz solar. Si los demás muestran desprecio hacia unos críos... ¡qué no sentirán contra los adultos en su misma situación! Sé de lo que hablo. Si fallas fingiendo, si te sales, pronto notarás una etiqueta pegada en la frente. Cualquier detalle es suficiente pero ya sumados son sentencia.
"Jani sabe que es diferente de otras niñas", dice la doctora Karen Lim de UCLA. “Manifiesta cierto grado de perspicacia cuando dice: 'Si mis padres no me aman, iré a vivir con mis ratas'. "
La medicación roba buena parte de tu esencia. Se te descuelga la mandíbula y la baba adquiere vida propia. Se nos ve más tranquilos, claro, ¡no te jode!  Bostezar se vuelve una rutina automática que se activa cuando menos esperas. Abrir la boca como si no hubiera un mañana a la luz de un cerebro titilante. Descargas eléctricas y shocks convulsivos, entre otros males no tan menores. Pero "se te ve más tranquilo" es lo que importa.
¿Qué hago yo relatando vidas ajenas? ¿Porqué cuento socas de personas que oyen voces de otros o su propia voz diciendo "no comas, adelgaza"? Cosas sobre gente que ve gatos y ratas parlantes, que se lía a hacer extraños dibujos, se autolesiona, deprime, se suicida, se desnuda, o todas las cosas juntas.
Adiós.

sábado, 16 de mayo de 2020

Dr. Jekyll e Mr. Hide


Relato de un suceso en septiembre, 11 añitos atrás:

3 de septiembre de 2.009

Se me queda mirando.

Yo no estoy en la consulta, suelo marcharme adentro, donde no tengo cuarenta y tantos años.

Mi cuerpo está nervioso y suda, pero espero que no se note.

El señor endocrino me pide que me quite el jersey, de cuello alto. Le he dicho a mi cuerpo que tenía que quitarse toda la ropa pero, aturdido, no acierta a sacarse la camiseta que lleva debajo.

La mujer que me acompaña (confío en ella ciegamente) me ha dicho algo.

Entiendo, desde aquí dentro (donde me siento seguro, aunque apartado y algo asustado) por sus gestos que algo estoy haciendo mal.

Como en ecos rebobino y escucho de nuevo la voz del médico cuando pidió que me quitara el jersey así que me quedo allí de pie a la espera.

Se acerca a mi cuerpo.

Es un hombre alto y serio (dejo que haga lo que sea, no hay otra opción).

N. del A: Mientras he estado escribiendo esto, han comenzado algunos temblores. Es Mr.Hide, que quiere decir algo, pero no es su turno. Prosigo.

Me ha puesto las manos en el cuello:

-¿Ese hombre va a estrangular mi cuerpo de hombre?

-(¿has dicho hombre? Eso no es un cuello masculino

-Que no, que va a palpar el tiroides. 

-“Trague usted saliva” .- Aprieta el muy cerdo

- (duele poco, es así, no quejarse

-“Vuelva a tragar” 

-(duele, no quejarse, los hombres no se quejan)

-“Otra vez … quizá le duela un poco

- (no digas nada, mira que te pones tonto)

- “Bien, ya se puede vestir” 

Eso está mejor, ahí estoy rápido, a la primera he entendido y mi cuerpo obedece.

Ha vuelto a su silla. En su consulta sólo hay una mesa, tres sillas, un armario, una estrecha cama de esas negras cubierta con papel higiénico, una báscula antediluviana y papel y bolígrafo Pilot negro de tinta líquida. 

Escribe (se escribe suave). Tiene una letra pulcra y perfectamente legible. Es un hombre tranquilo.

-“Usted tiene hipotiroidismo. Deberá tomar una pastilla para compensar su déficit  tiroideo el resto de su vida.” .- Se me queda mirando.

Yo no estoy en la consulta, otra vez me he marchado adentro.

La mujer también me mira por un momento. El doctor decide pasar de mí y habla con ella, que ha preguntado algo. Hay que regular la dosis. No tiene mucha importancia, mucha gente tiene esto del Hashimoto. (tantos japoneses, tantas personas, no pasa nada

Se me queda mirando otra vez. Creo que dijo algo que debía causar una reacción en mí. Ahora el que se aturde es él, que habla con la bella e inteligente mujer que me acompaña. 

Ya me puedo ir. Sonrío y digo adiós educadamente 

-(hay que ser educado, pregúntale si cierras la puerta al salir)  ¿Cierro?

-“No, déjela usted abierta, gracias” 

-(eso es, he quedado bien). 

Mi esposa espera para estar en el pasillo antes de decir:

-“¿Qué te pasa hijo? Me pone negra que te quedes ahí callado cuando te preguntan… ¿No ves que pareces tonto?” 

No entiendo a qué viene esto… si me he comportado correctísimamente 

-(mentira, sí que lo sabes). 

Mi esposa se disgusta. 

Tiene razón, no me he enterado de nada. Yo no quiero que me acompañe, pero se empeña porque sabe que no me entero de nada. Que me pongo “catatónico” como ella dice.

Notas 28 sept. 2020:

Ya está no da para más el relato. Solo añadir que en el transcurso de nuestras revisiones endocrinas descubrieron el origen de esos temblores. Algo sobre un simpático tumor que estuvo cerca de liquidarme con sus efectos secundarios pero que amables me quitaron rajándome de lado a lado el vientre y tirando alguna cosa pocha más que encontraron por el camino como hicieran con Braveheart. Solo que William Wallace fue antes ahorcado a medias, torturado y luego emasculado, eviscerado y por fin decapitado tras gritar ¡ LIBERTAD! al público asistente. No entiendo cómo puede alguien presenciar ejecuciones y torturas en persona para luego continuar con su vida. 

Qué torpe soy hasta para eso. Desangrar un cerdo, matar una vaca, despellejar un conejo, desplumar una gallina deben ser la versión ligera del mismo crimen ... sería vegetariano si tuvieran que ser mis manos. Bueno, algo de asesino si llevo. Aunque con mucho asco, extermino moscas. Debo corregir todo esto.

sábado, 10 de agosto de 2019

El amor del ser humano

"Si Dios es Uno, y si no puede haber otro Dios, no puede haber una idea de Dios." Leo Strauss


17-11-2009 
Me recupero de una operación por cirugía abierta. Hoy es mi primer día en casa y he roto a llorar al ver entrar a mi hija, tan guapa, con su alegre y desbordante "hola papi".
(Siempre evitando llorar... esa es otra enfermedad que requiere un tratamiento más prolongado)
Y tantos exámenes y yo sin poder llevarla al insti ni traerla de vuelta a casa.

¡Claro que estoy especialmente sensible! He descansado un poco, con ayuda de la medicina, he merendado con el horario del hospital un café con leche y galletas casi idénticas de puro simplonas, y he mirado el correo. Dos de ellos me invitaban a ver un vídeo. El uno sobre el valor de una firma, de amnistía internacional (qué manía con usar los ordenadores para hacer animaciones; aunque la idea es muy buena, el vídeo es muy básico), el otro sobre un padre y su hijo.

Durante los 21 días de diagnóstico que pasé en el hospital, una simpática mujer, hermana de mi compañero de habitación, con su extraño pelo corto y sus modos resueltos, habiendo vivido en Barcelona, tan fuera de mi provincia pequeña, tan fuera de esta mentalidad, habiendo conocido muchos lugares y mucha gente, me llamó mucho la atención. Le pregunté por qué motivo dormía mal. Pregunté abrupta y repentinamente a los dos días de conocerla y tras superar cierto recelo.

Ella sonrió -siempre sonríe- y contestó "¿lo dices por mis ojeras?" y yo asentí.

Entonces me explicó que ha dejado su trabajo en Barcelona, que le cuesta encajar de nuevo aquí, en su tierra. Sufre Fibromialgia severa. No soporta que le toquen el pelo, un brazo (uno del pueblo la mandó directamente a urgencias tras el famoso palmetazo de bienvenida en las espalda), un beso, un asiento agitado en un autobús, ni siquiera de su coche, o el roce de una caricia.

Todo le duele.

Lleva siempre morfina consigo. La policía la detuvo por llevar tal cantidad en una ocasión, hasta que comprobaron su verdad. Le cuesta dormir, cómo no.

Pero su sonrisa siempre está ahí. Me miraba y me hacía reír.
Dice que cuando algo le duele, se ríe.

-Yo no me puedo creer que eso te funcione... -pero ella responde que sí y añade 

-... de lo contrario, ya me habría quitado la vida - hace lo mismo con su hermano, y en su familia nadie le devuelve a ella ningún cariño o atención...

Me obliga a reír, y me hace sonreír cuando me ve triste, y aunque yo sólo quiero llorar, obedezco y sonrío. Ella levanta su pulgar y me aprueba.

Cuando se marchó, me pidió que recordara y volvió a levantar el pulgar.

Sí. En el mundo hay héroes. Y heroínas.

Quedan personas que no esperan llenar sus arcas a razón de mil euros por segundo mientras ríen o aman, o lloran y mueren ante los ojos emocionados de espectadores repartidos en las butacas de cualquier cine.

Ellos son estrellas y todos los demás hemos quedado embelesados bajo ellas en alguna cálida noche, en algún trozo de silencio y campo, solos, mirando al cielo y admirando quietud y belleza. Pero hay estrellas que brillan a nuestro lado compartiendo sin más la luz de su sonrisa y el destello de su alegría, y nos invitan a reír sólo por que agradecen sinceramente que seamos el espejo que refleja sus amables sentimientos.



 Con el vídeo de los Hoyt, el padre e hijo (que por supuesto me ha hecho llorar de nuevo a moco tendido -hay que explotar bien la excusa del enfermito-) me he hecho un lío. Reconozco otra vez mi base de prolongada e inevitable educación religiosa, ahí está. Y agradezco a todos sus buenos deseos rezando por mí, con su fe en un ente que lo puede todo, pidiendo ayuda desde sus manos cálidas y limpias para mi, para otra persona. En este vídeo, de cuyas imágenes sobra decir nada, he encontrado otra vez la prueba de que el ser humano puede hacer de todo con su amor, si quiere. Pero la música... ¿porqué la música tiene que ser con tono religioso? No se puede debatir sobre ello, tiempo perdido: batallas y muertes llenan páginas de historia.

Pero uno no elige que justo en el momento de nacer, se te enrolle el cordón umbilical al cuello y la falta de oxígeno te provoque parálisis cerebral.


"Si lo estaba viendo venir, pero libre albedrío, los humanos y sus errores, ¿nunca aprenderán?, bueno, este padre luchará por su hijo, y tendrá motivos de superación, y los demás aprenderán de él y me alabarán el gusto"

Nacer, obtener el derecho a la vida, es un suceso en el que interviene Dios, según los cristianos, y un padre como el señor Hoyt... ¿qué diría? Ignoro sus creencias y me he cansado a buscar en google, en inglés y castellano, palabras de este hombre agradeciendo a Dios la vida de su hijo, no tiene porqué hacerlo. Sin embargo, he encontrado abundantes lugares donde dicen "pídele a dios tu deseo, él te lo concederá", porque su hijo le pidió participar en una carrera. Apropiarse del esfuerzo de este hombre para vender afiliaciones cristianas es todo un delito moral.

¿Dónde estaban todos esos cristianos cuando una y otra vez fueron rechazados y mal vistos por su deseo de participar en las carreras? ¿Porqué únicamente sacan, esos cristianos de pacotilla, su megáfono a la puerta de un local o bullen aturdiendo calles interminables ante una nueva ley, y se congregan a los pies del papa, (¿Papa?) un hombre cualquiera comparado con el señor Hoyt, en lugar de romper con su indudable marea de gotas humanas las barreras que separaron a estas dos personas que también querían gozar de la vida?

Y dice la música en uno de los vídeos, "Mi redentor vive". Qué coño de redentor, su padre es el que se desvive, el que suda con gusto cada gota para dar vida a su hijo. Dios pasa absolutamente de decirle "levántate y anda", es demasiado fácil hablar. Lo duro es bajar de esas alturas, acercarse a este hombre y ayudarle para que pueda correr con los demás. Si, años después de su lucha, fueron aceptados y respetados.


En su web, http://www.teamhoyt.com/, aparece esa música como producto comercial para financiarles, y es la única referencia que hacen a Dios. Supongo que alguien puso el material en sus manos para que lo vendieran, bueno, no se lo pienso criticar, no soy quien.


viernes, 17 de febrero de 2017

La mente enferma

"La gente siempre está vendiendo la idea de que los enfermos mentales sufren. Creo que la locura es una salida. Cuando las cosas no van bien, puede que quieras imaginar algo mejor." John Forbes Nash Jr.

Cover iA from Shawn Coss + Anorexia Nerviosa

Enferma como un hueso roto.
Como un tendón distendido o roto.
Como un músculo débil o contracturado.
Pelo enfermo: enfermedad de alopecia.
La mente enferma.
Como los intestinos enferman.
Como el pulmón enferma.
Enferma como la piel enferma.
Como una boca puede estar enferma
la mente también enferma.
Como un sexo no funcional.
Como el pecho enferma
y dentro,
el corazón falla cuando
por supuesto,
también enferma.

Por eso la mente,
como los ojos,
los oídos,
la naríz,
también enferma.

Y puedes curar con medicinas.
Puedes ayudar a tu cuerpo con
pastillas y manos y palabras
que sirvan de ayuda.

¿Puedes darle algo a tu alma?
¿Alguna ayuda para
eso que no se ve,
que no se toca,
que se supone?
¿Algo que proporcione calma?

Cover iA from Shawn Coss + Agorafobia
Cover iA from Shawn Coss - Esquizofrenia

Shawn Coss - Ansiedad Generalizada
Shawn Coss + Personalidad Evitadora
Shawn Coss - Personalidad Límite
Shawn Coss + Fobia Social
Cover iA from Shawn Coss - Trastorno Bipolar



Shawn Coss + Depresión Mayor
Shawn Coss + Bulimia Nerviosa

Cover iA from 
Shawn Coss - Déficit de Atención


Shawn Coss - Depresión Post Parto
Shawn Coss - Comportamiento Desinhibido
Shawn Coss - Identidad de Integridad Corporal
Shawn Coss - Despersonalización
Shawn Coss - Espectro Autista
Shawn Coss + Esquizofrenia Paranoide
Shawn Coss - Estres Post Traumático
Shawn Coss - Identidad Disociativa
Shawn Coss - Insomnio
Shawn Coss - Misofonía
Shawn Coss - Munchausen por Poderes
Shawn Coss + Obsesivo Compulsivo
Shawn Coss - Pánico
Shawn Coss - Personalidad Dependiente
Shawn Coss - Personalidad Narcisista
Shawn Coss + Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas
Shawn Coss - Síndrome de Capgras
Shawn Coss - Síndrome de Cotard
Shawn Coss - Desórdenes de Conducta
Shawn Coss + Tricotilomanía
Shawn Coss - Consumo de Sustancias