Te sigo echando de menos… sé que estás ahí, menos lejos de lo que creo, pero aun así en otra dimensión…
El que no aparezcas por aquí ha hecho que me espabile, pero desde que no estás no sé si soy la leche, el café o el azúcar que nunca he sido…
Somos parte de un proyecto… parte de sentimientos, parte de una compañía y de un aprendizaje… aprendemos —o así lo siento— el uno del otro…
Me autodediqué el escrito de “No hay nadie como tú”, porque tampoco hay nadie como tú…
Te pesa demasiado el pasado, amigo mío… archívalo y, poco a poco, ve destruyendo carpetas y borrando el disco duro… formatea la vida de nuevo…
No va a ser fácil, ya lo sabemos… nada es fácil… pero si se pierde el miedo… entonces nos atrevemos a meter mano a los entresijos de los cables, del dolor, del pasado y del futuro…
Si perdemos el miedo a los demás… si nos perdemos el miedo a nosotros mismos… no creo que pase nada peor de lo que ya nos pasa… entonces, ¿por qué no probar?
¿Probamos juntos…? Porque sabes que ni en tus peores pesadillas estás solo… sabes que hay alguien que tira de ti, que no deja que te hundas del todo… y a quien sabes que no puedes arrastrar al abismo… porque sois como las carpas chinas que permanecen juntas, que se complementan, que se necesitan por encima de todo…
Y por eso, por encima de todo… tienes que volver a formar parte de esta vida, de este mundo a veces con margaritas y otras con granizo, con olor a podrido o con un aire fresco que te limpia el alma y los pulmones…
Se puede conservar la individualidad a la vez que compartir espacios… abrazos que curen los miedos… sueños que salten por encima de las pesadillas…

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