" Teme el momento en que las personas dejen de sufrir y morir por un ideal, porque esta cualidad es la base de la esencia humana y lo que la diferencia en el conjunto del universo." John Steinbeck, editado
Cuando nos inquietan grandes dudas existenciales siempre podremos acudir a las sagradas escrituras para hallar un significado. Con la ayuda de un Dios todopoderoso somos eternos, sobrellevamos las situaciones más difíciles y podemos incluso afrontar enfermedades incurables con un rostro de paz envidiable. Ríete tú de la Gioconda.
Me recomendaron hablar con un sacerdote en lugar de con una psicóloga.
Eso lo dejo para más adelante pero si preferís ir al grano, empieza aquí:
Ir a la experiencia con el sacerdote
Dicen que la biblia habla de la genética y los géneros. Cada especie según su género. El gorrión solo produce gorriones y los humanos idem. Mentira. Ni el passer domesticus ni el homo sapiens² existen y se reproducen así desde el día cero. Mucho antes fueron otros seres, mutaron. La Biblia no habla de genética, sino de especies, e ignora la inmensa variante del tiempo. Es más, todos los seres vivos compartimos el sistema codificado del ADN porque nuestro origen es el mismo. Y, una vez más, el texto al que hago referencia al comienzo del párrafo ya está obsoleto: el hombre también es capaz —todavía con coste elevado— de escribir información en ADN y leerla, siendo dicho soporte más pequeño y duradero que las cintas, los CD-DVD, las memorias flash o los cristales de cuarzo. ¿Solo pudo ser el ADN obra de una gran diseñadora o es que solo empezamos a conocerlo?
Podemos contarle a Dios todas nuestras miserias, por más miserables que sean. Sea esta una de las pocas ocasiones donde la redundancia cíclica se puede admitir. Siempre estará escuchando y listo para perdonar. «Lo único que no se puede perdonar es la blasfemia, porque significa que no deseas el perdón», pero… ¿hay que pedir perdón por sentir amor?
Sobre esta película, «La (des)educación de Cameron Post», publican una crítica en el periódico ABC y la titulan «Manoseo adulto en la arcilla adolescente». En 218 palabras pasa de puntillas por el tema usando como palabra más gruesa «homosexualidad» y, por si acaso, «supuesta». Pero si hay muchas palabras. Mira: gay, lesbiana, trans, pan, bi o asexual, bi o cisgénero… y entre las escasas 218 palabras falta esta: religión. Justo la fuerza que hace girar la torneta del alfarero en la peli.
A Cameron Post la lleva su tía a un centro donde tratan de educar a
jóvenes que sienten atracción por sus iguales del mismo sexo. Con la
mejor de las peores intenciones, pues… «¿No deseas tener el día de mañana una familia?» Pues mire usted, no todo el mundo. Me decía hace poco una profesora
universitaria de psicología, Carmen, de apodo "corazones": «Hay mucha ignorancia. No comprendo esa obsesión con implantar el pin
parental. Se me acercan mis estudiantes con frecuencia para cuestiones
sobre su identidad sexual. Son gente que sufre. Está claro que hace
falta mucha, mucha, mucha educación en esta materia».
En una de las terapias a cielo abierto, dos compañeras presionan a Cameron para que hable de la chica con la que tuvo relación porque ven que solo es capaz de callar y alucinar con lo que ve y escucha. Así que dice:
En una de las terapias a cielo abierto, dos compañeras presionan a Cameron para que hable de la chica con la que tuvo relación porque ven que solo es capaz de callar y alucinar con lo que ve y escucha. Así que dice:
—De acuerdo. Se llamaba Coley. —baja la cabeza— Estábamos en el mismo
estudio bíblico. […]
—¿Cómo era ella?
—[…] ella era perfecta […] pero no egocéntrica […] ya saben, de ese
tipo de persona que, sin importar quién seas, querrías ser su
amigo.
Y todos callan, intuyendo, dando por buenas sus palabras, por lo que la
monitora interviene:
—Se dice que los caníbales solo devoran a los enemigos que admiran como
una forma de hacer propias sus mejores cualidades.
Que es una forma asquerosa de darle la vuelta al sentimiento de
atracción entre dos, expresado con sinceridad.
El peor momento de la peli —sentí un crujido interno— sería la escena traumática donde Mark trata de amputar lo que le
define como hombre. Algo que tantas veces recorre mi cabeza.
El mejor está disponible en un
clip en youtube: Cameron pone alegría entre sus compis acompañando una fantástica
canción de la radio y, en respuesta, la encargada —esta que se cree por
encima de los caníbales— le entrega una carta envenenada para que sufra
y no se venga tan arriba alborotando el gallinero.
Los corazones más bondadosos palpitan contra todo pronóstico en los
cuerpos y mentes menos imaginables. No son exclusivos de una raza, sexo
o religión.

No es la religión lo que lleva a una persona a besar la cruz y pasar
las cuentas del rosario dejando la mente en trance para luego hacer
daño al prójimo. Recuerdo una misa de domingo en que una mujer con
dificultades pedía permiso a otra para sentarse en su mismo banco. La
envió a buscar sitio en otra parte con cajas destempladas. Después,
como pésima cristiana, con el alma bien sucia tomó el cuerpo de
Cristo. Para ella, igual que zamparse una oblea dulce o la bolsa
entera.
Por otra parte tenemos una historia similar con Garrad Conley. Su libro
«Boy Erased» da lugar a la película «Identidad robada», donde cuenta
cómo, siendo hijo de un pastor baptista, es enviado al centro «Love in
Action» para ser rehabilitado entre hostias y oraciones de su
«enfermedad». Esos sitios, gobernados por gays arrepentidos y
promocionados a caciques de Dios, se creen tan autorizados como para
buscar tu conversión a su limitado, y en teoría sano, mundo binario sin
pensar que para ello primero tienen que destruirte.
¿Solo dos cuando la medicina también reconoce que hay más de dos sexos? Y
aunque así fuera, hay diversos factores añadidos que conforman múltiples
variaciones.
Pero volviendo a la peli, Helen, compañera de Cameron, dice:
—No rezaré para que Dios me cambie porque Dios no comete errores.
Que significa: Dios decide todo en cuanto se conocen óvulo/s y
espermatozoide/s y la genética no tiene nada que decir. Decide también
qué enfermedad arrebatará en pocos años a bebés inocentes de cualquier
pareja, hayan sido bautizados o no. Pero no dirá por qué ni para qué. De
hecho no ha vuelto a decir nada en 2000 años. O quizá no ha parado de
hablar y estamos distraídos o no queremos escucharle. Usted elije.
Creo que va siendo hora de afrontarlo. Al principio, en la época menos transparente de la humanidad, los sagrados conocimientos fueron transcritos a mano durante 1400 años. En ese tiempo surgió el cielo y el infierno, el purgatorio, el crimen y el castigo, la culpa y el pecado, el diluvio, Adán y Eva, la muerte de la higuera que no daba fruto fuera de temporada, etc… Y sigo sin tener claro si todo lo escrito fue dictado a la oreja, interpretado o deducido por los discípulos, ni por qué hay versiones. En cualquier caso, no estaba por entonces prevista otra tierra que no fuera plana, otra explicación para la vida que no fuera divina, otras sexualidades, la evolución de las especies… ni se conocían importantes aspectos sobre el tiempo, el espacio y el universo. Toda la ciencia conocida es como un magnífico puzzle lineal que vamos completando y resulta muy complejo encajar cuanto se dice en una biblia inmutable. Solo una fe ciega a la par que visionaria será capaz de conformarse creando las piezas exactas..
Mi experiencia con el sacerdote
A mí también me recomendaron hablar con un sacerdote porque sería
bueno para mí. Y no me hace mal. No sé si mejor, pero temo que le hago
perder el tiempo. Reconozco que algún tiempo me he sentido mejor
persona, diferente, principiante de buen cristiano y hasta he borrado
entradas poco católicas de este blog. ¿Por qué sigo entonces? ¿Será
porque no tengo amigos para sentarme a su lado y hablar? ¿Hablaría
igual con un amigo? No sé nada de nada. Critico y luego me valgo de
medios similares, sí, pero siendo adulto, yendo por propia voluntad,
con una finalidad desconocida pero diferente y siempre libre para
abandonar. Lo primero que me recomendó, en vista de lo verde que
estaba, fue un catecismo que parecía el María Moliner aunado en un
solo tomo. No lo llevé a casa. A pesar de todo, hablamos de
Dios:
—Tienes que ver a Dios como a un padre. Un padre siempre perdona a
sus hijos.
—Pues no sé qué decirte. Yo tenía demasiado miedo a mi padre. Su cara
enfurecida era más la de un padre que va a partirte la crisma que a
perdonarte por romperle el casete o el vídeo, y no te digo cuando casi
prendo fuego a la casa.
Se remueve en su sofá. Parece que no sabe cómo sentarse para estar
cómodo. No sé si le pongo incómodo. No es mi intención. Miro sus
zapatos negros, calcetines negros, sotana negra. Cuánta oscuridad
viste a quien habla de una luz tan pura.
—Bueno, los padres también tienen sus días difíciles y la actitud
del hijo al pedir perdón también influye, pero un padre...
—Pues justo el momento de la casa llena de humo no era el mejor
momento, así que salí corriendo de casa advirtiéndoles que se me había
caído una cerilla sobre el tapete de la mesa y como soy miope y por
entonces no me ponía las gafas...
—A ver, nos estamos desviando del asunto. —levanta la mano en
señal de STOP—
Tú piensa que Dios siempre lo ve todo, que nos ama y nos escucha
cuando hablamos con él y además nos contesta.
Hace pausas y termina con una más larga para que asimile los
contenidos pero, a decir verdad, me quedo en blanco esperando que tome
la iniciativa. Y la toma:
—¿Ya has hablado con ÉL como te dije?
—Ssssii —es un sí flojito, inseguro. Decir mentiras es algo realmente
repugnante. Apesta y confunde. Y para alguien tan torpe como yo en las
conversaciones es además nada recomendable. Que vamos, yo no había
tratado de hablar con… Dios.
—¿Y te ha contestado?
—(Ostras, esta pregunta no me la esperaba) Bueno...
Y creo que debería poner muchos más puntos suspensivos para describir
lo poco claro que lo tenía. Pero respondo:
—Sí, sí que me ha respondido, ¡pero no con palabras! ¿Te imaginas?
SOY DIOS, HIJO MÍO. Vamos, escucho eso en mi cabeza y me cago encima.
¿Tú le oyes hablar con palabras?
—Jaaaa, jajajajaa —el hombre se ríe y me explica que no, que
sucede de otra manera: se sabe, se siente, tarda en llegar, hay que
trabajarlo. Está sudando y no puedo por menos que preguntarle:
—¿Cómo puedes aguantar el calor con toda esa ropa negra...? Además
atrae la radiación solar y...
—No te creas... —estira y toca sus telas—
Luego es muy... finita, mira. Toca.
Y yo toco. Con miedo, pero toco y miro de cerca la tela de la sotana.
Sí, parece fina. Y baratera. Aunque no lo será, porque añade:
—Además tiene la ventaja de que no necesita planchado. Si un día
estás de viaje la puedes lavar, la cuelgas y se seca y queda
estirada muy bien.
No soy capaz de creerlo.
Otro día, cuando la conversación se detuvo, me preguntó:
—¿Y la pureza?
De verdad, con tan poca información no llego. Cuando la gente me da
poca información acostumbro imaginar cosas por completo diferentes a
las supuestas. Como cuando un día me detiene el jefe, bajo la
ventanilla y pregunta si sé algo de los automáticos. Y yo callado
pienso en autómatas sin llegar a entender nada. Añade, por toda
aclaración, que no arranca. Miro cómo se masajea el michelín y trato
de recordar algún mecanismo automático. Se da la vuelta y se aleja.
Sigo adelante por el garaje hasta aparcar en mi plaza. Al salir y
volver a pie ya comprendí la pregunta. Había un coche automático de un
vecino que no arrancaba.
Pero estaba con la pregunta sobre la pureza. Y tela lo que pone el
diccionario:
f. Ausencia de mezcla con otra cosa: la pureza del aire de la sierra
te sentará muy bien. || Ausencia de imperfecciones: este diamante es
de gran pureza. || Virginidad: la pureza de la Virgen es algo sagrado
entre los católicos. || Inocencia en todo lo relativo al sexo: la
pureza de los niños.
© Espasa Calpe, S.A.
Pregunto:
—¿Pureza? ¿Qué pureza?
—Pues hombre, ya sabes, las mujeres...
—¿La pureza de las mujeres?
—Noooo, a ver. Cómo decirte. —miró hacia arriba como pidiendo
socorro y explicó—
Que si miras a otras mujeres, piensas en mujeres...
—No. Yo no voy como un salido que babea al cruzarse con una mujer,
pero sí que miro.
—Pues eso es lo que NO tienes que hacer. Tienes que guardar la
vista.
—Uy. Eso suena muy... me recuerda lo de si tu ojo...
—Es que no es por causa del ojo, sino por los pensamientos
impuros... —bla, blah, bla, breve aclaración del tema. Luego se explica de
p.madre, la verdad. O soy facilón. O tardo en descreer.
Madre mía. Como para decirle que a veces me parece como si fuera una mujer en el cuerpo de un hombre poco masculino que pone especial interés en perfiles andróginos del tipo Laura Pergolizzi. Me parece que le dije una mentira de las grandes y sin ser consciente. Quizá eso sea un atenuante y me rebajen la condena. De todas formas… ¿quién no piensa en otras personas para bien o para mal?
En otra ocasión le hablé de mi anorexia nerviosa y llegó la siguiente
pregunta:
—¿Y cómo te va con la comida?
—Pues estaba yo pensando que va a ser Viernes Santo y tendré que hacer
abstinencia. No voy a tener ningún probl...
—Quita, quiiiiita, quitaaaaaa —y hace un gesto con la mano tipo
«ven pacá, moreno, que te vas a enterar», así, como el juego del traga
bolas, moviendo la muñeca de arriba a abajo—.
En tu caso la penitencia va a ser comer, así que nada de abstinencia.
Tú tienes que comer. Siiii, sí, sí, sí.
Cuando le conté esto a mi mujer rio de lo lindo, cerrando los ojos y
echando la cabeza atrás y luego adelante. Como partiéndose al medio. Qué
cosas. El hombre también reía mientras le contaba cómo hacía para poner
poca leche y mucha agua con el café en polvo. Se puso serio al llegar a
la parte del grave disgusto que supuso por entonces para mi esposa. Es
lo que tiene hablar de temas que se desconocen. No sé las demás personas
que superaron su anorexia, pero en mi cabeza no hay día que no piense en
ello, en la grasa bajo mi piel y en lo horrible que es esta enfermedad.
Es muy serio.
En fin.
Va haciendo demasiado frío. Voy a salir del Iceberg, pero no para subir
a bordo del abarrotado transatlántico de la familia, la sociedad y los
amigos.
Tomaré un tranquilo velero que me lleve a un puerto cálido. Y en
tierra firme, por esos caminos de Dios, tropezaré, como siempre torpe,
con una piedra que asome siendo parte de roca o montaña. Así, por fin,
seré otro canto rodado, grava o arena, barro o como mínimo polvo y, si
he de ser polvo, que al menos sea polvo enamorado.
