"El mundo está formado por muchos mundos. Algunos está conectados y otros ... no lo están."
Lou Reed dedica una canción a los días perfectos. Esos de beber sangría en el chiringuito del parque o de la playa, con un bol de aceitunas o patatas fritas. Y volver a casa. Dar comida a las palomas, a los patos, ver una película y regresar cuando oscurece, contentos de estar juntos.
Dejamos los problemas a un lado para pasar el fin de semana en Oviedo, por nuestra cuenta. Nos olvidamos de nosotros mismos. Después, acurrucados en nuestras camas del hotel, justo antes de dormir, pensamos quiénes somos. Si creíamos ser otra persona, una buena persona.
Muchas personas asocian su nombre a la heroína y, por ignorancia, lo anotan junto al de otros muertos jóvenes por la droga, cuando lo cierto es que vivió 71 años en este mundo. Los últimos veinte disfrutando junto a Laurie Anderson y, mirando los árboles como Hirayama en la película Perfect Days, saliendo de él.
Hirayama, en el momento de la foto en bici, explica a su sobrina:
—El mundo está formado por muchos mundos. Algunos están conectados y otros… no lo están. Lo cierto es que mi mundo es muy diferente al mundo de tu madre.
A lo que ella pregunta:
—Y mi mundo… ¿cuál de todos es el mío?
Para no obtener respuesta.
Entonces suena la canción The House of the Rising Sun y esa cierta frustración que desprenden las cuerdas vocales del cantante parece disiparse en el éter, sin que nadie pueda compartir su dolor.
Será la adolescencia un tiempo para hacerse este tipo de preguntas, para consumir la música como medio de escape a la angustia. Será una eterna adolescencia de soledad y fuga.
Queremos, necesitamos pertenecer, y no es bueno sentir esa necesidad, dejarla desierta sin saciar su sed. Algunos, en realidad, nunca formamos parte de algo más allá de un mundo propio.
En ese ámbito, a veces la mirada no recibe correspondencia. Ni la voz, ni el tacto, ni el oído, dejando abierta la puerta al reproche.
A veces, agazapados, tiritando, asustados… ni tan siquiera conseguimos salir de nuestro pequeño mundo. Como un negativo lleno de luz destinado a no ser nunca proyectado.
Sinead O'Connor - The House Of The Rising Sun (Live)
