"No te doblegues. No te licúes. No trates de hacerlo lógico. No modifiques tu propia alma según la moda. Mejor, sigue sin piedad tus más intensas obsesiones" (Franz Kafka)
Incluso una Rapunzel tristemente enferma merece el aprecio del deseo sexual. Dicho así, en frío, suena a manifiesto. Pero es que a veces la verdad necesita un poco de escándalo para que la gente la escuche.
Podría o no considerarse el deseo de una persona obcecada, porque la grosería de la expresión da pie para opinar así, y habrá quien opine, faltaría más. Pero si yo digo "me follo a Rapunzel" en un contexto adulto, de temperatura elevada, de copas sin borrachera —que sería otra opción, con sus propias consecuencias—, de risas y ambiente propiciatorio, de diálogo maduro entre personas que saben distinguir una palabra de un acto... probablemente no tendría mayor importancia la expresión. Quedaría flotando un momento en el aire y luego se iría, como se van todas las palabras que nadie recoge.
Un niño, en un ambiente diferente, en cualquier otro tipo de circunstancia, también podría decir las mismas palabras. Las mismas exactamente. Y sin embargo no serían lo mismo, porque las palabras no viajan solas: llevan pegado el contexto como la ropa lleva pegado el olor de quien la viste.
¿Qué importancia deberían tener, entonces? ¿Cómo puede un padre o una madre reaccionar ante una expresión así de su hijo, sin convertir el momento en un juicio, sin inflar algo pequeño hasta hacerlo enorme?
¿Rasgarse las vestiduras sería lo propio? ¿Lo sería el castigo, severo y ejemplarizante, que graba la palabra en la memoria del niño con tinta indeleble precisamente porque se la prohibieron? ¿Lo serían unas palabras con tono sereno, más que serio, que abran una conversación en lugar de cerrarla con llave?
¿Cuáles serían esas palabras? ¿O mejor el castigo? ¿O la indiferencia calculada, en espera de la repetición, para ver si el árbol cae solo o necesita que alguien le quite el agua?
Yo, sin permiso de Rapunzel y con todo el respeto que merece su melena, me voy a la peluquería. A que me f*llen el bolsillo con la subida del IVA, que es el único abuso que nadie denuncia porque nos hemos acostumbrado a él como nos acostumbramos a todo lo que duele despacio.

me gusta creer que los niños son niños por encima de todo y a pesar de todo, incluso cuando con nueve años quieren follarse a Rapuncel...y mas en el contexto de estar harto hasta el extremo de su hermana toca huevos y del no querer ver de sus padres...
ResponderEliminarlos niños son niños y las niñas son niñas, y no quiero que muera mi parte de niño o niña que me queda, no quiero que muera mi inconsciencia ni mi ilusión.
no quiero ver ni oler maldad en todo.
no quiero perder esa fuerza innata de la niñez y que es una pena que tantos adultos se empeñen en machacar.
no quiero dejar de aprender a crecer, por que ser niño tampoco es moco de pavo....
los niños no son crueles, son realistas, la crueldad la ponemos los adultos con las odiosas comparaciones, con la discriminación, con el abuso, con los palos fisicos y morales.
los niños y niñas son tan valientes que no se merecen tantas adversidades como algunos reciben.
mi preciosa Rapuncel pelona....suerte, a mi me estas enseñando a crecer