"El pesar y la pobreza purifican el corazón del hombre, aunque nuestras mentes débiles no ven nada de valor en el universo, salvo la comodidad y la felicidad." Khalil Gibran
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| Portada del libro "Intemperie" de Javi Rey basado en la novela de Jesús Carrasco |
⚠️ Advertencia de contenido: Este texto incluye referencias a abusos,
violencia física y psicológica, humillación y recuerdos dolorosos de la
infancia. Puede resultar sensible o perturbador para algunas personas
lectoras.
¡Huye! ¡Corre sin parar!
Encontré esta portada en una novela gráfica.
—Eres un cobarde. Siempre estás huyendo.
¡Pero de la mili no te vas a librar!
¡Ya verás cuando tu sargento te diga...!—
Descansa en paz, padre. Me libré del servicio militar, pero sí, huyo. Corro sin parar.
Me detengo para comer. Recuperar el aliento y... respirar. Eso sí que es obligatorio.
Me detengo para pensar. Triste.
Después de algunos años recibiendo la etiqueta de autista en diferentes formatos, decidí participar en un estudio realizado por profesionales en T.E.A. y he sido diagnosticado con cierto grado de autismo. Ninguna sensación. Pensar.

Mi esposa dice que aprendí el guion autista y lo sigo a la perfección. Soy un actor magnífico. Pido perdón a todos si de veras he fingido ser autista. No merezco perdón. Lo siento. Dolor.
Este diagnóstico es como poner la señal de “Peligro: curvas” al principio de un camino sin vuelta, cuando ya lo has recorrido.
Y piensas. Del único camino importante.
Desconfío si creer en este diagnóstico, a pesar de la cantidad de evidencias liberadas del baúl de las incógnitas, que ahora deambulan como zombis por mi cerebro pidiendo un remedio que no existe.
Aún no sé si tengo que reaccionar y buscar ayuda o dejarlo estar. Dolor. Pensar duele.
Distraerse. Cómic.
Cuando encontré esta portada me vi escapando de nuevo. Imaginé un chico que huía de abusos sexuales supuestos, diferencias, desilusiones, vejaciones y golpes. Diferencias evidentes para todos menos para mí, y que yo jamás podría disimular al cien por cien (10.000).
Aunque parezca imposible, tener un hijo diferente puede asumirse como un regalo de Dios o como una maldición no merecida. Todo depende de los valores humanos de cada persona. Y si un hijo corre todo el tiempo, ya sea hacia dentro o lejos de todos nosotros, debemos preguntarnos si hemos hecho todo lo posible por ayudarle y tranquilizarle. Para que nos deje entrar en su refugio. Para que venga sin miedo hacia nosotros.
No sé si es extraño temer más la amenaza del puño y la cara inyectada en ira de un padre que el dolor de un cuerpo golpeado. Actualmente prefiero lo segundo.
Estoy tan convencido de que el cuerpo se queja de forma pasajera por sus magulladuras como de que el tormento puede arraigar en la mente, corroyendo día a día nuestro ser.
Qué curiosas coincidencias tiene la vida.
Cómo, entre los cientos de cómics que he pasado por encima, me voy a detener sobre este, decidido a robar su imagen para inventar un cuento que ya estaba escrito de forma similar en su interior.

Huyo de un ser perverso con cara demoníaca. Hablo de la amenaza violenta que fluye sigilosa bajo la piel de algunos hombres. Soy incapaz de detectarla bajo las mujeres y me convenzo, equivocado, de que en ellas no se encuentra.
Ellos siempre tratan de hacer valer su fuerza y me ven como una piltrafa con plumas. Bloquean mi paso deliberadamente con sus cuerpos musculados (a veces con hormonas, puaj). Tratan de imponer su altura o corpulencia a una distancia donde distingues su olor, su vena de mala saña y la extrema agresividad verbal que apesta su boca y enloquece sus cerebros crudos.
¿Qué puedo hacer? ¿Esconderme? Pues me aparto, no acudo. La huida de la hiena. El deslizarse, siseando, de una serpiente sibilina. El loco aullido de una bestia macabra con los atavismos más primitivos: matar o ser muerto. Un frenesí mental que debo sujetar fuerte antes de que me empuje fuera del círculo de las personas equilibradas y cabales.¡Cómo se entretienen conmigo! Estar inclinado es barra libre para jugar, cogiéndome por las caderas y fingir que me poseen. ¡¡UH UH UHH!!, como los bonobos. Risas. “De buen rollo hago que te follo”.
Cogen mi brazo con fuerza y solo encuentran hueso; me empujan, me insultan con supuesta gracia y, a pesar de todo... ¿¿¡¡me quieren!!?? No lo entiendo (hay amores que matan). Yo también les quiero. Nadie es perfecto.
Me engañan una vez. Al día siguiente, otra vez más mientras ríen. Y otra... Me miran con superioridad esperando el rasgo que delate mi estupidez silenciosa... Sí. Hay que ser mala persona para disfrutar de algo así.
Habría que enfrentarse y contestar. Eso sí. Pero no. Demasiado premio liberarles de sus cárceles invisibles de deseo, envidia, rencor e insatisfacción.
Pero así es como se guisa en la olla a presión, y mi odio pide un plato lleno de venganza mientras yo le sirvo —siempre— un vaso de agua fresca. Dicen que ayuda a tragar.
¿Dónde quiero llegar? No tengo agilidad para reconocer siempre en los demás la forma de esos comportamientos y, menos aún, el fondo, por lo que no puedo responder a tiempo ni con proporción. Prefiero callar e ignorar el momento que excederme y equivocarme.
Ya me excedí. Ya me equivoqué. Dicen que me enfado con quien no debo y callo cuando no debo. Puto mundo de incomprensible mierda. Putos hombres. Odio. Agua.
Insistentes. Exigen que me porte como un hombre, de forma masculina.
Que mi edad sea fiel reflejo de mis actos. ¿Dónde se aprende eso? ¿Se aprende?
Alguien en posición de poder me dice en la cara, riendo, de buen rollo —no siempre—, que tratar conmigo sirve de aprendizaje para manejar la situación con otros “tarados”, aunque estén peor que yo, porque seguimos un patrón.
Sigo el rollo de entender la broma cuando en realidad me molesta mucho. Esto no es quejarse. Cuando no ponemos remedio, todos encontramos finalmente lo que merecemos.
Lo he pensado en casa. En frío. Dolor.
Me he sentido muy triste: como el mierda que huía siempre, ¿verdad, papá?
Pero personas así no son mejores que yo. Varones que babean cuando a su lado hay una mujer agradable y hablan mal de su compañera. Tipos que no dudan en cachondearse de los menos listos y, ante la inteligencia ajena, son ciegos.
Machos para los que la hombría es decir que se follarían a esta y a aquella la pondrían mirando a Cuenca. Viriles al comer y beber, fumar o escupir, y pisar sin respetar nada ni a nadie.
Hombres que ríen entre las lágrimas de su madre al morir el perro familiar. Que ríen, he dicho, preguntándose si alguno de ellos acarició acaso alguna vez al animal. Y ríen a grito pelado. Risas de barbarie y cromañón.
Huyo de personas así porque no son mejores que yo, padre.
—¡#@&%! ¡Siempre serás un @#%&*!
F-u-e-r-a. VETE.
F-u-e-r-a. VETE.
Si no vas a ayudar, vete. ¿Ayudaste alguna vez? Márchate.
No puedo ser como ellos. No quiero. Aunque no pueda proteger mi piel mientras sus miradas o comentarios me invaden. Por más capas que lleve, ellos siempre arrancarán mi ropa sin tocarme.
—Quítate la ropa. Quiero ver tu cuerpo. Yo no tengo malicia. No pasa nada. Te mostraré mi cuerpo. Somos hombres. Soy como tú. Ven. ¿Lo ves? Tócalo. No temas. Yo soy fuerte y cuidaré de ti, pero has de obedecer. Date la vuelta.—
No. Claro que no fue así. Es solo el mensaje oculto.
Los hombres demuestran su poder con dinero, con la fuerza o la belleza de sus cuerpos. Se posicionan entre ellas como líderes con garantías genéticas o económicas seguras. ¿Sí? ¿Seguras?
¡¡PFFFFF!! Menuda mamarrachada propia de primates y antiguos esquemas humanos. En fin. Allá cada cual.
Tú corre, chico, corre. Pero hazlo de noche, para que nadie te vea llegar a lo más alto. Es mejor. Las estrellas esperan y nadie debe ver que las alcanzas. Nadie debe saber que en tus sueños todo es posible. No existe motivo para explicarlo ni quien pueda comprenderlo.

¿Qué es esto? ¿A vueltas con la religión? Pues mira:
En tu ascenso quizá veas una imagen de Cristo con las tres potencias del alma que, por suerte, no te faltan: el entendimiento, la voluntad y la memoria. Por tanto, entenderás que no has de pedir ayuda, que debes tener fuerte voluntad de seguir y recordar que estás solo en este camino.
Ucz się ucz, bo nauka to do potęgi klucz.
Huye, por lo tanto, con la idea de que vas.
Marcha entonces sabiendo que no es huir, puesto que no hay forma de poder escapar.
Así llegarás donde, sin duda, todo se habrá de olvidar.
Mi vida transcurre ya de prestado.
He muerto ahogado en el pasado, atropellado en el presente y, cuando la muerte llegue mañana, volverá por fin otra vida a conocerme.
Pero piénsalo —dice Rocío en su blog 12y3volveraempezar—:
—Querer huir no arregla nada. Por muy lejos que se vaya, por largo tiempo que se emplee en ello, eso no limpia, no sana, no logra que uno encuentre su sitio, su vida, su verdad, su misión...—
Mientras tanto, aparta tus lágrimas infantes del feroz aliento.
Ya verás, ya.
Verás cómo vuelve el agua a perfilar esa mirada limpia.
Tú retorna al agua que tanto te tranquiliza y bébete esos cielos como solo tú sabes amarlos.
Vuelve al calor enrollado de tu manta, junto al perro que nada pide lejos de tu compañía.
Del amor que disfrutas recoge su cosecha y reparte, generoso, la fuerza de su alimento.
Deja que el agua hable, gota a gota, por los capilares de la primera lluvia fina.
Abre tus brazos al viento y espera la llegada de la Gran Tormenta que cerrará, última, tus heridas.
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| No todo el mundo puede comprender el amor por la naturaleza, por los animales. |






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