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viernes, 31 de julio de 2020

Estudios Universitarios

"Nadie debería escapar de la Universidad sin saber lo poco que sabe.J. Robert Oppenheimer 
Mal estudiante - Obra de Yunyun Li

Nada, que he visto la película "Larry Crowne, nunca es tarde". Despiden a Larry de su trabajo en un supermercado alegando que, al no tener estudios universitarios, no puede ascender y por tanto  no tiene expectativas. Blah, bla, se matricula en la universidad y es un estudiante de éxito a los 50. Cosas del cine y casos de película.

Hace muchos años quise cambiar de empleo pero mis expectativas se venían al suelo cuando leía "Titulación universitaria requerida". Cualquier titulación en muchos casos. Y encima pedían "abstenerse" al resto. Son especies diferenciadas. 

Según la Universidad Autónoma de Tlaxcala, el "Homo Universitatis"  es un ser analítico, comprensivo, predictivo, innovador, propositivo, universal, democrático, solidario, permisivo y coexistente. Si cuentas las características, son como diez mandamientos. Los demás pertenecemos a la especie sin evolucionar que es por contra desordenada, intolerante, convencional, inmovilista, indecisa, provinciana, aborregable, egocéntrica, intransigente e individualista. Y vaya, creo que cumplo algunos de estos requerimientos negativos. 

Bueno, lo de ese "Homo" solo se trata de un "Modelo humanista integrador basado en competencias" pero no me creo que de entre la horda ( ¿turba? ) de aspirantes a universitatibus se queden al margen los más capullos ni las peores cabronas. Y menos que a estos, sus malas artes y limitaciones para amar y respetar a los demás, les impidan lograr sus correspondientes títulos. Antes de admitirlos nadie va a valorar su psiquis ni va a espiar su comportamiento previo en la vida.

"Dame un título y conquistaré el mundo", no lo dijo Arquímedes. El decía "dame un punto de apoyo y moveré el mundo". Se parece. Te apoyas en un título para conseguir lo que buscas. Tonterías. "A fulanito no le ha servido de nada, fíjate: está en un supermercado Mercadona, no te digo más".  Y a la vez que se menosprecia un trabajo tan digno como cualquier otro, ignoramos que a veces también se exigen "papeles" en el ansiado Mercadona.

¿ Qué prefieres, una universitaria graduada en informática ( da gusto oírla hablar, no cabe duda ), una chavala que apenas ha sacado un módulo de formación profesional ( con cara de buena gente, por lo menos ) o alguien sin ningún tipo de estudios ( pero 10 en simpatía ) ?

Bueno. Pero ahora vamos a aliñar la ensalada o batir el Gazpacho con la Thermomix, y si sobrevives a la barbaridad de los decibelios de esa máquina infernal, te cuénto qué pasa al mezclar bien todas las circunstancias: las mentes, los sentidos, las capacidades, los corazones, el físico y las metrallas incrustadas en la vida de cada cual, pues todas tenemos una historia que contar. 

¿Cuál es el resultado? Pues que casi da lo mismo el producto si tienes titulación universitaria. Me estoy poniendo pesadito desde el minuto 1 y me agoto yo solo de leerme.

Me gustaría pertenecer a esa especie superdotada que puede ponerse delante de un libro y consiguen sujetar las letras para que no jueguen al "corre que te pillo". Esa gente capaz de fijar su mente en obtener un logro futuro, de planificar y respetar una rutina diaria de trabajo por su cuenta. Personas que pueden abandonar sus intereses y aficciones más queridas por la consecución de sus objetivos. Cosas que jamás he sabido ni habría sabido hacer si, en un arrebato de locura ( imposible de otra manera ), hubiera apostado la vida en ello.

Me rindo ante ustedes. No somos de la misma pasta. Arcilla y agua de mar dan forma a mis huesos. En los vuestros resuena el acero forjado, pulido, brillante, perfecto. Mis carnes, fibras de algodón cubiertas de finísimo papel japonés washi. Las vuestras, imponentes enlaces covalentes químicos bajo un laminado de grafeno. Mi mente un revuelto de gambas con frío y la vuestra papas de La Bonotte con carne de Kobe.

Somos por lo menos de esas personas especiales que saben disfrutar de las cosas más sencillas. Del solos tú y yo, como en esta canción de Adriano Celentano.

martes, 14 de julio de 2020

Ladrando con perros



"Tómame o déjame", no suena moderno, suena Mocedades

Tener en casa un compañero de otra especie era algo que yo no quería. Dijeron que me vendría bien. Me obligaría a salir de casa y a hablar con otras personas. Y así fue, aunque pronto dejé de unirme a corros comentando cosas intrascendentes para pasear de verdad una hora y volver a casa. Además, indicar a la gente cuándo cagaban sus perros no parecía del agrado de nadie.

—¡Uy, si no tengo bolsa! ¿Me das una, porfa?
—Toma.
—Gracias, a ver… —y se pone a buscar la mierda donde no está.
—No. Está aquí, mira.
—¡Vaya, estaba tan distraída…! Gracias. —Y me mira a mí en vez de mirar la caca. ¿¿??

En casa hubo una votación que debería haber quedado en empate, porque las hijas se van de casa y el susodicho can, en mi (nuestro) caso, no se va. Por suerte. Diré que ojalá estuviéramos todos juntos, pero eso sería malo para mi-hi-ji-ta, seguro.

Podría haber salido feo, pero es un perro “top model” si no abre la boca. Pelo suave y abundante que no se cae. Menos de cuatro kilos de peso y un carácter endemoniado, así que su vida en el parque es complicada.

Cuando aún me esforzaba por ser otro arbusto más en el grupo de personas emperradas, apareció una pastora alemana aficionada a pisar y colocar sus dientes como collar de perlas alrededor del cuello de mi chiquituco. Será normal, porque no apretaba, pero verlo me ponía de los nervios, así que decidí marcharme cada vez que aparecía. Su gobernanta se rió de mí y gritó:

—¡Así no aprenderá a estar con otros niños! ¡Mételo en una urna para que no le pase nada!

Y yo también grité:

—¡No es un niño, IDIOTA! ¡Es un perro! ¡Y haré lo que me dé la gana!

En mi casa es como un peque de la familia, pero eso es cosa nuestra, no de esa mujer. Y el tiempo pone a todos en su sitio. Ahora su perra es agresiva incluso con la gente, está como una tanqueta y, por tanto, es peligrosa. La sacan a ver la mediana más cercana y vuelta para casa. Nuestro amigo pasea mínimo dos horas cada día. Los suertudos son libres en finca; piso con vecinos es lo que hay.

No suelo tener tiempo para evitarle el bullyingcan.
«No te preocupes, que mi perro no hace nada» es la frase más encefaloplana que suelo escuchar. Y esta otra, cuando se pelean: «Déjalos, que entre ellos se regulan y se entienden». Entre ellos se matan si hace falta. No pasa nada hasta que pasa, y cuando pasa, el pequeño lleva las de perder. No es lo mismo pesar ocho que cuatro. No te digo ya treinta.

Las personas con gatos, perros, pájaros, etc., terminamos hablándoles como si pudieran entender nuestra jerga. Hablaré por nos para decir que quizá así sea. Veamos. Paseando por el parque, me dice:

—Dame algo de comer. Algo con lo que yo sepa cuánto me aprecias.
—No tengo nada. No hay. —Le enseño las manos vacías.
—Pues vale.

Camina unos pasos. Huele que te huele. Mea y dice:

—¡Dios, qué a gusto me he quedado! ¡Soy el mejor! ¡El más grande y más fuerte!

Lo acompaña de rascadas para tapar el pis. Si hay tierra que salga volando a mis zapatos, mucho mejor. Mea por aquí, por allá… Al intento quince o veinte ya no queda ni gota, pero da igual. Vuelve a insistir:

—Dame algo de comer. Anda. Tío cutre. Saca.
—Que no lleeeeevoooooo. No hay. —Manos vacías extendidas.
—Mah, vámonos. Lo sé de sobra. Solo te pido para que te sientas mal y algún día aprendas de tu mujer a llevar alguna chuchería. (mamón)

Bueno, seguro que voy descaminado y no piensa sino que “instinta”. Luego en casa, con todo abierto, entra una mosca zumbona. Los ladridos taladran mis oídos hasta el dolor. Me desquicia. Me convierte en abusón asesino cruel. No tiene botón de MUTE.

—Queeee paaaaasaaaaa. Solo es una mosca, calla, jodeeeeerrrr. (¡Lo mato!) (no, no tiene culpa)

—¡¿Que qué pasa?! ¡Eres tú el que se pone nervioso! Agitas las manos, sacudes paños y al final echas vapores que huelen a rayos… ¡Encima que me preocupo…!

Saco la mosca o la avispa de turno y se queda tranquilo. Me mira mientras saca y mete la lengua y em diu amb aquestes paraules:

—¿Un premio por lo del bicho? ¿Chacho? ¿Sí? ¿Eh?

Pero no. No le di.

Voy a la cocina a picar entre horas. Abro una bolsa de conos 3D, fritos de maíz, patatas Lays al punto de sal o me zampo unas almendras, avellanas, ciruelas pasas, dátiles… Que no quiera coger peso no quiere decir que no me apetezcan las cosas ricas. Luego vendrá lo que tenga que venir a la cabeza, esa es otra historia. Ladrido repentino a plena potencia, modo quejido y muerte súbita por susto a mis espaldas.

—¡DAME! ¡DAME! ¡DAME ALGO QUE COMER! ¡No solo a ti te apetece picar, capullo!

Le doy un trocito de chuche perruna. De verdad que son asquerosas esas chuches de bolsa, pero es un carroñero, como los demás de su especie. Y no es broma: un día quiso comer de una vaca muerta que dejaron para los falconiformes calvos de cuellos serpentinos con bufanda, ganchudos y picotudos. Eeeeeeh… buitres.

Rituales. Este perro tiene rituales. Los demás supongo que también. Voy a contar uno que espero no sea un acto premeditado para conseguir sus fines.

Coge un peluche de perro por el cogote y lo pasea de la ceca a la meca con mucho esmero, al tiempo que va gimoteando (como llorar), echando aire a presión por la garganta para que suene a quejido suave. Cuanto más tardo yo en responder al ritual, mayor desencaje de mandíbula. Tengo que seguirle, agacharme y tomar el peluche. Juguetear con él mientras él recoloca la mandíbula y se repasa el pelo:

—Ay, el perritoooo…

Hago como que el peluche le lame la cara. Él responde aseándolo con perfume de putrefacción y despioje a mordisquitos finos y seguidos. Lo siguiente ya no tiene explicación. Dice:

—Quieto ahí que te voy a jincar.

Mmm. Suena fatal. Lo sé. Pero eso es lo que hace. Será mi sino. Su tamaño le lleva a agarrar mi pantorrilla, clavar las uñas y frotar con mi talón su lapicero sin minas de recambio. ¿Imaginas un pintor con pincel, inspiración, lienzo y sin óleos? Frustración is de wor.

Su siguiente fase o estadio emocional:

—¡Odio el mundo! ¡Os odio a todos! ¡GRRRR! ¡Malditos!

Se sube al sofá y escarba buscando las muelas de Satán, se mete enfurecido bajo la almohada de su cuna, la vuelca, rasca alocado con ambas patas debajo y no puedes acercarte o serás despedazada y muerta a mordiscos. Espera… a eternos e insufribles mordiscos pequeños.

—¡GRRRR! ¡Iros a la mierda todos! ¡Cabrones!

Cuando su agotamiento sobrepasa los niveles naturales, para. Busca un escondite. Se tumba desolado. Piensa:

—Nadie sabe de mi sufrir.

Extiende las patas delanteras y pone la cabeza entre ellas. No hay imagen más triste. Luego se gira para no vernos.

Está castrado por amplia recomendación. Antes aullaba al paso de cualquier perrilla de su gusto y, si estaba suelto, echaba a correr cruzando carreteras hasta llegar donde la amiga en celo, a kilómetros de distancia. En su vida todo es exageración. Todo o nada. Sin medias tintas.

Algunas personas dicen que llevan una vida de perros. Otros, que los perros viven mejor que muchas personas.

Y ninguna de las dos cosas es verdad.
O lo son las dos.
A saber.

BONUS:
Será mi sino.
«Misino gaaaaato, ¿qué has comiiiiiido?, sopita en viiiiiino.
¿Quién te la ha daaaaado?, mi padriiiiiino.
¿Qué padriiiiiino?, el del moliiiiiino,
zape, zapiño, zape, zapiñooooo».


Soy mal dibujante. Este es mi dibujo original, el otro es un favor que pedí:
"Tómame o déjame", no suena moderno, suena Mocedades

domingo, 5 de julio de 2020

400 Miércoles y 80 grados

"Cualquiera que vaya a un psiquiatra debería hacerse examinar la cabeza."
Samuel Goldwin 
Las amigas de Briana: Sol, 7 y la inigualable Izzy
Briana tiene amigas especiales. Una se llama Sol. 
Sol se ha cortado el pelo y sus pelos de punta lucen como nunca. Tiene cada color de un ojo: azul uno, verde el otro como sus enormes coloretes. La nariz muy chiquinina y la boca, un plátano moreno que te sonríe a lo grande desde la lejanía.
Otra se llama 7. Sí, como el número. Tiene colores cuadrados "MarrónNegroRojo" en cabeza y pata mientras que. en su cuerpo. lucen redondos los colores VerdeMoradoMarrón, VerdeMoradoMarrón. Eso hace de 7 una chica afilada y dura en los extremos pero por dentro es blanda, esponjosa y no hace daño a nadie. Aunque no le hacen caso, 7  explica a todos que "en la cabeza de Briana no vive nadie".
También está Izzy, con su sonrisa y su canesú de sarampión, porque un día la sacó a paseo y se constipó. La gente se asusta cuando mira sus no ojos, tuerce su sonrisa y solo encuentra el contagio de cerca. dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, sies y dos son ocho, y ocho, dieciséis. La tengo en calama con mucho lodor.
Tan pronto dicen que es autismo como que tiene trastornos disociativos, psicóticos, de integración sensorial, de comportamiento  o una esquizofrenia infantil con proporción 1 / 50.000.
Briana y Jani Schofield fueron siendo, como son y serán, amigas por un tiempo al menos.
Para Jani la vida tenía reservadas cosas que a los demás parecerán muy extrañas. ¿Cómo organizará una criatura de seis años el mundo que ve si está rodeada por cientos de seres que los demás no ven? El estrés derivado no resulta difícil de suponer.
Jani resolvió de la forma más simple todo su entorno. Las mejores soluciones sencillas provienen de inteligencias no condicionadas: metió todo lo intangible en el mundo de "Calanini". Lo tangible en la capa principal y superpuesto a ella—como en otra capa de Photoshop—, su asombroso mundo virtual.
Se ha hablado mucho del bajo aprovechamiento que hacemos de nuestro cerebro. ¿Imaginan usarlo en una proporción mucho mayor desde los cinco meses de edad y cómo controlar eso un ser inexperto? Ahí Jani era ya capaz de señalar partes de su rostro.
—400, déjame en paz—decía, y la preguntaban:
—¿Quién es 400, Jani?
—Una gata. No me llames Jani, soy "Arcoiris"—si solo tú ves una gata que además habla... ¿Cómo te sentirías si además te pide que hagas daño a tu hermano, a tu padre y a ti misma?
Las normas sociales son incomprensibles. Te compras un vestido o camisa chula. No yo, pero puedo entender que otros estén contentos con eso. ¿Por qué entonces si ven que mucha gente lleva esa misma ropa ya no le gusta? Gusta vestir diferente. Individualidad. "Yo no soy como las demás." Vale. También quiero aceptarlo, pero entonces ¿por qué se desprecia / SeñalaConElDedo / burla / acosa a las personas que son diferentes por naturaleza o por las circunstancias? Es insano ambicionar la excepcionalidad minusvalorando la de los demás.
La singularidad no facilita a las personas encajar en su entorno y menos a una niña que se angustia y pierde el control cuando su cerebro lanza ráfagas y activa por su cuenta las neuroconexiones que le parece. Lucir sus estereotipias es una respuesta necesaria que extraña a los demás. Ahí llegan el rechazo ajeno, el autoaislamiento que te lo ahorra o las autolesiones por la ansiedad de la propia incomprensión. Por desgracia, la Tierra está invadida de marcianos rígidos como palos de escoba.
—¿Por qué no juegas con los otros niños?
—Si juego.
—¿Sí? ¿Con quién juegas?
—Con 24horas. A veces también con 80horas.
—Jani, cariño, esas no son amigas reales.
—No me llames Jani, soy "RanaDeArbolConOjosAzules".
—Bueno, pero tus 24horas no...
—Sí son reales.
—No, pero atiende. Yo hablo de tus compañeras de clase, del colegio.
—Con ellas es muy complicado. Ellas son un 13 y yo soy un 17. ¡Cuidado!, ¡Que pisas a Miércoles!
Miércoles es una rata en Calanini. Los números que maneja crecerán con los años, como los demás seres.

La niña mezcla lo que le dicen con lo que conoce:

—Miércoles es ratofrénica del mismo modo que yo soy esquizofrénica.

Puede parecer imposible hacer amistad con alguien así, pero todo es cuestión de aprendizaje. La diversidad nunca será un piñón más del engranaje social si no nos molestamos por convivir, aprender, compartir y aceptar con naturalidad a los demás. Y si falla un solo piñón del engranaje la sociedad entera se termina resintiéndose porque el porcentaje total de la diversidad es mucho mayor que uno entre 50.000.

En su clase de música, coge el micrófono y, antes de cantar, se presenta:
—Soy "Jani Luciérnaga" y voy a cantar "This old man"—en la canción infantil, un hombre mayor en patines hace palmas y demás, como Jani con su estereotipia nº 1.
Muchos padres hablan lanzando puñales, descalificaciones o gritos entre sí delante de sus hijos convencidos de que no entienden sus problemas, ni captan el tono o el volumen de sus voces. Asumen que no ven sus gestos ni pueden sentir emoción alguna. Si tu hija tiene un coeficiente de 146, a buen seguro sabrá más de lo que parece. Igual que con otro CI más acorde con la media, porque no son muebles que decoran la casa.
Le recetan múltiples fármacos antipsicóticos a pesar de que se sabe que no funcionan bien en la infancia. Y ... desde la ignorancia digo que son cerebros con enorme plasticidad que se están formando: no comprendo cómo algo diseñado para el cerebro adulto va a funcionar igual. Cómo le pueden recetar cosas así. ¿Sin recetas no eres un verdadero psiquiatra? ¿Hay que ponerse en el lugar de sus padres para comprenderlo? Sí, porque ver tu hija estrangulándose, tratando de saltar por la ventana, gritando, sin parar de moverse y durmiendo un par de horas al día es agotador, fulminante para los mortales corrientes.
La gente opina sin más: "esos niños están malcriados" y lanza miradas reprobatorias. Hace comentarios de alcoba audibles en la distancia bajo plena luz solar. Si los demás muestran desprecio hacia unos críos... ¡qué no sentirán contra los adultos en su misma situación! Sé de lo que hablo. Si fallas fingiendo, si te sales, pronto notarás una etiqueta pegada en la frente. Cualquier detalle es suficiente pero ya sumados son sentencia.
"Jani sabe que es diferente de otras niñas", dice la doctora Karen Lim de UCLA. “Manifiesta cierto grado de perspicacia cuando dice: 'Si mis padres no me aman, iré a vivir con mis ratas'. "
La medicación roba buena parte de tu esencia. Se te descuelga la mandíbula y la baba adquiere vida propia. Se nos ve más tranquilos, claro, ¡no te jode!  Bostezar se vuelve una rutina automática que se activa cuando menos esperas. Abrir la boca como si no hubiera un mañana a la luz de un cerebro titilante. Descargas eléctricas y shocks convulsivos, entre otros males no tan menores. Pero "se te ve más tranquilo" es lo que importa.
¿Qué hago yo relatando vidas ajenas? ¿Porqué cuento socas de personas que oyen voces de otros o su propia voz diciendo "no comas, adelgaza"? Cosas sobre gente que ve gatos y ratas parlantes, que se lía a hacer extraños dibujos, se autolesiona, deprime, se suicida, se desnuda, o todas las cosas juntas.
Adiós.