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domingo, 6 de diciembre de 2015

El lobo amante

Wolf lover
"El amor y la muerte son dos huéspedes no invitados; nadie sabe cuándo vendrán, pero ambos hacen lo mismo. Uno toma el corazón y el otro toma sus latidos."
Todas las fotografias son de Laura Makabresku

Sale el lobo cada noche tras los breves pasos de su bella presa esquiva, olisqueando cada esquina, dejando hilos de seda tejidos por un deseo revelado de forma ancestral. Corre sigiloso y astuto por naturaleza, cada movimiento como un pequeño salto, imperceptible pero claro, por la senda del delirio infinito que recorre cada miembro de su cuerpo, fibroso y fuerte.

Puede sentir cercana su presencia cotidiana e imprescindible de tanto quererla, de tanto soñarla entre tanta lucha y tanta pesadilla épica. Puede percibir en su hocico el lobo negro las vibraciones tercas de unas pisadas ligeras, tiernas como fantasías sobre un paladar exquisito, presurosas y bailarinas entre herbajes ateridos, las patas del cervatillo.


Sale el venado blando entre el miedo milenario y la hoja afilada del crepúsculo inevitable. Se cree a salvo con menos luz y menos horizonte, con menos ojos curiosos y menos olores, con menos sonidos sin concierto entre tanto incisivo ilusorio y a la vez tan aledaño y auténtico.


Grazna el cuervo de día pero guarda para la prenda nívea de las hadas su pico torvo  y arqueado  durante el ángelus. Aguarda dueño del tiempo y con paciencia el devenir inaplazable de la sangre manando hasta la última gota de aquella rapiña pequeña y desarmada que progresa ajena por entre matorrales y broza sin que su madre lo sepa. Quedará con seguridad para sí los restos de la caza pútrida y luego las pieles secas y después los huesos limpios que nadie quiera.

Yace la naturaleza ya muerta de hojas ocres y pétalos secos sobre cuartillas viejas en frascos sellados por corcho marchito.

Ven los ojos del lobo la criatura cerca. Sabe el ínfimo ciervo cómo orienta las orejas agudas su fiel arquero. Dispara su ballesta y brinca la pieza en un suspiro contra la última luz que restaba del atardecer. Mira quieto el cervatillo entre los profundos luceros del devoto lobo. Acaricia este el vientre de su amada con el beso fresco y descarado de su hocico  y ella quiere ser incendiada de amor desde su cadera hasta lo más recóndito del nido. Y él clava pausadamente su diente del querer con todo el cariño porque ella lo acepta en un temblor único y femenino. Y ambos se agitan intensos y apasionados al compás del único latido. Frenéticos entrecruza su negra piel vigoroso contra aquellas patas quebradizas, pálidas,  rasguñadas y lisas.

 

Qué éxtasis tan vehemente nos une cuando somos presas del instinto y cómo el tiempo lo deshilacha al acecho, escondido entre nuestras fibras más fuertes y más densas, aquellas que ilusionados creíamos eternas.

Волк любовника. (Wolf love)

El lobo y su cervatillo - foto de Laura Makabresku




3 comentarios:

  1. sin palabras, sin respiración, mezcla de emociones................

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  2. pasión y un desgarro con algo de tristeza........,y el instinto por supuesto, animal y humano

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