Wolf lover
"El amor y la muerte son dos huéspedes no invitados; nadie sabe cuándo vendrán, pero ambos hacen lo mismo. Uno toma el corazón y el otro toma sus latidos."
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| Todas las fotografias son de Laura Makabresku |
Sale el lobo cada noche tras los breves pasos de su bella presa
esquiva, olisqueando cada esquina, dejando hilos de seda tejidos por
un deseo revelado de forma ancestral. Corre sigiloso y astuto por
naturaleza, cada movimiento como un pequeño salto, imperceptible pero
claro, por la senda del delirio infinito que recorre cada miembro de
su cuerpo, fibroso y fuerte.
Puede sentir cercana su presencia cotidiana e imprescindible de tanto
quererla, de tanto soñarla entre tanta lucha y tanta pesadilla épica.
Puede percibir en su hocico el lobo negro las vibraciones tercas de
unas pisadas ligeras, tiernas como fantasías sobre un paladar
exquisito, presurosas y bailarinas entre herbajes ateridos, las patas
del cervatillo.
Sale el venado blando entre el miedo milenario y la hoja afilada del
crepúsculo inevitable. Se cree a salvo con menos luz y menos
horizonte, con menos ojos curiosos y menos olores, con menos sonidos
sin concierto entre tanto incisivo ilusorio y a la vez tan aledaño y
auténtico.
Grazna el cuervo de día pero guarda para la prenda nívea de las hadas
su pico torvo y arqueado durante el ángelus. Aguarda dueño
del tiempo y con paciencia el devenir inaplazable de la sangre manando
hasta la última gota de aquella rapiña pequeña y desarmada que
progresa ajena por entre matorrales y broza sin que su madre lo sepa.
Quedará con seguridad para sí los restos de la caza pútrida y luego
las pieles secas y después los huesos limpios que nadie quiera.
Yace la naturaleza ya muerta de hojas ocres y pétalos secos sobre
cuartillas viejas en frascos sellados por corcho marchito.
Ven los ojos del lobo la criatura cerca. Sabe el ínfimo ciervo cómo
orienta las orejas agudas su fiel arquero. Dispara su ballesta y
brinca la pieza en un suspiro contra la última luz que restaba del
atardecer. Mira quieto el cervatillo entre los profundos luceros del
devoto lobo. Acaricia este el vientre de su amada con el beso fresco y
descarado de su hocico y ella quiere ser incendiada de amor
desde su cadera hasta lo más recóndito del nido. Y él clava
pausadamente su diente del querer con todo el cariño porque ella lo
acepta en un temblor único y femenino. Y ambos se agitan intensos y
apasionados al compás del único latido. Frenéticos entrecruza su negra
piel vigoroso contra aquellas patas quebradizas, pálidas,
rasguñadas y lisas.
Qué éxtasis tan vehemente nos une cuando somos presas del instinto
y cómo el tiempo lo deshilacha al acecho, escondido entre nuestras
fibras más fuertes y más densas, aquellas que ilusionados creíamos
eternas.
Волк любовника. (Wolf love)
Волк любовника. (Wolf love)
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| El lobo y su cervatillo - foto de Laura Makabresku |

sin palabras, sin respiración, mezcla de emociones................
ResponderEliminarpasión y un desgarro con algo de tristeza........,y el instinto por supuesto, animal y humano
ResponderEliminarHermoso!💓
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