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sábado, 30 de abril de 2022

Ana y macho man

Pet won't eat
Advertencia: lenguaje malsonante, drogas, sexo, violencia, casquería ...

Un diario de Ana. El hombre que vivía con Ana. Recuerdos de mis años con Ana. Ana y macho man.

Todos son el mismo título.

En muchos sitios web hay un espacio para mujeres que han vivido un trastorno alimenticio y quieren contar su historia.

Mi historia nunca ha sido bien recibida. Recidiva. De eso se trata, que no repitas. Y solo estarán a favor de publicar tu historia si es idéntica a las otras ya publicadas. Solo se admiten historias de corte "happy ending",  tono rosado y superación sin referencias a la cabrona realidad. No vaya a ser que quien las lea recidive, caiga como nueva o más hondo porque todo el mundo sabe que hay gente recuperada pero también muerta y muriendo de esta enfermedad mental.

Yo publico mis propias neurosis. Quizá sea baneado. De la anglo-palabra BAN, suena moderno:

ban [bæn] 1 n prohibición | 2 vtr (no permitir) prohibir (persona) excluir [from, de]; (de una profesión) inhabilitar.

© Espasa Calpe, S.A.

Decimos banear teniendo prohibir, excluir. Lo que suena es idiota. Estoy hasta los pinche huevos de idioteces, de medias tintas, de según qué cosas valen y cuáles superan la dosis máxima de objetividad para convertirse en desorden a rehuir.

Soy un macho cabrío, pelo de oso, quijada cuadrada a lo Buzz Lightyear (¡¡ Año-luz !!), músculos hasta en los párpados, cadera estrecha, hombros anchos, voz profunda y ronca, ojos azules y 1,95 de altura, peso ... no. Nada de eso.

Veamos. Unos días cualesquiera, un pasado no tan lejano.

Me despierto cansado, 6 de la mañana. Pienso en la muerte. 

Eso se convierte en rutina. En ardiente y doloroso fuego rutinario abrasando lo que queda de cerebro. Las rutinas ayudan a soportar la vida, sin ellas el caos.

Me levanto cuando corresponde. Meo ese oscuro y fétido pis matutino. El agua no engorda. Expulsar agua mezclada con  otro material significa adelgazar. Algo positivo entre todo esto. Meo cansado, sentado y, esperando la última gota veo mis piernas enormes, anchas, gruesas como nunca las había visto. El corazón me palpita a 160. No puede ser ¿Veo visiones? ¿Estoy perdiendo la chaveta? Rodeo el muslo con las manos, lleno de grasa fofa. Argg.

Pesar. Cuanto mayor es el rango del objeto a pesar, menor es la exactitud de la máquina. De 100g en 100g la mía.

Hoy peso 57kg con 300g.

Dicen que mi cara da asco verla. Una cara de "normal" seria la ven ahora más alargada, ausente, comprimida, mohína.

Los 100 gramos arriba son un suspenso en el colegio. Una bronca, una mierda, un error. Algo mal hecho mientras te preguntas ... ¿qué ?

Sentir los huesos, placer: la piel sobre ellos, ausencia de grasa ... eso si que es ... el dominio de mi cuerpo. No controlo una puta mierda en mi vida pero, para bien o mal, eso si. Para mal.

Tengo dolor en los testes y lo alivio desganado en sexo conmigo mismo ¿Adelgazará eso también? No conozco el peso de los residuos en la orina ni el de los espermatozoides en salsa tártara pero  entre poco e ínfimo a buen seguro. Repugnante, ya lo advertí.

Ejercicio. Flexiones, tablas de ejercicio originales diseño Fermín. Ni puñetera idea de cual será óptimo para quemar grasa, no voy a correr. Cardio no. Buscar escondite para hacer ejercicio debe bastar para intuir que necesitas ayuda, pero no.

Trabajo. Hago mi trabajo. Entrego los productos siempre subiendo y bajando las escaleras de todos los edificios. Me mareo. Sudor frío. Temblores. Visión doble. O triple porque ya veo hasta por el ojo del culo. Alimentarme quita el mareo. Qué desgracia la mía.

Farmacia1. Siempre la misma con la misma báscula. Peso un poco menos. La farmacéutica me mira como a tostón rehogado en locuras. 25 céntimos cada pesadilla.

Farmacia2. ¿Puede usted medirme la glucosa? Por más de 1€ tengo 40. Acabo de tomar unas gominolas. ¿Influye eso? Qué caro sale aprender.

El cinturón quiere darme la vuelta, lo taladro. El pantalón hace arrugas en la cintura si lo aprieto y cae a mis pies de lo contrario. Me compran tallas de menos. La 40, ¿luego la 36 ...? Debo disimular brazos y piernas con ropa suelta. No sé comprarla, no quiero comprar ropa, un suplicio más que aplico a mi esposa.

Subo y bajo las escaleras. Si, otra vez, pero más. En todas partes las hay y siempre contemplo la opción de suicidio si hay hueco o barandilla que saltar. No se trata de eso. Adelgazar es la misión. Lo otro llegará por si mismo. Debería notar que algo no anda bien el la cocorota, pero no.

Recoger a la niña. Salgo de la furgoneta. Me mareo. Sudor frío, temblores, visión doble. Mucha gente. Mucho sol. Mucho ruido. Agobio. Mucho agobio. Escapar. Cruzar la carretera y pasar a las sombras de enfrente ... ¡¡¡ZUM!!! ... una furgoneta a 70 por hora pasa a 2 centímetros de mi. Zarandeado por el viento, sin tiempo para sentir el susto de lo que pudo suceder. Aplastado. Imagino el barullo si hubiera salido un segundo antes, sin mirar. Gente al rededor de mi cuerpo reventado. Mi hija buscando a su padre. Encontrándolo moribundo. 

Imagina. Siempre imagina.

Imaginar podría salvarte esa vida que no sabes apreciar ni disfrutar. Siendo adolescente me salvó imaginar la sangre salpicándolo todo, antes de cortar por lo insano, escandalosa. Me vi caer mareado, frío contra cálidos pulsos de sangre espesa por los baldosines. Una película más. Los ojos reventados de llorar y odiar a mi padre porque me llamó loco. Y me pegó, si, pero se cansó demasiado pronto (!) viendo que aceptaba sumiso los golpes con la cabeza agachada y prefirió  matarme borrando el rastro de autoestima restante al rebautizarme gritando mi verdadero nombre: "loco de remate".

Nada nuevo salvo que ahora sabía que era verdad, repitiendo loco, loco, loco hasta llenar el tanque. El dolor fue insoportable y desesperado llegas a veces hasta el suicidio. Pero la intensidad vital de la adolescencia no alcanzó para anular la imaginación y abrir venas. Lástima. 

Pensándolo mejor no sé si lo que hice fue imaginar o la costumbre de intentar anticiparlo todo. De buscar todas las posibilidades y cada posible problema, todo cuanto pueda salir mal. Una costumbre que no aplico de forma lógica. Loco.

Vuelvo sediento a casa, derecho a la jarra del agua ... no. Antes cierro la puerta del baño en plan "báscula, tú y yo tenemos algo pendiente". Fuera toda la ropa, calzoncillos, reloj, calcetines, una gota de saliva, todo lo susceptible de sumar un gramo. Esa milésima del kilo marca la diferencia digital entre 100 de más o menos. Luego puedo saciar la sed. Debería saber que estoy muy mal si controlo mi peso siete veces el mismo día, pero no.

Pasan los meses. Algún día vomito lo devorado, repulsivo, fuego en la garganta, pestilencia, restos de amalgama en los sanitarios.

El especialista jefe de endocrinología me amenaza con tres días de ayuno vigilado si continúo diciendo que mis glucemias son hipoglucemias. Me río por dentro. Todo el mundo ríe. El de cabecera también y se negó a recetar un glucómetro: "usa el de tu madre o tu suegra". Esto no tiene maldita la gracia.

Hoy peso 52. Al entrar en el hospital pesaba más. Unos 54, creo. La operación de páncreas fue un éxito: adiós insulinoma, chao glucemias de 22 en rango mortal. Si todos los caminos conducen a Roma los de la vida conducen a la muerte todos.

Conseguí reemplazar la incontrolable espiral de emociones de mi equivocado auto diagnóstico mental bajo un trastorno alimenticio que pudo costarme la vida en combinación con un tumor endocrino. A ratos sofocaba los sudores de la muerte con violentas agresiones físicas sobre los despojos del ya maltrecho esqueleto.

De esta guisa conocí a quien sería mi psiquiatra. El tipo estaba dispuesto a ingresarme incluso contra mi voluntad. Fue él quien me inició en las drogas. Con ellas me calmé de a pocos. Me robaron la parte obsesiva. Tanto tirarme en cara mi larga vida de éxitos para terminar recetando venlafaxina de por vida. 

TIP: no se retiren ustedes mismos esos medicamentos y acudan a su área de salud mental cuando reciban el alta, si se lo recomiendan. Quiero dejar esto claro. 

Ya peso 64 y la grasa campa a sus anchas. Puedo echar al coleto lo que me apetece. Siempre me gustaron mucho dulces y cosas ricas, igual que al resto. Tengo tiempo para otras cosas y no vivo dentro de aquella insana obsesión. No tengo ni pajolera idea de cómo pude caer a plomo en ella.

La vida me castiga de nuevo por odiarme a nivel celular y me regala varias enfermedades autoinmunes. La celiaquía reduce mi dieta. Y falta descubrir qué son esos dolores en todo el cuerpo. Porqué se me duermen, queman y duelen las extremidades, el cuello, la espalda ... será otro castigo por las autolesiones.

No publiquen esto en ninguna parte. No doy mi permiso, mira tú por donde. 
Thin made beauty sad

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