"No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo." Pessoa - tabaqueria

Ahora no sé qué es peor, si vivir con el dolor a diario, con pesar, o la
muerte con anestesia pero sin aviso. No sé qué prefiero, porque siempre
deseé morir, pero no era así, sin gobierno sobre el momento, sin guía ni
motivo personal. Ahora que estoy muerto, lo que deseo es vivir, romper con
todo mi pasado y comerme la vida a tragullones, atragantándome con la risa.
Qué patético.
Me paseo por la casa y solo veo ruinas de amor, el polvo sobre los CD's de
los Carpenters, una almohada solitaria y sin abrazo, los pétalos secos al
pie del florero. En su cara dormida quiero ver una lágrima de recuerdo sin
cianuro, y su pelo dibuja el sendero del placer sobre sus hombros desnudos,
sobre su piel morena de mujer: tersa y brillante, extranjera y hechizante.
Ahora veo lo engañado que estuve y sin embargo, sigo sintiendo esa atracción
que me obliga a inclinarme sobre ella para respirar el aroma de su jabón
preferido, recién duchada, tan fresca como la noche, tan profundamente
grabada en mi mente que puedo sentir de nuevo su primer beso...
La conocí en mi último viaje por América del Sur. Yo me creía entonces el
amo del mundo, pero en mi fuero interior nada más, siempre me encontré mejor
entre gallinas que sacando pecho delante de los demás gallos.
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