"He vivido, estudiado, amado, y hasta creído, y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo. Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira, y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído (porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);" Pessoa - Tabaqueria

Creo que estoy en una nube. Atontado de tanto pensamiento insano, dando vueltas en círculos cada vez más pequeños hasta que el centro desaparece y solo queda el mareo.
La pregunta me persigue: si en mi imaginación hice de todo y en la realidad no hice nada, ¿de quién es la culpa? ¿Es tan infiel, tan insano haber tenido semejantes fantasías? No lo sé. Lo que sí sé es que las fantasías no se eligen, aparecen solas como aparece el hambre, y uno solo decide qué hacer con ellas. Yo no hice nada. Pero ella lo supo igual.
Porque no es que las mujeres tengan un sexto sentido. Es que a los hombres nos delatan los cinco, ayudados por cada poro de la piel, por cada silencio en el momento equivocado, por cada mirada que dura un segundo de más. Somos transparentes cuando creemos ser opacos. Y ella me leía como se lee un libro subrayado por otro.
Si volviera a la vida, seguirían mis devaneos. No puedo prometerte otra cosa. Seguirían porque no son infidelidad sino imaginación, y la imaginación no se amputa.
Como esta:
Veo una cortina de seda, casi transparente, de un rojo apenas insinuado.
La tela ondula lenta, arriba y abajo, con la parsimonia del oleaje profundo.
Ligera y suave se desliza, animando el vello rubio e invisible de tu piel,
ese vello que solo existe cuando algo lo despierta.Una y otra vez se sumerge el extremo tibio de la cortina,
y poco a poco se hunde, se ahoga con lento placer,
y emerge de nuevo como si nunca hubiera sido tela,
como si nunca hubiera habido agua entre los dos.Y se pone nerviosa, juega y llora hilos de alegría,
ahogándose,
buceando de nuevo y retomando el aire,
vibrando en la espuma sobre la cresta de tus encantos
como si el placer fuera un estado permanente y no un relámpago.Se confunde entre un sueño intenso
y un despertar continuado,
como siempre fueron nuestros besos
y como nunca serán ya nuestras lenguas secas,
ni nuestras manos.
Y ahora me pregunto si esta clase de sueños son delito suficiente para merecer la muerte. Si esa pena tiene algún sentido, para esto o para cualquier otra cosa, para ningún ser humano.
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