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martes, 1 de enero de 2019

Estoy beodo o achispado


Y yo casi nunca bebo alcohol.

No te lo quieres creer pero lo que llaman "el culín" de un vaso me pone ya sensiblemente mareado.

Mi hígado no tiene costumbre, es eso, ¿eh?

Pues, fui a ver a un viejo conocido para ayudarle con el tema de facturación y fin de año. Como siempre, primero me enseñó las maravillas de su empresa que, para qué negarlo, son muchas. Se disculpa por hacerme perder el tiempo mientras me obliga a ir a la nave 2:

—Bueno, como tú no cobras por horas ... ¿no?
—y me mira esperando algo. Yo me quedo pensando, porque me gusta ir al grano y él sabe de sobra que no le cobro por horas, entonces, paquépreguntas.

—No.

—Es que tengo que recoger unas tuberías.
—y busca por aquí y allá sin encontrarlas pero me explica unas cuantas  máquinas raras y caras y paquí y pallá, hemos tenido que ampliar la zona de pulido y busca busca sin encontrarlas. Me pregunta:

—¿Si fueras una tubería donde estarías?

—Si yo fuera un empleado tuyo pensaría, "¿dónde pongo las tuberías para que las encuentre mi jefe?" y las pondría a la entrada, para que te tropezaras con ellas.
—mira hacia las puertas. Las encuentra. Me mira y dice:

—Si señor. Vámonos.—volvemos a la nave 1.

—Lo primero un café.—yo ya desayuné. No tomo ya cafeína. Subimos en el ascensor a la sala-café. No sé qué he hecho en la arrancada para que diga:

—Si, lo sé. Ese golpe que notas al arrancar es porque el idiota que puso el variador no lo configuró bien.—y miro el espumillón de la barandilla. Dice:

—No sé quién ha puesto estas mariconadas, aunque a ti ... como eres medio gay ... —para qué entrar al trapo. Cuando la gente dice estas cosas no sirve educar. Una vez le dije que me parecía mal y encima se ofendió y empezó a hablarme de usted durante un par de años, echándomelo en cara.

—¿Lo ha puesto tu esposa?—topicazo al canto a ver si acierto.

—¿Mi mujer? ¡Si ella estas cosas las odia!
—y blah, blah. Llegamos al piso.

—¿Cómo lo quieres?—y yo qué sé cómo lo quiero. Ofrece—¿Con leche?
—Vale.—terminamos el café y dice:

—Ahora el cigarro. Café y cigarro, muñeco de barro.—me mira. Yo no fumo. Me mira. Otra cosa no, pero madre mía cómo me observa. Y como no "lo que sea" añade—¿Nunca lo has oído?

—No

—Pues que fumar y el café dan ganas de ...

—Aha.
—y yo imaginando el muñeco de cerámica, el café y el cigarro. Me está mirando.

—Ganas de cagar ... Muñeco de barro ...

—¡Ah! (joder, qué corto soy)

—Se nota que no pasas conmigo suficiente tiempo.

Por fin procedemos al cierre y me cuenta que es la última vez porque ha comprado un programa nuevo y el IVA en cuatro días y la ISO 900x y presupuestos, ingenieros, todo automático, etc. Le felicito por su constante crecimiento.

—Ahora lo de los vinos que te doy todos los años.
—y que yo luego regalo o mezclo a lo sumo con algo de gaseosa, aunque sea un Marqués de Cáceres. Me encanta mezclar plebe y nobleza—Que sí, que el ascensor también frena demasiado fuerte, no me lo repitas.—y pienso, ¡pero si yo no he dicho nada!

Saca un par de botellas en caja. Otra que pone Bobos en la etiqueta y empiezo a intuir decepcionado lo que me está llamando. Dice:

—Es de fincas la borracha y está hecho con uvas de una variedad que llaman bobas.

—Muchas gracias.

—Ya verás. Está muy rico.

—Gracias.

—Ahora nos vamos a tomar un cava que no es como los otros.

Se marcha y saca una botella en tono rosa. Marta passió. Lo abre y llena unos vasos de plástico que dispone sobre una caja de madera muy grande. Me explica que lo de dentro vale una pasta y es una bomba hecha por encargo para mover huevos con cáscara y todo.

El caso es que me lo tomo y blah, blah, sobre feminismo y la juventud y los gays y VOX y los palcos VIP y las desherencias y las apariencias y los robos y las mujeres trabajadoras etc.

Y rellena los vasos y blah, blah, que el Vega Sicilia, que los hijos deben luchar y no heredar, que si la misoginia, la explotación, las empresas que comen al rededor de la suya, Israel, EE.UU., el nivel de vida en Dinamarca donde no hay tiendas de chinos y el ingeniero no gana tanto y no se puede permitir un fontanero mientras en España alguien jubilado puede y en cambio ellos tienen otras cosas ...

Y rellena un poco los vasos una última vez. Y blah, blah mientras yo toco y juego con la textura rugosa del papel de plata que envuelve el cuello de la botella y lo miro de cerca.

Llevo rato mareado y ya no sé bien de qué va todo esto. Y nos vamos cada uno por un lado.

Me siento animado.

Tengo el encargo de comprar unos pimientos en el super de un tal Michael Edouard Leclerc.

Y ahí me asustan los mismos ruidos, me agobian los mismos montones de gente y los mismos infinitos artículos a la venta.

Quizá me falla el turbo que re-alimenta estas cosas.

La chica junto a los bombones Lindor es blanca como la leche 
y claramente extranjera. Observa cómo voy cogiéndolos. Tres rojos, uno negro. Tres rojos uno verde. Dos rojos uno azul. Tres rojos uno amarillo. Tres rojos otro negro. Dos rojos otro verde. Otro azul. Uno marrón. Dos rojos otro marrón.

Voy a buscar mantequilla dulce de Soria. Imagen a localizar: una caja plana en un cartón azul . No está. En ninguna parte. Cambio el chip y empiezo a leer. Ya. Han cambiado el envase.

Vigilo los precios y me asombro de esta capacidad dentro del mareo y la estupidez que me envuelve. Me siento bien.

De pronto me doy cuenta que llevo un rato mirando al suelo parado en medio de ninguna parte.

Me importa un bledo. Que miren.

Llevo compradas muchas cosas más pero no los dos pimientos. Los engancho.

En la caja me dicen 62 y no me extraña demasiado.

—¿Bolsa?

—Bolsa.
—señalo mi bolsa amarilla de la compra. Es decir, no necesito.

—¿Tarjeta Leclerc?

—No, gracias.
—entrego mi VISA.

—Gracias.—me dice

—Adiós. Gracias.—contesto y me piro.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Un perro como el tuyo


Cuando llego a casa, el perro que vive dentro se vuelve loco, creo que de alegría.
No me gusta la palabra perro. Se usa de muchas formas peyorativas.

Nuestra mascota se deshace en saludos, saltos, chupetadas, gemidos ... una barbaridad de cosas exageradas para una simple entrada en casa.

Tampoco me gusta decir mascota. Pero llamemos como llamemos al animal, no cambiaremos el hecho de que no buscó nuestra compañía por sí mismo. Fue comprado. Fue adoptado. Recibido como regalo. Ya sé que no podemos poner la vida humana a comparar con la de un perro, pero no sé exactamente porqué. ¿Porque no es un ser espiritual? ¿Por su diferente inteligencia?

Abro la puerta y ahí sale ¿feliz de la vida? porque si llamaron al timbre lo que sale es un toro de Miura dispuesto a liquidar a cualquiera. Menos mal que no puede. Le hemos dado tanta libertad para "ser" que se ha visto obligado a ser quien no debe. El que ordena y decide por donde se va, el que defiende el hogar ...
... no sé. Hay en su mundo muchas cosas que no entiendo.


Hago lo que me parece. Le saludo. Menos de lo que él espera después de pasar solo el rato que sea, ya saben los que comparten animal de la especie canis lupus familiaris. Y me persigue por toda la casa. Yo no tengo ganas. Se sienta y me mira. Si no le miro ladra para que lo haga. Si le miro mueve el rabo y baja las orejotas al estilo suricato.

-¿Qué quieres ... ? ¡No sé qué quieres!
No me contesta. Que cosa más extraña. Pero saca la lengua y se relame. Será que quiere que le dé algo de comer. Un chuche o premio.
-Toma.


Se lo lleva corriendo a la alfombra grande del salón. Sólo puede disfrutar sobre una alfombra. El suelo le disgusta. Se resbala y está frío, supongo.
Hago mi rutina. Voy al ordenador a ver los correos electrónicos y controlar las cuatro cosas.
Llevo tiempo sin idea para escribir aquí nada.
Ladra y suena a petición. No sé cómo pero eso me parece. Voy a ver qué le pasa ahora.

El premio está en la alfombra y él delante. Me mira. La plasta marrón con olor nauseabundo en forma de hueso de 5 cm está a sus pies. 5 cm y una boca pequeña. ¿Trocear? Lo parto en 6 trozos y se lo zampa en un plis plas. Me lavo las manos en vano porque el tufo persiste.
Con jabón Heno de Pravia se quita.
Vuelvo al ordenador.

Últimamente ha cambiado
 mi pierna por la silla
En seguida viene a mi lado el animalito. Pone sus patas encima de mis muslos. Tiene que estirarse bien para alcanzar. Me pone negro cuánto insiste. Y gime.
-¿... y ... ahora ... qué quiereeees ...? ¿mimo?

Tengo que darle mimo. Acariciarle las orejas, la cabeza ... una y otra vez, una y otra vez, pero es que tan abajo me canso.
Voy a por su cuna y la pongo a mi lado. Se echa en formato habichuela y queda tranquilo.

Ahora le estoy mirando. Parece dormido. Llena los pulmones de aire y lo echa haciendo un suspiro. ¿Un suspiro animal? ¿Eso existe? Sigo mirándolo y pienso: estoy acompañado.

Y es esto por lo que escribo ahora. El es un ser sociable. Más sociable que yo. Quiere estar con alguien. Al lado. ¿Qué saca de estar ahí? ¿Es eso mejor que estar en el salón?
El busca compañía y yo pienso si será un perrito como los demás y si los habrá que no busquen compañía.

A mi me gusta estar con mi esposa también. Será como eso para él. O para él no.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Personas que no hablan

On silent wings – Shawna Erback

"Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto." Neruda

The Sound of Silence from Paul Frederick on Vimeo.


No es fácil explicarlo y no quiero.
Vuelvo a este vídeo y esta canción cuando ya duele el silencio para averiguar porqué callo.
Nada. Nada en el mundo puede significar mucho más que sentir la belleza natural.
Ninguna palabra hará vibrar nuestro cuerpo como en la tormenta.
El valor de un "Te quiero" es irrisorio comparado con el calor de tu cuerpo silente junto a mi.

180 palabras por minuto. ¿Para qué? ¿De verdad es necesario ese discurso?
Desde quienes tienen mucho que decir pero su verborrea suena hueco hasta quienes escuchan, observan y comunican sin abundar ni repetirse desde el denso fondo del pensamiento inteligente.
Personas que hablan para engañar, mentir, ordenar y acallar o doblegar y dirigir, anular ...
... y terminar haciendo daño.
Personas que no hablan, no engañan ni esperan mucho de nadie pero de pronto te sonríen e intuyes un tipo felicidad que suele pasar desapercibida.

¿Porqué fingir sobre lo que somos? Si me molesta estar rodeado de gente ...
¿Cómo no preferir antes todo lo que no está en las personas?
¿Cómo no encerrarse en uno mismo y apartar con la mano a los demás?
¿Cómo al mismo tiempo quererlos a todos distinguiendo a los buenos?

La frecuencia donde vibra mi visión no es la sintonía de la mayoría y mi voz ...
... mi voz en algún momento será como un susurro sobre el sonido del silencio.
¡Excepto cuando salga de mi voz algún berrido o un eco repetido de la tuya!
(Vaya. Parecía que había quedado tan bonito...)

domingo, 4 de noviembre de 2018

Tampoco redes sociales


-Tú y yo tenemos que hablar seriamente.

Redes sociales. Bloges. Twitteres, pinterestes, facebookes, Googles+, youtubes, instagrames, whatsappes.

-Pasas mucho tiempo en el ordenador. Algo me ocultas. Seamos sinceros. Vamos a hablarlo.

Taparse con una manta la cabeza no sirve. ¿Es tonto el que hace o dice tonterías?

¿Decir que comento en blogs? ¿Que respondo a textos ajenos y en casa no respondo?

¿Que escribo miserias en un blog que sabe a pan sin sal?

¿Que pretendo aportar algo a un vídeo y no sé para qué?

¿Que quiero animar a otros y no lo hago conmigo mismo?

Comentarios que me funden las pocas ganas de expresar. Que son respondidos con ira porque me expreso mal o mi mente está rancia. Aportaciones que llevan horas mientras descuido labores de minutos.

Palabras como granos de arena precipitándose a un abismo cibernético para confundirse entre tantas otras de un desierto en crecimiento constante. Un sin fin de granos de imagen, texto, sonido que engloban la estupidez absoluta, el insulto, lo más fútil y en muy escasas ocasiones lo genial. Todo mezclado, todo perdido.

-Si yo no necesito nada de eso. Ya no vuelvo a tocarlo.

-No. No se trata de eso.

Yo no necesito la redes sociales. Yo no necesito amigos. ¿No necesito a nadie?

-Podemos arreglarnos. Darnos un tiempo.

-Yo sólo quiero estar contigo. Hago todo lo que puedo ...

Yo no necesito amigos. No tengo amigos. Sin ti no necesito siquiera la vida.

60 - 4 kilos en 4 días = 56. Qué tiempos cuando 52 -tan terribles- quedaron atrás.

Tiempos de psiquiatras que se comen las uñas hasta herirse.

De psicólogas que de pronto se enfadan conmigo y yo con ellas:

-Seguro que te gustaría tocarte la columna desde el estómago, ¿eh?

Qué mala broma de psicóloga.

-Seguro que cuando te cruzas con alguna chica piensas "A esta me la follaría yo"

-¿¡Pero porqué dices eso!?

-Perdona, perdona. Era una broma

Que mala psicóloga. Qué mundo más asqueroso. Qué complicado lo hemos vuelto.

No se me dan bien los grupos. No se me dan bien las redes sociales.

No se me dan bien las personas. No son elles. Son yo.

Cómo no iba a ser yo si no conozco otra cosa. Inteligencia. Test Rist:

-Se usa para medir la tierra desde un polo al otro y pasa por Greenwich.

-¿Latitud? no me sale, no me acuerdo.

Meridiano.

Está todo claro y meridiano. Si una respuesta fallada me supone varios días de pesar, qué no supondrá un problema realmente importante. Quizá menos. No sé valorar ambos problemas. La tontería se convierte en obsesión y los temas vitales en triviales. Cerebro de mierda.

Iros a tomar por el puto culo, redes sociales.