Header

domingo, 16 de agosto de 2009

Empezando... Transitando... y...

Maestro Zen japonés Taisen Deshimaru

Me voy dividiendo en distintos estados y ya no sé cuál de ellos soy yo. Ya no es la dualidad de siempre, el blanco y el negro peleándose en el mismo cuerpo. Ahora soy cuatro, quizá más. Cuatribanda. Frecuencias que se interfieren y a veces se anulan, a veces se amplifican en un ruido que no encuentro cómo nombrar.

Siento cómo mi mente intenta construir una historia alternativa, una versión de los hechos en la que las heridas no sean definitivas sino formativas, en la que el daño tenga algún sentido que no sea el puro azar o la pura crueldad. Una historia que cicatrice. Que me devuelva el espacio que fui cediendo, centímetro a centímetro, sin darme cuenta, durante años.

Porque durante toda la vida me protegió un fatalismo enorme, monstruoso y tranquilizador a la vez. Si todo estaba escrito, si nada dependía de mí, tampoco podía culparme de nada. El rencor y la amargura resbalaban sobre esa coraza sin penetrar demasiado. Era una forma de sobrevivir. No la mejor, pero era la mía.

Y ahora estoy dispuesto a pasar página. Lo digo y me suena extraño en la boca, como un idioma que aprendí de oídas y nunca practiqué del todo.

Vuelvo la vista atrás, tras las bofetadas y conmociones que me ha ido repartiendo la vida, y busco algo. Una confirmación. Una señal pequeña de que hubo momentos en que fui algo más que un títere zarandeado por circunstancias más grandes que yo. Quiero creer, necesito creer, que no fue un fallo interno lo que me venció, sino el peso inexorable de lo que no podía controlarse. Que hay una diferencia entre rendirse y ser derribado.

Toda la vida cargué con una losa extraña: una imaginación desmedida, casi monstruosa, capaz de construir mundos enteros en el tiempo que otros tardaban en encender un cigarrillo, y al mismo tiempo un aburrimiento profundo, sordo, que lo cubría todo como polvo. Vivía más en lo que imaginaba que en lo que tocaba. Quizá por eso perdí tantas cosas reales mientras estaba ocupado soñando.

Y ahora quiero realizar mis sueños. No imaginarlos. Realizarlos.

Me viene a la memoria algo que leí una vez, o que alguien me dijo, no recuerdo bien:

¿Y cuándo piensas realizar tu sueño?, le preguntó el Maestro a su discípulo. Cuando tenga la oportunidad de hacerlo, respondió éste. El Maestro le contestó: La oportunidad nunca llega. La oportunidad ya está aquí.

Me quedé con eso. No sé si creerlo del todo, pero me quedé con eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todos los comentarios serán revisados.