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martes, 1 de octubre de 2024

Un chico en el cubo de basura


Imagina, recuerda según tu caso, un cubo de basura comunitario. Donde cada vecino o la persona de limpieza según tu caso, deposita su basura.

Retrocede, si puedes, a esa época antes de separar para reciclar.

Suponte por un momento dentro de uno de esos cubos y te cuento mi historia. 

Pero antes te pregunto:
¿ Serías capaz de meterte dentro ? y ...
¿ Cuál sería tu reacción si te encontrases a un chico dentro de ese cubo de basura ?

Pues eso le sucedió a mi esposa.

Se encontró un joven de su edad, unos 21 años, metido dentro del cubo de basura donde echaba la bolsa de cada vecino del edificio donde, sin contrato, trabajaba como personal de limpieza.

El chaval estaba ahí plantao, de pié, sujetando una Pantera Rosa de peluche semejante a la de la imagen que abre este post.

Si no conoces la historia de "La Pantera Rosa" pues wikipedia te lo cuenta. Lo que no tendrás muy claro es su sexualidad pero ese es otro de los puntos interesantes del personaje. 

El caso es que a mi esposa le encantaba y ese chico tendió su regalo hacia ella, que parecía conocerle porque preguntó:

— ¿ Qué haces ahí metido ?

— Estoy aquí porque es como me siento. Como basura. Y quiero pedirte perdón.

— Anda, bobo, sal de ahí.

No recuerdo bien cómo conseguí meterme allá, con el asco tan tremendo que me da.

Tampoco recuerdo cual de tantas cosas malas que le he hecho a mi esposa fue la que me llevó a aquello.

Conservó su regalo hasta que casi se cae a cachos. 

Conserva aún aquél chaval si bien no tengo claro el motivo.

Porqué gusta a la gente este tipo de basura es cosa que tampoco comprendo, pero así es.

No hace mucho volví a sentirme como aquel chaval y, como basura que sigo siendo, ahora apesto más que entonces.

Ojalá esta basura, una vez muerta, florezca y altere su recuerdo en la memoria de los vivos.

Ojalá toda la basura del mundo dejara paso en la vida a otros seres con más luz y capacidad para amar y ser amados. Para comprender y ... si no fuera mucho pedir, ser comprendidos.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Persona de mente débil

En los ecos de mi cabeza el título suena más bien "demente débil". Lo sé, eso es tema aparte.

Dos, no una sino al menos dos veces, me han dicho "eres débil de mente".

Vale. No soy la persona más amable del mundo y muchas veces he dicho cosas que duelen a otras personas, pero de manera intencionada solo en casos excepcionales.

Las dos veces, dos sinceramientos con personas no muy cercanas, resultado de una conducta sin conductor, sin dirigente, sin sentido. Algo propio de un tonto del culo que no aprende jamás a mantener cerrada su puta boca.

La primera, hablaba con una mujer muy alegre, bulliciosa, vivaracha y clienta habitual de mi trabajo. Bastantes años después, en mi segundo trabajo, volví a encontrarme con ella y preguntó "¿Qué tal?" y respondí "Bueno... bien".

Ahora sé que siempre, siempre, always, forever & ever, sobra el “bueno” y los puntos suspensivos. Aprendí que al “bien” hay que ponerle exclamación con énfasis y sonrisa bilateral expansiva. No es poco decir, pero se puede aprender.

Me ofreció quedar un día para hablar de ese “bueno...” y acepté sin ser consciente de.

A tal efecto estábamos en un bar repleto de universitarias y funcionarias diversas que había frente a su residencia, también universitaria, donde tenía habitación sin ser estudiante ni colegiala (que sí, estando en un Colegio Mayor son colegialas).

Me contó, emocionada, los problemas que había vivido en la casa familiar con su padre alcohólico. La profunda huella que había dejado en su memoria: recordarle llegando borrado, llamando a su puerta, etc. No puedo dar detalles porque no encuentro más información clara en memoria, pero no hubo abuso sexual según ella.

La mujer empezó a llorar de pronto las escasas lágrimas que lograban salir por la escafandra de su apretada congoja.

En lugar de sentir... pena... o algo por ella, recuerdo sentir algo por mí.

¿Egocéntrico? Suena así, seguro. Pero tampoco se lo crean tanto.

Tuve pensamientos en plan “Ese tipo qué le estará haciendo a esa pobre mujer para que llore”. Por suerte allí no había personas con empatía y no tuve que enfrentarlas.

Pero mis queridas lectoras desearán saber más sobre ella, ¿sí?

Pues ella se decía fuerte y que había pasado página. Que no pasaba nada y la psicología estaba superada, pero estaba teniendo problemas con su novio. Su novio, algunos años mayor, con pareja e hijo, parecía no aclararse en su relación de infidelidad. Tan pronto quería con ella como quería con su familia al completo.

Imagino desde lo machista, aunque lo ignoro, solo supongo, que las descargas en una y otra ubicación guardarían relación con la indecisión. Por suerte tampoco entró en más detalles.

Yo escuchaba todo aquello con algo de mini-sorpresa. Imposible leerla en mi careto, pues aún andaba dándole vueltas a lo del progenitor alcohólico por el cual abandonó la casa en cuanto pudo para echarse en manos de una catedrática desalmada que se aprovechaba de ella para sacar adelante los infinitos proyectos que debían justificar la cátedra, usándola como becaria y pagándola con el “incalculable valor del aprendizaje”.

En determinado momento hablé de mi caso con los abusos sexuales y la autodestrucción. A ella eso le pareció propio de alguien con “debilidad mental”. Que aprendiese de ella, de cómo su chispa nunca se apagaba y siempre tiraba pa’lante.

Nunca y siempre. Todo y nada. Odio el uso a discreción de palabras antónimas tan absolutas.

La segunda ocasión, con un compañero de trabajo.

Me contó que su pareja había sufrido violencia de género y él vendría a ser tan solo un buen hombre, poeta, sensible, amable e interesado, preocupado por su pareja. Trataba de ser un segundo padre para la criatura de su pareja y la niña ya daba muestras de empezar a quererle.

Algunos días se quedaba dormido en el trabajo, pero buscó y encontró un segundo empleo para aportar más dinero y facilidades materiales a su convivencia.

A partir de entonces se quedaba dormido mucho tiempo casi todas las mañanas. Aunque disimulaba el sueño repanchingándose en la silla, su confianza en mí debía ser tan grande que en el fondo le daba igual, supongo. Cuando sentía a alguien acercándose se desperezaba. Cuando no, tenía suerte de no ser visto, de nadie prestar atención.

Su pareja cortó la relación. Ella sentía un vacío y no quería continuar. Enamorado y dolido, pidió ayuda para alojarse y se marchó en medio del llanto de aquella niña. La mujer no quiso discutir y solucionar. Cortar y punto.

Habló de su gimnasio, de adelgazar, que había perdido 10 kilos y disparó mi trigger de anoréxico recuperado.

Tan confiado y estúpido como la vez aquella, hablé brevemente de mis 52 kilos y mi enfermedad. Se sorprendió mucho. Hombre, mayor, anorexia (cosa de chicas tontas) y dijo todo lo comprensivo que él era capaz de ser, todo lo poético que pudo:

"Claro, hay gente de mente débil que cae en esas obsesiones.

¿Las que comen y vomitan son las bulímicas, no?"

La mente me ha quedado tan débil que no puedo continuar...

... por hoy.


POSDATA con karma emplatado en frío a 23-9-2024:

El compañero se traslada rodando con su silla hasta colocarse detrás de mí y dice:

— Fermín, he cometido un error.

— No me digas. ¿Has vuelto con tu exnovia?

— Noooo, pero... algo así, un poco... ¿quieres que te cuente lo que ha sucedido?

— Tengo la extraña sensación de que me lo vas a contar de todos modos —tratando de disimular mi aburrimiento, cosa que según mi esposa hago fatal, me giro para hacer como que presto atención.

— Cómo eres... pues, verás. Yo estaba en mi casa.

— Querrás decir en casa de tus primos.

— Bueeeeno, en casa de mis primos. Pues de pronto llama ella y dice: "Estoy viendo una película... ¿te apetece venir a verla con nosotras?" y acepté —hace una pausa. Espero paciente que prosiga:

— ... y fui y estuvimos muy bien. La niña se puso tan contenta... y me dice que por qué la he bloqueado en WhatsApp. Tuvimos una discusión. Me juré que no volvería a hablar con ella, me lo propuse. La bloqueé en el móvil.

— Pues lo tendrás difícil si trabaja a la vuelta de la esquina de tu segundo empleo.

— Ya... es que le pedí la mitad de la fianza de alquiler y le dije que iba a recoger otras cosas mías y nos peleamos.

— Ya veo. Todo por la pasta. Pero tú vas y caes en su red.

— ¡HALAAAA! NOOOooooo, cómo eres. Qué malpensado.

— Eres una persona de mente débil. —Giro mi silla y vuelvo a lo mío.— Tú sabrás lo que haces. —Pero continúa:

— Además me dijo, muy así: "Anda, tonto, desbloquéame." Y lo hice.

— Pues sí que eres tonto, sí. —Una pausa.

— Te pasas mucho. ¿Por qué eres así? —Vuelvo a girarme y le digo:

— No me hagas caso. Mi opinión no vale nada. Lo que hay entre una pareja solo lo sabe y puede valorar esa pareja. Desde fuera, los demás nos imaginamos cosas que no son. Habéis estado enamorados y no lo habéis tenido fácil ninguno de los dos. Las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen a ojos de los demás. Necesitáis tiempo para ir resolviendo...

Ahora es él quien se gira y vuelve a lo suyo. Y termina:

— Sí.

POSDATA bis con dotes de adivino a 08-10-2024:

Mi compañero ya no habla de su ex.

No digo que el alcoholismo sea peor que ser anoréxico. Dos enfermedades de la mente, diferentes y similares en según qué aspectos.

Ninguna de las dos me parece bien asociarlas a una "debilidad" de la mente.

sábado, 3 de agosto de 2024

Una forma de felicidad

— Hola, Fermín. Hoy vamos  a hablar de la fórmula de la ansiada felichitá.

— ¿ En serio ? Si creyera en ello no cubriría este blog con volquetes de pensamientos pútridos.

— Sageraooo. Luego me cuentas tus penas porque mira ...

F >= e - E 

— ... encontré ese algoritmo en internet. Un hombre ha sido capaz de dar con ello tras horas de pensarlo. Deduce que Felicidad es mayor o igual que tus eventos en la vida menos tus expectativas de la vida.

— Un genio. Solo le llevó unas horas dar forma a la felicidad humana ¿ Eventos menos Expectativas dice ? ¿ Qué demonios de sucesos pueden incorporarse a esas variables ? Por cierto: me resulta excesivo el operador "igual" en su fórmula ¿ de veras puede decir alguien que se iguala con algo ?

— Tú siempre tan positivo. Mira esta otra. En química, la fórmula es esta: C10H12N2O   la "Serotonina".

— Ya. Todas sabemos nombres de productos químicos acabados en "ina" que te ponen el cerebro tonto: Fluoxetina, melatonina, paroxetina, sertralina ... pero sin probarlos no puedo opinar.

— ¿ No puedes opinar ? ¿ Qué me dices de la mirtazapina y la venlafaxina ?

— Te digo que cambies de tema, so cerda ( perdón cerdil ).

— OK ! OK ! Pues ... veamos la que sigue: F=R+C+V, donde la felicidad depende por un lado de tu genética (R) asociada a tus circunstancias en la vida (C) y  tus comportamientos, maneras de pensar regidos por tu voluntad (V).

— Mi genética buena. Mis circunstancias fantasía y  mi voluntad ha modelado unos comportamientos que mi manera de pensar no compartía. 

— Vaaaaale. A ver esta, para creyentes. Gente practicando una religión coinciden que toda F empieza por FE. Simple, ¿ no ?.

— No soy creyente. Trato de forzarme sin FE en el esfuerzo. Pasapalabra.

— Pues al plan didáctico: «Para que tus hijos sean felices debes dejarles sufrir». La encontré publicada como titular en ABC en medio de una entrevista a un tal Fernando Sarráis.

— Al señor Fernando le diría: tantas personas me superan con amplitud planetaria en  sufrimiento que, en comparación a lo felices que podrían ser ellas, soy un infeliz absoluto. Qué buen lugar para aprender, el ABC, también te digo porque veo al final del artículo maravillosas "noticias relacionadas" igual de interesantes:

— Qué quieres, es el ABC. Todavía quedan valores en este mundo.

— Claro, valores tan rancios que luego me dirás anoréxico si vomito pero ... por un momento me he sentido psico-matemático y quiero escribir, sin ánimo de lucro, este apunte pro-felicidad:

A + (Cosas) — (Felicidad)

— Señor Fermín: ¿ no tener nada sería para usted el summum de la dicha y el bienestar ? 

— No señora. He dicho "un apunte" no "una fórmula resolutiva". Lo que yo digo es que añadir muchas cosas a tu vida resta felicidad y que no hay cosa más cara que la que no se halla.

— Eso no es cosecha propia tuya. Es de tu suegra.

— QEPD mi suegra sabía aplicar los dichos, siempre preferibles a los dejados de decir.

— Ya que te pones... cuéntame sobre los dejados: me atrae el lado oscuro de la fuerza.

— No te pega decir chorradas pero mira: me empeñé en hacerle a mi hija una casita de madera "en planta", no relativo a las plantas sino a lo horizont ...

— Sé que significa en planta. No soy estúpida.

— Me alegro — pues me pasé casi todos los días de vacaciones metido en una habitación diseñando y cortando cada pieza.

— Eso huele un copo a obsesión ... ¿ no ?

— Calla y no me copies el cambio de letras que no tiene gracia. — Estábamos en el pueblo y se supone, no me digas porqué, que cuando estás en un pueblo rodeado de campo debes salir de la casa a disfrutar así que ... mi suegra me estuvo observando. Mientras pasaba por la puerta me miraba. Yo la veía pasar ¿? y ... seguía a lo mío.

— Adivino porqué: si estás de vacaciones y no sales de entre 4 paredes, pa eso te quedas en tu casa, pensaría ella. Sería por lo que te miraba. Pa' que te dieses cuenta.

— Calla, no tienes ni idea. Tú y tus teorías de la mente ajena.

— Hombreeee ...

— Ni mujer ni hombre. Mira. Si estoy disfrutando con algo, algo que no podría hacer igual en mi casa, que me interesa tanto como para que otros lo llamen obsesión, ¿ PORQUÉ DEMONIOS TENDRÍA QUE DEJARLO Y SALIR AL CAMPO ?

— Tranqui, muchacho, no te alteres. Es fácil de saber: Aire puro, viento, sol, naturaleza, la fauna local, sus fragancias  ...

— Tópicos — pausa— Ciertos — más pausa— Muy ciertos y buenos — pausa indefinida

— Pero continúa. Qué pasó con tu suegra, qué dejó por decir.

— Ah, si, que cuando ya había terminado con la casita y empecé a liarme haciendo muebles le pareció anormal y ya un día, al pasar por la puerta, no se conformó con mirar sino que dijo "Payaso ... ". Con la "Pa" en bufido gatuno y un apretar de mandíbula que rebosaba asco y metía miedo.

— No me extraña. La mujer quería algo mejor para tí.

— Ya ... ahora me siento mal. Le agradezco en cierto modo el apelativo. Menos mal que no me llamó loco. A veces no me doy cuenta y ...

— Bueno. Entonces resulta que tu suegra era más de temer cuando callaba que cuando usaba refranes.

— Eso es.

— Podría haberte soltado este: Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería.

— Pero yo terminé la casita con sus muebles y después la pintamos mi esposa y yo. Y puse hierba y margaritas en la entrada. No quedó en un sueño por más cegado que estuviera.

— Entonces cambiémoslo por este otro: "Suegra, ninguna buena, y una que lo era, quebróse una pierna." (*)

— Por lo que se ve tú tampoco sabes escuchar. Los dichos hay que aplicarlos cuando corresponde.

— Me apetecía.

— ¿ Una gotita más feliz ?

— Sip.

(*) Se dice por una dama salmantina que quería a su nuera como a una hija; pero un día, cuando caminaba deprisa para prestarle un servicio, vino al suelo y se quebró una pierna, como si el destino, envidioso de tan rara armonía, quisiese malograrla.

© Espasa Calpe, S.A.

martes, 9 de julio de 2024

Mi casa tenía vallas

 

Esta era mi casa tipo, un estilo parecido. En la mía las vallas iban de lado a lado pero no faltaban el camino ni la puerta. Las ventanas sin marco, con cuádruple cristal o signo de sumar.

Durante algún tiempo, quizá con 18 años, repitiendo curso ya por tercera vez en la vida, tomé con especial interés una tarea para hacer en horario de clase: dibujar laberintos. Eso no me impidió pasar a tercero de BUP repitiendo 2º. Tampoco estos hábitos impidieron repetir tercero y luego uno más en FP hasta completar los 5 años perdidos.

Mis laberintos no eran cuadriculados sino curvilíneos. La primera impresión sería semejarlos a cerebros. Comenzaba por el centro e iba añadiendo desvíos por acá o por allá. En cuanto me entraba la duda sobre si habría cerrado la salida volvía a recorrerlo desde el centro al exterior. También creaba intrincadas salidas falsas que casi llegaban al núcleo porque yo mismo buscaba el camino inverso para resolver laberintos usando ese truco.

Antes, durante octavo de EGB, curso que también repetí, me pasaba los días creando codificadores. Estos, creo, me los enseñó el amigo de entonces.

Esos codificadores son sencillos y muy interesantes. Con ellos se pueden escribir mensajes "imposibles" de leer sin el descodificador. Esto:
sin emocion no hay aprendizaje!

Recortas en un papel la imagen de la derecha y los recuadros en blanco. He puesto las primeras letras para aclarar pues eso es el codificador-descodificador. Luego lo colocas sobre un papel (mejor con cuadrícula) y vas escribiendo en los huecos (los cuadrados en color blanco) el orden natural las letras del mensaje, sin espacios. Después de escribir "sinemocio" que son los primeros 9 cuadrados, giras el codificador a la derecha y continúas escribiendo "nnohayver". Giras, escribes "daderoapr" y giras la 3 y última vez para terminar con "endizaje!".

Por supuesto hice codificadores más grandes y más complejos. Imagina poner 4 codificadores en cuadro y girar unos a derechas y otros a izquierdas. Las opciones son muchas además que no pueden coincidir los recortes o cuadros para escribir con otras posiciones. Para conseguirlo basta hacer una cruz en el papel con la cuadrícula y subrayarla o redondearla, girar en la mente la posición de la cruz y hacer una nueva cruz, ya sin subrayar ni redondear. Así dos veces más. Ahora tienes marcadas las 4 posiciones que cubrirá la primera cruz, la subrayada. Continúas seleccionando otro recuadro y con el mismo método hasta completar todos los recuadros.  Serán tantas  X redondeadas o subrayadas como el total de recuadros dividido cuatro. En el ejemplo 6 x 6 = 36 / 4 = 9. Excepto si el número de huecos por lado es impar. En ese caso, por ejemplo, para un codificador de 7 x 7 = 49 - 1 = 48 /4 = 12 porque tendremos el recuadro central presente todas las veces y  quedará libre. Yo prefería los impares.

En esas divagaciones podía pasar semanas, meses ... no lo sé. Hasta que me aburría o encontraba algo más interesante. 

Podría decirse que tanto o muchísimo más interesante y de valor hubiera sido aplicarme con la formulación química. Las matemáticas con sus derivadas, integrales y gráficos pero para eso necesitaba ayuda y atención y muchísima más de estas para asignaturas donde fuera necesario memorizar horribles bloques de texto.

En lugar de aquello me pasaba el rato con el ordenador ZX8o programando para representar X al cuadrado que genera, pasando de valores negativos a positivos, una parábola. O con los senos y cosenos generando ondas. O con círculos concéntricos o desplazando su centro en torno a otro círculo o cambiando valores con el número Pi para hacer elípticas etc.

El profesor, allá por el BUP no comprendía porqué sabiendo programar suspendía matemáticas y respondí: "no soporto la teoría".

Lo cierto es que comenzaba curso creyendo que podría lograrlo  como los demás chavales pero, año tras año, curso tras curso, repetición tras repetición nuevos niños, por más torpes que algunos fueran, me sobrepasaban sin despeinarse mientras yo me forjaba como persona "muy deficiente" en los exámenes. Espacios en blanco con preguntas sin responder o con textos inventados para sobrellevar la traumática hora del examen. 

Intenté correr como los demás chavales me pedían, con zancadas cortas, pero no podía. No me salían.

Intenté ayudar a mi equipo en baloncesto empujando y gritando al contrario así que me expulsaban. 

Quise inventar el fútbol quedándome a defender al portero cada vez que atacaban pero eso estaba prohibido.

También quise reinventar las matemáticas, la física y la química. Algo imposible cuando eres tan joven, ignorante y poco capaz.

También odiaba cuando había que trabajar en grupo. Esos estúpidos "murales" de recortes, frases y dibujos. Esas condiciones de mierda en las que participar y pifiarla supone ser señalado como quien estropea todo y no participar supone señalarse como una carga.

Pero conseguí, vaya si lo conseguí, a la hora de hacer equipo, ser elegido siempre ... 
... de entre los restos que nadie quería: alumnos vagos o con mala fama por sobrepeso, lentitud, flojera, rareza o miedo al balón y al suelo de cemento.

Mi  potente deseo de aislamiento siempre ha luchado contra sí mismo tratando de hacer lo que se espera de cualquier individuo en la sociedad y evitar la anormalidad del estado paria. Cualquier cosa para evitar caer en la casta más baja: inevitable descastado. 

Entonces, nadie se extrañe que mis casas tuvieran vallado doble o cuádruple. Premonitorio comportamiento por el cual no podía invitar dentro a quienes no me querían entender aunque yo lo intentase con ellos por imitación para pasar  tan desapercibido que ... nunca pasaba. 

Cuánto parecido con un Eduardo Manostijeras que también quería amar, claro que sí, cómo no, a Winona Ryder. Un Manostijeras (héroe) creando hermosas figuras en hielo, regalando a todas, incluso a mis enemigas, recortes de agua en forma de nieve. 

Esa nieve cayendo tan pura como mi menospreciado cariño sobre los lodos de la incomprensión.

Qué misterio nos impide comprender a los demás, algo tan propio del verdadero ser humano.