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lunes, 21 de septiembre de 2009

Adverbios y preposiciones....

"Porque era él. Porque era yo."
— Michel de Montaigne, Ensayos


De la nada.
De todo lo que soy.

De mi vida y de las vidas que he querido vivir, las que ensayé en silencio sin que nadie lo supiera, las que habité durante un rato y tuve que devolver. De las muertes que he querido morir: las pequeñas, las necesarias, las que duelen como las grandes aunque nadie les ponga flores.

Del amor que he amado y sigo amando, que no se va aunque uno quiera mandarlo lejos. Del amor que todavía no he vivido, ese que intuyo en algún recoveco del futuro, esperando sin prisa. Y de los que vendrán, que no pido que sean perfectos sino que lleguen con los ojos abiertos.

De los sueños que no he soñado todavía, los que están esperando que me duerma de la manera correcta. De todo lo soñado ya, que ocupa más espacio del que aparenta. De lo encontrado que no busqué, que suele ser lo mejor. De lo que no he encontrado y quién sabe si lo haré, que ya no me quita el sueño como antes.

De cada lágrima. De cada risa.
De cada abrazo dado y de cada abrazo recibido, que no pesan lo mismo aunque lo parezca.
De cada beso sentido de verdad, de los que uno recuerda sin proponérselo.
De cada paseo de la mano por cualquier calle de cualquier ciudad, cuando el mundo cabe entre dos palmas.
De cada rencor que cargué más tiempo del necesario.
De cada dolor que me enseñó algo que no pedí aprender.

De todo lo que soy, fui y seré. De hombres y de mujeres. De metamorfosis y crisálidas, de pieles que se dejan y de alas que todavía no se saben alas.

De cada engranaje de mi mente y de mi corazón, que no siempre giran al mismo ritmo ni en la misma dirección, pero llevan años encontrando la manera de no destruirse.

Donde todo encaja desencajado, que es la única manera honesta de encajar. Donde el tiempo no tiene tiempo, no se puede medir, no obedece ni al reloj ni al calendario. Donde cada corazón dibujado convive con cada corazón roto, y ambos son igual de reales.

De la pasión.
De la apatía.
De las tonterías sensatas y de las inconsciencias conscientes.
De las seguridades inciertas, que son las únicas que merecen ese nombre.
De las contradicciones seguras, que son las que más me definen.
De las seguridades sin farsas, sin performance, sin público.

Del ser y del no ser.
Del dónde, el cómo y el cuándo.
De cómo soy, de cómo eres, de lo irreducible de cada uno.
De todo lo que nos hemos hecho partícipes sin firmar ningún contrato.

De las emociones regaladas, las que se entregan sin garantía de devolución.
Con los peros y los porqués que no siempre tienen respuesta.
Con lo compartido y con lo callado, que en una buena amistad a veces es lo mismo.
Con el sí y con el no, dicho a tiempo, dicho con cuidado.

Por todo esto. A pesar de todo esto. Y por encima de todo esto:

nos hemos hecho amigos.

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