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viernes, 22 de febrero de 2019

Anorexia mentirosa

The Anorexic - Jim Rowe  (1996)
⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO

Este texto contiene descripciones directas de anorexia nerviosa, conductas alimentarias dañinas e ideación de muerte, así como conflictos familiares y malestar psicológico intenso.

Puede resultar perturbador o activador. Si estás en un momento vulnerable, se recomienda no continuar con la lectura.


El psiquiatra tamborilea con sus dedos sobre la mesa.

—Fermin, lo primero que te voy a pedir es que siempre digas la verdad. ... Es muy importante. ... Si no eres capaz de hacerlo ... ... ... no podremos ayudarte. ...
—Vale—le miro los dedos y no tiene uñas a la vista. Están cubiertas de esparadrapos. Habla haciendo pausas entre las frases. Sé que me mira. Lo confirmo pero no sé qué espera.
—No, vale no. ... Me lo tienes que asegurar. ... Porque si mientes lo vamos a saber. ...  y esto no es un juego ... Si no te lo vas a tomar en serio tendrás que irte ¿de acuerdo?

Sigo mirando con detalle esas vendas y pienso si este hombre sabrá hacer o no su trabajo cuando no se controla al punto de comerse los dedos y llegar quizá al hueso. Retira la mano y luego respondo

—No voy a mentir.—la U.T.C.A. está formada por un equipo multi disciplinar que cubre los aspectos psiquiátricos, psicológicos, endocrinos y nutricionales además de tener enfermería y terapeutas ocupacionales.
—Bien. Y debes tomar la medicación que te voy a recetar. ... Es muy importante también.
—Bueno.
—Y recuerda que podemos saber si de verdad los tomas.
—(pues bueno, lo que tú digas, deja de observarme)
David G.P., coordinador de la unidad de trastornos de la conducta alimentaria, es psiquiatra. Poco a poco allanaría mi conducta ayudado por su Zarelis (venlafaxina ) y su Rexer Flash (mirtazapina).

    Cada semana al principio, cada dos más tarde, las visitas a la unidad. Desnudarse conservando el calzoncillo (o la braga) con los ventanales abiertos (la luz es hermosa) y de espaldas a la puñetera báscula para anotar el peso, medir la grasa corporal bajo el antebrazo con el plicómetro, tomar la tensión, escuchar el corazón ...

    Me ofrecen ir a mear porque es un truco de subir peso. Bebes agua, pesas más. Hay quien mete cosas en la ropa interior para engañar a la báscula ... yo no haría nada de eso.

    David aumentó la medicación de Zarelis dos veces quizá porque mis respuestas eran, además de honestas, desafortunadas y preocupantes. Mi esposa, convencida de que algo (desconocido por ella) le debía contar para que subiera la dosis, me asediaba luego a preguntas. Con los fármacos empezaron ataques de bostezos y bruscas sacudidas al comienzo de la noche en las que me mordía lengua, labios, carrillos y creí romper los dientes. Pateaba involuntariamente durante esas sacudidas a mi esposa, la asustaba y cabreaba. Se sumaron unos increíbles sueños conscientes que difícilmente se pueden explicar. Divertidos al principio y jodidos cuando  su pleno recuerdo hacía que no pudiera distinguir lo vivido de lo soñado.

    La endocrinóloga me recetó batidos "Ensure TwoCal" que me sacaron de los cincuenta y dos kilos ayudados por don Rexer Flash, que estaba muy rico.

—Ya verás qué contentos se ponen en la farmacia al encargar estos batidos.
—¿Ellos? ¿Porqué?
—Porque son caros y ganan mucho dinero. De momento te receto dos packs de treinta unidades. ¿Qué sabor prefieres? ¿Vainilla o fresa? ¿O uno de cada? - Ana Isabel, con su voz de pajarillo, siempre fue y es conmigo de trato amable.
—Uno de cada.

    Los batidos fueron un sufrimiento. Es justo lo que no quieres tomar: calorías. Encima son espesos, asquerosos y ... maaah, poderosos. Hacerlos subir por la pajita cuesta un triunfo.  Me daba hojas para análisis y otras donde poner lo que desayunaba, comía, merendaba, cenaba, bebía cada día con su cantidad. Ella reía leyendo mis minuciosas explicaciones y menús: "¡¡ Eres un gourmet !!".

   Lidia B.A. dice que hablo como un chaval de quince y no debe ser cosa buena. Es la nueva psicóloga del centro y eso si que es bueno para ambos.

    Una de las sesiones coge un bolígrafo y un papel y empieza a dibujar en círculo sobre el mismo sitio hasta dejar un feo borrón de líneas superpuestas. Por momentos parece que va a salir de ahí la chica de la película "The Ring". Dice "... esto es lo que haces todo el tiempo... dar vueltas y vueltas al mismo asunto ... ".

    Tenían decorado el centro con carteles de recortes y frases que los/las adolescentes realizaban en sus sesiones de terapia. Una vez dije:

—Estoy cansado de venir aquí y ver tanta tontería.
—en referencia a los carteles.
—Oye, Fermin. Lo que tratamos aquí es algo muy serio.
—Perdón, perdón ...
—No es ninguna tontería. Hablamos de muchas jóvenes que mueren por esto.
—Es verdad, perdón, no quería decir eso ...—a pesar de que la interrumpía reconociendo mi error se enfadó con razón. 

    Cuando me ofreció terminar las citas con ella acepté. Creo que sigue enfadada.

    Han pasado casi veinte años desde la 
"Entrevista a una anoréxica" que Lisa Carver hace a su niñera y escribe:

    "Mantener el consumo de guisantes a siete por día, impidiendo que el tenedor toque mis labios, simplemente, no me encaja. [...]  al final, esos anoréxicos te obligarán a cuidarlos fingiendo que nunca quisieron ayuda,  como que nunca te odiaron ni quisieron entristecerte: 'Oh no, eso solo era violencia  dirigida a mi interior.' ¡Pero qué me estás contando! Odio jodidamente ese comportamiento pasivo-agresivo.[...] El sufrimiento autocomplaciente y silencioso de la anorexia, en el gran esquema de la vida, es algo realmente inútil."

     Hoy la gente considera grave este desorden mental pero de su interior se desprende que opinan igual que Lisa Crystal Carver hace veinte años.
    En el transcurso de mi trastorno me he dedicado a subir y bajar por todas las escaleras yendo o sin ir concretamente a ninguna parte. Desde la cuarta planta de la facultad miro hacia abajo del patio interior  imaginando mi cuerpo caer contra la rejilla de la primera planta. Así desde cualquier hueco y otras escaleras. He controlado mi peso entre tres y cinco veces diarias. He hecho ejercicio a escondidas sin parar. He restringido la comida y la he vomitado ( no hay cosa más asquerosa ). El deseo de morir que siempre me ha atormentado es ahora especialmente intenso y doloroso cada mañana. Mientras dormía solo ( por mi facilidad para desvelarme y el colecho de 8 años ) despierto un día recordando que se puede distraer a la mente con dolor: me auto lesiono imaginativamente durante un tiempo. 

    Anorexia es más mentirosa que nerviosa. Una caja rebosante de mentiras útiles y penosos trucos de mago obstinado en ocultar su obsesión a un pequeño grupo de espectadores tristes y hastiados. En mi caso no recuerdo engaños sino confesiones cristalinas para conseguir ayuda.

—Tienes trabajo, ¿no?
—David y su rueda de reconocimiento.
—Si
—Y qué tal te va. ... —soberanamente estos diálogos obligados me aburren.
—Mmmm... bien—no sé muy bien a que se refiere pero sé que las respuestas positivas sirven para evitar que quiera hurgar.
—¿Eres respetado en tu trabajo?
—Ssssi. —¿qué es ser respetado? ¿Que no se rían de uno? ¿No sería estúpido pagar un sueldo a alguien a quien no se respeta? En aquella época -aunque visto como raro- era respetado.
—Y tienes familia ... una esposa ... una hija ...
—Ssssiii.—oye, es evidente. Lo sabe. Continúa sus preguntas y llega el momento de la conclusión:
—Disfrutas de todo lo que se puede desear. Tienes trabajo y familia. Eres respetado y querido. Aparte de esto no tienes problemas físicos ni de salud. No hay nada más y ... a pesar de que tienes éxito en la vida, te empeñas en adelgazar sin motivo y echar a perder la salud y todo lo demás.
—(éxito en la vida) —no sé qué contestar. ¿Alguien sabe qué es eso?
—Claro. Estar delgado... ser perfecto... es super-mega-guay, ¿no te parece?—me trata como si fuera un completo idiota.
—No. No me parece nada. Yo lo que busco es evaporarme y desaparecer.
—Pero eso no sucederá así, y lo sabes.
—( no estoy tan seguro de saberlo )—es curioso cómo uno piensa respuestas que no pronuncia.

    La anorexia no se conforma con tu grasa. También se lleva tu músculo, hueso, pelo y tu cerebro. A cambio te entregará para empezar el físico, si lo buscabas. El reconocimiento social, si lo deseabas. Incluso finalmente la muerte sin pretenderla. Pero de guapos nada. Quedamos horribles. No hay visión más espeluznante que un cuerpo de cadáver vivo cubierto de venas y piel fina con lanugo.

Sí. Si tienes o tuviste esta enfermedad estarás pensando en estos momentos, como yo, cosas horribles sobre los cuerpos ajenos, opuestos. Pienso eso porque se aprende desde pequeño. Pero no quiero ser así. ( Así de asqueroso debo aclarar, después de leer a Rufalia )  Los quiero y respeto como a cualquiera y ojalá a mi me puedan querer y respetar por igual sin repetirme pública y privadamente lo flaco, feo y repelente que estoy continuamente. Y no me agarren del brazo para tantearme.

¿Qué les parecería si yo cogiera sus michelines y los sacudiera para comentar a continuación "¡... y a ver si dejas de adelgazaaaar!" ? Esto me lo acaban de hacer (en formato inverso) unos días después de escribir todo este texto. Un hombre con síndrome de Gilles de la Tourette, que habla raro y está todo el rato haciendo ruidos y muecas al que yo seguiré tratando con corrección.

    Topicazo: la hermosura de las personas, su valor, está dentro. Dentro, de verdad. Tampoco  su cara o su gesto. Esperad a conocer a vuestros semejantes y después sabréis si lo que llevan en su corazón (o cabeza) merece la pena.

    Pregunto a mi primo por su hermana (según mis padres también con A.N.) y zanja la conversación limitándose a etiquetarla de loca. Casi todo el mundo opina verdaderas burradas y juzga muy duramente a quienes la padecen.

    Fueron tres años difíciles para mi esposa y mi hija. Las personas que tienes a tu lado sufren viéndote empeorar a diario. Es habitual que la familia se vea sometida a un desgaste continuado de largos años en los que cambian la confianza hacia uno por permanente inseguridad. Empiezan a dudar si te conocen de verdad y el agotamiento y la frustración llevan a un diálogo sin vuelta atrás:

—Te vas tú o me voy yo.
—( estás muerto ) —no hay respuesta por mi parte. Ninguna novedad.
—Puedes ir a casa de tu madre ...
—No voy a ir a casa de mi madre. ( estás muerto, ya estás muerto ).

    Sólo pienso en morir. Inmediatamente. Inútilmente. Tan brusca como estúpidamente.

    La vida de un individuo es una suma de hechos y recuerdos, acertados o equivocados. En la de mi esposa y su asombrosa memoria caben los hechos vividos por ella junto con los de quienes cerca o lejos han tenido algo que ver con ella, las fechas casi exactas, así como las relaciones entre unos y otros con datos extra. Algo inconcebible para mi. Y no está dispuesta a pasar otra vez por esto en el futuro.

    Por desgracia siempre seré una persona poco fiable. Un embustero y no solo en lo relativo al alimento. Mis palabras, mis hechos ... serán siempre una fuente de incertidumbre. Crees que dejas la anorexia pero te persigue. ¿Que aumentas dos kilos? Nadie lo creerá ni deseará acompañarte a la báscula. Están hartos. Seguirán viendo que te aprietas el cinturón. ¿Que comiste cuatro trozos? Una voz que no es siquiera de tu familia dirá: "No. Solo le vi comer uno." ¿Que subiste en ascensor?  No, no he oído la puerta. Todos saben lo mentirosos que son estos anorexics de mierda. Para colmo el cuerpo pide pantalones de la treinta y seis. Y llega el punto donde no tienes ganas de discutir y les dejas decir y hacer. Que os den. Iros a esparragar y dejadme en paz.

Sólo sé una cosa. Anorexia nerviosa no: Anorexia mentirosa.

domingo, 3 de febrero de 2019

Pilar y el trabajo de limpiar

Judi Krew - Comando Cleaning

váter, wáter
m. Retrete. Wáter es un préstamo del inglés para designar el retrete, un espacio en cierto modo tabú, en torno al cual se crean expresiones eufemísticas, al igual que en relación con el acto de defecar y orinar. © Espasa Calpe, S.A.

No hay trabajo indigno.

Hoy a Pilar le toca limpiar los baños. En esas habitaciones de residencia hay retretes. Donde la gente cagamos. Hala. Qué poco fino. Podría haber dicho que es donde se hace de vientre y, del mismo modo que en la Espasa Calpe dicen, dar rodeos al pequeño tabú.

A Pilar se le acaba el tabú en cuanto se pone los guantes, agarra el estropajo y los productos desinfectantes y desodorantes y se arrodilla junto al “inodoro”. Lo mismo que en la bandeja y los platos se pegan restos de comida, en este aparato dotado de cañería se pega la descomida, o sea, la mierda.

Los cagones y las escobillas de su propiedad: eternos desconocidos.
Las públicas… ¡vete a saber quién y cómo las ha tocado!

Pero si tienes tu habitación en una residencia y gozas de tu propio baño con váter, lo normal será no dejar pegadas en él las cascarrias para que las retire la de la limpieza, que no sabemos ni cómo se llama.

“Esto es humillarle a uno”, dice Ana, la cocinera de la residencia, que a ratos también limpia pero sin meter la mano dentro, ni con guantes ni de cerca, al tiempo que —mano sobre mano— observa a Pilar y da una conferencia sobre la correcta limpieza, la rápida, la que se hace “por encima” y sin necesidad de tocar esas guarrerías.

No es por eso que está llorando ahora. Para ella ha sido la misma canción en casi todos sus trabajos. Está triste y llora porque tenía ilusiones renovadas con su trabajo nuevo.

¿Se puede tener ilusión por un trabajo así?

Pasados los 50 —aunque su físico no es atlético— lo da todo correspondiendo a la confianza de haber sido contratada legalmente por primera vez en su vida. Ha dejado de ir de casa en casa.

Cree dejar atrás el salario que nunca sube y tonterías como:
“Si yo la casa la tengo muy limpia…” así que poca tarea tienes conmigo.
“Esta es la chica que me viene a limpiar.” Aunque esté en el funeral de mi padre, es la chacha.
“Si necesitas ayuda con el doctorado de tu hija, dímelo.” Que quedo bien aunque no sea cierto.

Y un largo etcétera de historias similares del día a día, sumando años de infravaloración y humillación.

Pronto llegó la noticia de que el contrato no correspondía con una residencia, sino con empleadas de hogar que no tienen derecho a paro y… no quedó otra que seguir bregando.

Cinco meses más tarde las 5 horas diarias pasaron a 3 porque no había dinero:
“El contrato indefinido pasa a temporal hasta junio y luego ya veremos. Tienes que renunciar al finiquito, claro, y las vacaciones cógelas antes de junio.”

Eso, tras dejarse la espalda pintando una habitación, haciendo tiempo extra gratis a diario…

No, no es lágrima fácil. Cuando era pequeña ya limpiaba los PAÑOS de los sobrinos pequeños que dejaban en casa de la abuela, sin lavadora. Encargada también de las tareas de casa porque su madre se encamaba rápido para paliar sus continuas dolencias.

No recuerda de ella sentir afecto alguno, excepto aquel día que, extenuada y deprimida tras rozar la muerte en su primer parto a los 30, dijo: “Ya no puedo más”.

Es una vida acumulando falta de mínimas atenciones, carencias de amor y pleno abandono cuando, sola, con 6 años, en la casa de la ciudad sus hermanas mayores iban a trabajar; sin alimentarse hasta padecer anemia, romperse un hueso que no soldaría y recibir dolorosas inyecciones.

Era una chica transparente —casi de plexiglás— y el amigo de la pandilla la llamó Britina.

Pilar se pregunta por qué Britina tuvo tan mala suerte incluso con los padres de su marido, que la prometieron un trabajo de dependienta “más digno, con vacaciones, paga extra y dada de alta”.

En esa tienda llamaron subnormalito a su sobrino predilecto (intenso dolor e ira) mientras destilaban una tras otra en mentiras sus promesas. Y, sin valor para decírselo a la cara —lo que es peor—, la obligaron a que se fuera.

Britina marchó de aquella tienda y volvió a la fregona, la plancha, la cocina y los baños de ancianas que se cagaban por toda la casa y la recomendaban poner sangre de menstruación en las empanadas para mantener el amor del marido.

Una tras otra, personas que a lo largo de su vida pretendieron hacerla creer ignorante, valorando en nada su labor y en cero su respeto.

Casada con un hombre inseguro, sin dinero ni aspiraciones, difícil y ausente en su propio mundo, se plantea hoy, herida, si mereció la pena amarlo a cambio de casi nada.

Él quiere recoger la cocina empezando por el final. Ella le corrige y dice:
—Te quiero.

Y lo abraza.

Él, asustado primero y dos segundos después, tranquilo, responde:
—Gracias.

Tras un corto silencio, Pilar lo aclara más:
—Te quiero mucho cariño.

Y, demasiado tiempo después, él responde:
—Yo también te quiero. Mucho.

Qué historia la de Britina Parasintética, que ni siquiera tuvo suerte en el amor cuando era lo único que necesitaba para sentirse más fuerte. Tuvo que esperar a que la vida enseñara, bofetada a bofetada, que esto no es el paraíso sino un sucio jardín lleno de mierda donde hay que mirar bien dónde pisas para que esta no te llegue a las orejas.

martes, 22 de enero de 2019

Anuncio por palabras

Warwick Goble
Ilustración de Warwick Goble para "Water Babes"

SE NECESITA UN SER

Se necesita un ser
que quiera compartir lo poco que tenemos
de lo mucho que aún queda.
No han de importar sus años, su condición social
su domicilio...
Pero es urgente.

Alguien que entienda todavía por qué se van los pájaros
otoño arriba
a qué ha venido el hombre
a qué flor pertenece el color de los sueños,
en qué mes se desbordan las razas infelices,
con qué uvas se pisa la esperanza,
con qué refrán se cura la maldición de estar siempre
tan tristes.

SE REQUIERE que sepa manejar el idioma de las cosas sencillas,
y calcular el radio de los besos,
y valorar los rostros que carecen de marca,
y escribir en presente las ilusiones muertas,
y entender la estructura de los gestos.

PREFERENTEMENTE niño - hombre - mujer - adolescente,
de la piel que quisiera,
con los ojos redondos como un significado,
con la voz siempre en fuga como las libertades
y las manos abiertas como diez intenciones.

Pero un ser, ante todo,
que jamás haya visto un chubasco de sangre,
que no haya puesto nunca una trampa a la vida,
que haya bebido a veces un mar de malos tragos
y a veces con la rabia haya comido tierra.

Es también requisito presentarse a deshora
con el inmenso encanto de lo que no se espera,
con la sonrisa fresca como un chorro del alma
y el eterno secreto por que uno se enamora.

Alguien que prometiera
que es preciso muy poco para ser muy feliz a toda costa.
Pero es urgente.

Del asturiano Aurelio González Obies

martes, 1 de enero de 2019

Estoy beodo o achispado


Y yo casi nunca bebo alcohol.

No te lo quieres creer pero lo que llaman "el culín" de un vaso me pone ya sensiblemente mareado.

Mi hígado no tiene costumbre, es eso, ¿eh?

Pues, fui a ver a un viejo conocido para ayudarle con el tema de facturación y fin de año. Como siempre, primero me enseñó las maravillas de su empresa que, para qué negarlo, son muchas. Se disculpa por hacerme perder el tiempo mientras me obliga a ir a la nave 2:

—Bueno, como tú no cobras por horas ... ¿no?
—y me mira esperando algo. Yo me quedo pensando, porque me gusta ir al grano y él sabe de sobra que no le cobro por horas, entonces, paquépreguntas.

—No.

—Es que tengo que recoger unas tuberías.
—y busca por aquí y allá sin encontrarlas pero me explica unas cuantas  máquinas raras y caras y paquí y pallá, hemos tenido que ampliar la zona de pulido y busca busca sin encontrarlas. Me pregunta:

—¿Si fueras una tubería donde estarías?

—Si yo fuera un empleado tuyo pensaría, "¿dónde pongo las tuberías para que las encuentre mi jefe?" y las pondría a la entrada, para que te tropezaras con ellas.
—mira hacia las puertas. Las encuentra. Me mira y dice:

—Si señor. Vámonos.—volvemos a la nave 1.

—Lo primero un café.—yo ya desayuné. No tomo ya cafeína. Subimos en el ascensor a la sala-café. No sé qué he hecho en la arrancada para que diga:

—Si, lo sé. Ese golpe que notas al arrancar es porque el idiota que puso el variador no lo configuró bien.—y miro el espumillón de la barandilla. Dice:

—No sé quién ha puesto estas mariconadas, aunque a ti ... como eres medio gay ... —para qué entrar al trapo. Cuando la gente dice estas cosas no sirve educar. Una vez le dije que me parecía mal y encima se ofendió y empezó a hablarme de usted durante un par de años, echándomelo en cara.

—¿Lo ha puesto tu esposa?—topicazo al canto a ver si acierto.

—¿Mi mujer? ¡Si ella estas cosas las odia!
—y blah, blah. Llegamos al piso.

—¿Cómo lo quieres?—y yo qué sé cómo lo quiero. Ofrece—¿Con leche?
—Vale.—terminamos el café y dice:

—Ahora el cigarro. Café y cigarro, muñeco de barro.—me mira. Yo no fumo. Me mira. Otra cosa no, pero madre mía cómo me observa. Y como no "lo que sea" añade—¿Nunca lo has oído?

—No

—Pues que fumar y el café dan ganas de ...

—Aha.
—y yo imaginando el muñeco de cerámica, el café y el cigarro. Me está mirando.

—Ganas de cagar ... Muñeco de barro ...

—¡Ah! (joder, qué corto soy)

—Se nota que no pasas conmigo suficiente tiempo.

Por fin procedemos al cierre y me cuenta que es la última vez porque ha comprado un programa nuevo y el IVA en cuatro días y la ISO 900x y presupuestos, ingenieros, todo automático, etc. Le felicito por su constante crecimiento.

—Ahora lo de los vinos que te doy todos los años.
—y que yo luego regalo o mezclo a lo sumo con algo de gaseosa, aunque sea un Marqués de Cáceres. Me encanta mezclar plebe y nobleza—Que sí, que el ascensor también frena demasiado fuerte, no me lo repitas.—y pienso, ¡pero si yo no he dicho nada!

Saca un par de botellas en caja. Otra que pone Bobos en la etiqueta y empiezo a intuir decepcionado lo que me está llamando. Dice:

—Es de fincas la borracha y está hecho con uvas de una variedad que llaman bobas.

—Muchas gracias.

—Ya verás. Está muy rico.

—Gracias.

—Ahora nos vamos a tomar un cava que no es como los otros.

Se marcha y saca una botella en tono rosa. Marta passió. Lo abre y llena unos vasos de plástico que dispone sobre una caja de madera muy grande. Me explica que lo de dentro vale una pasta y es una bomba hecha por encargo para mover huevos con cáscara y todo.

El caso es que me lo tomo y blah, blah, sobre feminismo y la juventud y los gays y VOX y los palcos VIP y las desherencias y las apariencias y los robos y las mujeres trabajadoras etc.

Y rellena los vasos y blah, blah, que el Vega Sicilia, que los hijos deben luchar y no heredar, que si la misoginia, la explotación, las empresas que comen al rededor de la suya, Israel, EE.UU., el nivel de vida en Dinamarca donde no hay tiendas de chinos y el ingeniero no gana tanto y no se puede permitir un fontanero mientras en España alguien jubilado puede y en cambio ellos tienen otras cosas ...

Y rellena un poco los vasos una última vez. Y blah, blah mientras yo toco y juego con la textura rugosa del papel de plata que envuelve el cuello de la botella y lo miro de cerca.

Llevo rato mareado y ya no sé bien de qué va todo esto. Y nos vamos cada uno por un lado.

Me siento animado.

Tengo el encargo de comprar unos pimientos en el super de un tal Michael Edouard Leclerc.

Y ahí me asustan los mismos ruidos, me agobian los mismos montones de gente y los mismos infinitos artículos a la venta.

Quizá me falla el turbo que re-alimenta estas cosas.

La chica junto a los bombones Lindor es blanca como la leche 
y claramente extranjera. Observa cómo voy cogiéndolos. Tres rojos, uno negro. Tres rojos uno verde. Dos rojos uno azul. Tres rojos uno amarillo. Tres rojos otro negro. Dos rojos otro verde. Otro azul. Uno marrón. Dos rojos otro marrón.

Voy a buscar mantequilla dulce de Soria. Imagen a localizar: una caja plana en un cartón azul . No está. En ninguna parte. Cambio el chip y empiezo a leer. Ya. Han cambiado el envase.

Vigilo los precios y me asombro de esta capacidad dentro del mareo y la estupidez que me envuelve. Me siento bien.

De pronto me doy cuenta que llevo un rato mirando al suelo parado en medio de ninguna parte.

Me importa un bledo. Que miren.

Llevo compradas muchas cosas más pero no los dos pimientos. Los engancho.

En la caja me dicen 62 y no me extraña demasiado.

—¿Bolsa?

—Bolsa.
—señalo mi bolsa amarilla de la compra. Es decir, no necesito.

—¿Tarjeta Leclerc?

—No, gracias.
—entrego mi VISA.

—Gracias.—me dice

—Adiós. Gracias.—contesto y me piro.