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sábado, 3 de octubre de 2020

Tenían las manos blancas

«No hay bandera lo bastante grande para cubrir la vergüenza de matar a gente inocente.» — Howard Zinn

No me junten las palabras «guerra» y «civil». Los civiles mueren con sus manos blancas.

Los pueblos no se matan entre hermanos. No con tanques. Ni con balas que buscan el corazón de un vecino.

No se muere de civismo, sino de pesimismo. El mismo que no encuentra soluciones fuera de la muerte.

La suerte del contrario debe entenderse como el punto fuerte de un nuevo amigo.

El enemigo abandonado en la cuneta, al escondite de tierra, primero suplica y necesita. Luego debe, tiene que pedir a gritos salir. Decir su culpa, decir su nombre debe.

Deben volver las pieles abrasadas, los pulmones asfixiados, las mujeres violadas, los cadáveres hacinados, como deben volver todas y cada una de las almas solas, perdidas, olvidadas.

Deben recordarse los ojos por encima de sus cuencas, y las lágrimas que corrieron haciendo surcos por sus seres queridos.

Debemos admitir las derrotas y ser, por igual, derrotados ante la humildad de los vencidos.

Debemos vencer a nuestros demonios para alcanzar a vernos, quizá algún día, como siempre debimos.


Perros que pasean haciendo ejercicio.

Ejército de tierra, desembarcos de mar.

Mareados salen entre zumbidos de balas.

Lavan su sangre en playas saladas.

Soldados que ayer en su arena jugaban.

Bajaron a ver morir el mañana.

La nana era sueño y hoy queda nada.

¡Hada madrina, ayuda a este crío!

Te creo —¡BANG!—, ahora descansas.

Mansas palomas contra colinas armadas.

Rameras del Führer vacían la esperma.

Enferman sus hijos mamando metrallas.

¿Me traerás tu cariño si mato judíos?

¿Dios haría del Reich un reino divino?

No vi distintas opciones matando mil niños,

mil mujeres, mil hombres, mil niños.

Niños tan solo, gaseados vivos.

Vos dijiste: menos germanos, menos nórdicos.

Sórdidos motivos para crímenes sin castigo.

Contigo, conmigo, una pira de odio bárbaro

atiborrado, feroz y cruel de ojos bien claros.

Raros, rasgados, irreductibles sus aliados,

alejados en tierras de tsunamis y olas.

Enola, en tu nombre también, quemados vivos,

los niños.

Y vos y tu hijo Paul masacrando mujeres

júrenme: «Lo hago por mi patria, Dios mío».

Ni dioses ni perros caminan tu destino.

No tildes a la bomba por robar inocentes

centenas o miles de vidas al adversario.

Río de sal, playa dulce, todos distintos.

Instintos hermanos en este pequeño

noqueado mundo de guerras sin tino.

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En el parque rebosaban sugerentes luces verdes, adornadas con sabrosos contrastes amarillos al atardecer. Ver respirar tanta minucia con la gafa nueva resultó intenso, como un éxtasis sobre el dolor. El suelo era papel de lija color azafrán que vigilar para no untar el molde del pie con dulce de caca.

Los tréboles acurrucados de a tres pasan ya frío por octubre. Las ramitas rotas por el viento crujen secas porque las piso.

Algunos y algotros con sus perrillos sueltos me conocieron, miraron y saludaron. Como el parque se bifurca en abajo y arriba, dejé que marcharan por lo bajo mientras observaba desde lo alto. Allí debajo, un crío de siete años tiró su bici sobre un can de algodón que le asustó sin propósito. Aquí encima, unos gamberros acecharon y aguardaron, apartados, los efectos de un fuego —¿su fuego?— provocado en el pasto seco de un campo cercano.

Un perro mediano nos mostró todos los dientes, tirando de la correa, ladrando amenazador.

Empecé a jugar con las palabras, guiado —medio zombie— por mi chiquituco, entre padres y niños.





sábado, 12 de septiembre de 2020

Amas romper y escoger



Era una noche oscura. Estábamos ya en la cama y sonó el teléfono. Mi esposa se levantó rápida, agitada. Yo no tenía ni idea de su presentimiento. No me moví de la cama.

 Comenzaron los sollozos y ya supe lo que pasaba. Mi hija se levantó en seguida para acompañarla. Había venido para estar en casa durante los últimos días de vida de su tan querido abuelo. Para poder decirle hola, cogerle la mano y darle un beso.

 Pero yo no me moví de la cama. Sí oía y entendía, pero me quedé en blanco con mis instintos, sin pensar. No me levanté.

Como si pudiera evitar el vertido de emociones. Como si permaneciendo inmóvil todo aquello fuera a terminar sin más. No era sueño ni pereza. No tengo explicación ni excusa que pueda cubrir tanta mierda para algo que parece tan sencillo.

Porque solo sé romper. Partir en pedazos los momentos de ternura.

“Era el padre de mi esposa” y al tomar conciencia de ello siento abrirse un pozo vacío y profundo en mi cabeza. Necesito dejar un espacio en blanco después de esa frase antes de volver a decir nada. Y debo repetirla: “Era el padre de mi esposa”. Ellas en el salón … ni si quiera recuerdo nada más.

Suegro es como lo llaman, pero no me gusta. Aparte de padre, madre, tíos, primos y hermanos, lo demás se me volvió imposible de asimilar. No importa la edad. Cuando no quiero aprender, se me hace casi imposible aprender.

Después de leer el párrafo anterior seis veces, modificarlo, releer todo 12 veces más en diferentes días y volver a cambiar unas y otras frases, hoy me doy cuenta de porqué me cuesta tanto: quiero desviarme del asunto. Quiero escapar. Huir.

Lo decía mi padre: “Eres un cobarde, siempre estás huyendo.” Una y otra vez. Cuando iba a pegarme huía. Ante los problemas también huía. O callaba. Hablaba cuando no debía. Callaba cuando no debía. Hago lo que nadie espera u omito lo que era de esperar. 

Y ya he vuelto a salir del tema. Debería precipitarme con mi ombligo en aquel pozo y no salir jamás de él.

A lo largo de la vida se presentan ocasiones con una sola posibilidad de acertar. Cuando te equivocas ya no hay vuelta atrás. Has perdido tu oportunidad. Has fallado y te pueden perdonar el error, pero es un error atrapado en el tiempo que no puedes corregir. Que se hará más fuerte sumado a los demás errores.

La falta de acierto puede perseguirte el resto de tu vida. En ocasiones solo puedes reconocer el disparate cometido y bajar la cabeza porque, habiendo una sola opción, una sola decisión que tomar, elegiste no hacer nada. Y saberlo no te permite levantar la cabeza.

Porque no soy capaz de escoger. No con acierto.

A pesar de toda la vergüenza -una vez más- me reconozco convertido en un desecho que escupe palabras baldías. Un ser sin respuesta para las preguntas importantes. Un trozo de carne anónima, tóxica. De una especie desconocida que vive con menos sentido y sentimientos que cualquier otro animal normal de este planeta. Me considero así escuchando a mi esposa al teléfono: " ... murió papá un 18 de septiembre y ... " sin recordar la fecha de fallecimiento del mío.

A pesar de todo quiero gritar que le amaba. Quería a aquel hombre con un cariño especial. Siempre en la esquina de la cocina, en su butaca, con la temible Benelli muy a mano sobre la cabeza. Me gustaban su forma de ser y de hacer. Sus bromas amables y directas. Su enfadarse y esconderme el rostro en cada foto. La admirable resistencia al dolor extremo de los últimos meses delatado por un sudor frío que solo su hija y yo anticipamos. Tan digno, cómo no, con sus pantalones subidos hasta los sobacos. Con su bigote blanco y sus ideas de antaño. Con su mirada en el reojo, molesto porque su …

… su yerno le observa con tal intensidad mientras come que desagrada y quita el hambre a cualquiera. Entonces deja la cuchara, se limpia el bigote con servilleta, forzosa de tela. Se yergue, me mira y dice cerrando los ojos sobre estas palabras:

- ¡Se puede saber qué demonios me estás mirando todo el rato! – y yo desnudo, siempre lento, sorprendido otra vez con la misma manía, no sé qué responder. Mi mujer añade:

- Si es que es verdad. Mira que eres pesado. – y mi … cuñado, mi cuñado, divertido, disiente a mi favor desde mi codo derecho hasta el codo de mi … suegro:

- ¿Y a ti qué te molesta tanto? Si no hace nada el hombre. – y se pone a observarle de cerca.

- ¡¡ Quita de encima !! – reniega extendiendo el brazo y apartándole con el codo se queja: ¡Deja de hacer el tonto tú también!

Echo mucho de menos sus pequeños cabreos. Le quiero. Quiero a tu padre con el alma, cariño mío. Yo quisiera saber estar siempre a vuestro lado, en vuestros abrazos.

Porque no soy capaz de amar. No entregándome a tu cuidado.

Perdóname por favor por ser tan torpe. Por echar siempre a perder todos tus afectos constantes, nada merecidos.

Es del todo injusto que después de tanto soportar, ayudar y entenderme mejor que yo mismo te pague siempre con la misma moneda. Espero que ese Dios de tus oraciones se digne en escucharte un día, me lleve donde crea mejor y tu camino sea por fin ancho, firme, llano y despejado de complicaciones.

Como todas las ocasiones, incapaz de cambiar o aprender, buscando la huida por asquerosa debilidad, por nada bueno o sano, con razón algún día me dirás: 

"Tú solo amas romper y escoger, según tu conveniencia."

viernes, 31 de julio de 2020

Estudios Universitarios

"Nadie debería escapar de la Universidad sin saber lo poco que sabe."  J. Robert Oppenheimer 
Mal estudiante - Obra de Yunyun Li

Nada, que he visto la película "Larry Crowne, nunca es tarde". Despiden a Larry de su trabajo en un supermercado alegando que, al no tener estudios universitarios, no puede ascender y por tanto  no tiene expectativas. Blah, bla, se matricula en la universidad y es un estudiante de éxito a los 50. Cosas del cine y casos de película.

Hace muchos años quise cambiar de empleo pero mis expectativas se venían al suelo cuando leía "Titulación universitaria requerida". Cualquier titulación en muchos casos. Y encima pedían "abstenerse" al resto. Son especies diferenciadas. 

Según la Universidad Autónoma de Tlaxcala, el "Homo Universitatis"  es un ser analítico, comprensivo, predictivo, innovador, propositivo, universal, democrático, solidario, permisivo y coexistente. Si cuentas las características, son como diez mandamientos. Los demás pertenecemos a la especie sin evolucionar que es por contra desordenada, intolerante, convencional, inmovilista, indecisa, provinciana, aborregable, egocéntrica, intransigente e individualista. Y vaya, creo que cumplo algunos de estos requerimientos negativos. 

Bueno, lo de ese "Homo" solo se trata de un "Modelo humanista integrador basado en competencias" pero no me creo que de entre la horda ( ¿turba? ) de aspirantes a universitatibus se queden al margen los más capullos ni las peores cabronas. Y menos que a estos, sus malas artes y limitaciones para amar y respetar a los demás, les impidan lograr sus correspondientes títulos. Antes de admitirlos nadie va a valorar su psiquis ni va a espiar su comportamiento previo en la vida.

"Dame un título y conquistaré el mundo", no lo dijo Arquímedes. El decía "dame un punto de apoyo y moveré el mundo". Se parece. Te apoyas en un título para conseguir lo que buscas. Tonterías. "A fulanito no le ha servido de nada, fíjate: está en un supermercado Mercadona, no te digo más".  Y a la vez que se menosprecia un trabajo tan digno como cualquier otro, ignoramos que a veces también se exigen "papeles" en el ansiado Mercadona.

¿ Qué prefieres, una universitaria graduada en informática ( da gusto oírla hablar, no cabe duda ), una chavala que apenas ha sacado un módulo de formación profesional ( con cara de buena gente, por lo menos ) o alguien sin ningún tipo de estudios ( pero 10 en simpatía ) ?

Bueno. Pero ahora vamos a aliñar la ensalada o batir el Gazpacho con la Thermomix, y si sobrevives a la barbaridad de los decibelios de esa máquina infernal, te cuénto qué pasa al mezclar bien todas las circunstancias: las mentes, los sentidos, las capacidades, los corazones, el físico y las metrallas incrustadas en la vida de cada cual, pues todas tenemos una historia que contar. 

¿Cuál es el resultado? Pues que casi da lo mismo el producto si tienes titulación universitaria. Me estoy poniendo pesadito desde el minuto 1 y me agoto yo solo de leerme.

Me gustaría pertenecer a esa especie superdotada que puede ponerse delante de un libro y consiguen sujetar las letras para que no jueguen al "corre que te pillo". Esa gente capaz de fijar su mente en obtener un logro futuro, de planificar y respetar una rutina diaria de trabajo por su cuenta. Personas que pueden abandonar sus intereses y aficciones más queridas por la consecución de sus objetivos. Cosas que jamás he sabido ni habría sabido hacer si, en un arrebato de locura ( imposible de otra manera ), hubiera apostado la vida en ello.

Me rindo ante ustedes. No somos de la misma pasta. Arcilla y agua de mar dan forma a mis huesos. En los vuestros resuena el acero forjado, pulido, brillante, perfecto. Mis carnes, fibras de algodón cubiertas de finísimo papel japonés washi. Las vuestras, imponentes enlaces covalentes químicos bajo un laminado de grafeno. Mi mente un revuelto de gambas con frío y la vuestra papas de La Bonotte con carne de Kobe.

Somos por lo menos de esas personas especiales que saben disfrutar de las cosas más sencillas. Del solos tú y yo, como en esta canción de Adriano Celentano.

martes, 14 de julio de 2020

Ladrando con perros



"Tómame o déjame", no suena moderno, suena Mocedades

Tener en casa un compañero de otra especie era algo que yo no quería. Dijeron que me vendría bien. Me obligaría a salir de casa y a hablar con otras personas. Y así fue, aunque pronto dejé de unirme a corros comentando cosas intrascendentes para pasear de verdad una hora y volver a casa. Además, indicar a la gente cuándo cagaban sus perros no parecía del agrado de nadie.

—¡Uy, si no tengo bolsa! ¿Me das una, porfa?
—Toma.
—Gracias, a ver… —y se pone a buscar la mierda donde no está.
—No. Está aquí, mira.
—¡Vaya, estaba tan distraída…! Gracias. —Y me mira a mí en vez de mirar la caca. ¿¿??

En casa hubo una votación que debería haber quedado en empate, porque las hijas se van de casa y el susodicho can, en mi (nuestro) caso, no se va. Por suerte. Diré que ojalá estuviéramos todos juntos, pero eso sería malo para mi-hi-ji-ta, seguro.

Podría haber salido feo, pero es un perro “top model” si no abre la boca. Pelo suave y abundante que no se cae. Menos de cuatro kilos de peso y un carácter endemoniado, así que su vida en el parque es complicada.

Cuando aún me esforzaba por ser otro arbusto más en el grupo de personas emperradas, apareció una pastora alemana aficionada a pisar y colocar sus dientes como collar de perlas alrededor del cuello de mi chiquituco. Será normal, porque no apretaba, pero verlo me ponía de los nervios, así que decidí marcharme cada vez que aparecía. Su gobernanta se rió de mí y gritó:

—¡Así no aprenderá a estar con otros niños! ¡Mételo en una urna para que no le pase nada!

Y yo también grité:

—¡No es un niño, IDIOTA! ¡Es un perro! ¡Y haré lo que me dé la gana!

En mi casa es como un peque de la familia, pero eso es cosa nuestra, no de esa mujer. Y el tiempo pone a todos en su sitio. Ahora su perra es agresiva incluso con la gente, está como una tanqueta y, por tanto, es peligrosa. La sacan a ver la mediana más cercana y vuelta para casa. Nuestro amigo pasea mínimo dos horas cada día. Los suertudos son libres en finca; piso con vecinos es lo que hay.

No suelo tener tiempo para evitarle el bullyingcan.
«No te preocupes, que mi perro no hace nada» es la frase más encefaloplana que suelo escuchar. Y esta otra, cuando se pelean: «Déjalos, que entre ellos se regulan y se entienden». Entre ellos se matan si hace falta. No pasa nada hasta que pasa, y cuando pasa, el pequeño lleva las de perder. No es lo mismo pesar ocho que cuatro. No te digo ya treinta.

Las personas con gatos, perros, pájaros, etc., terminamos hablándoles como si pudieran entender nuestra jerga. Hablaré por nos para decir que quizá así sea. Veamos. Paseando por el parque, me dice:

—Dame algo de comer. Algo con lo que yo sepa cuánto me aprecias.
—No tengo nada. No hay. —Le enseño las manos vacías.
—Pues vale.

Camina unos pasos. Huele que te huele. Mea y dice:

—¡Dios, qué a gusto me he quedado! ¡Soy el mejor! ¡El más grande y más fuerte!

Lo acompaña de rascadas para tapar el pis. Si hay tierra que salga volando a mis zapatos, mucho mejor. Mea por aquí, por allá… Al intento quince o veinte ya no queda ni gota, pero da igual. Vuelve a insistir:

—Dame algo de comer. Anda. Tío cutre. Saca.
—Que no lleeeeevoooooo. No hay. —Manos vacías extendidas.
—Mah, vámonos. Lo sé de sobra. Solo te pido para que te sientas mal y algún día aprendas de tu mujer a llevar alguna chuchería. (mamón)

Bueno, seguro que voy descaminado y no piensa sino que “instinta”. Luego en casa, con todo abierto, entra una mosca zumbona. Los ladridos taladran mis oídos hasta el dolor. Me desquicia. Me convierte en abusón asesino cruel. No tiene botón de MUTE.

—Queeee paaaaasaaaaa. Solo es una mosca, calla, jodeeeeerrrr. (¡Lo mato!) (no, no tiene culpa)

—¡¿Que qué pasa?! ¡Eres tú el que se pone nervioso! Agitas las manos, sacudes paños y al final echas vapores que huelen a rayos… ¡Encima que me preocupo…!

Saco la mosca o la avispa de turno y se queda tranquilo. Me mira mientras saca y mete la lengua y em diu amb aquestes paraules:

—¿Un premio por lo del bicho? ¿Chacho? ¿Sí? ¿Eh?

Pero no. No le di.

Voy a la cocina a picar entre horas. Abro una bolsa de conos 3D, fritos de maíz, patatas Lays al punto de sal o me zampo unas almendras, avellanas, ciruelas pasas, dátiles… Que no quiera coger peso no quiere decir que no me apetezcan las cosas ricas. Luego vendrá lo que tenga que venir a la cabeza, esa es otra historia. Ladrido repentino a plena potencia, modo quejido y muerte súbita por susto a mis espaldas.

—¡DAME! ¡DAME! ¡DAME ALGO QUE COMER! ¡No solo a ti te apetece picar, capullo!

Le doy un trocito de chuche perruna. De verdad que son asquerosas esas chuches de bolsa, pero es un carroñero, como los demás de su especie. Y no es broma: un día quiso comer de una vaca muerta que dejaron para los falconiformes calvos de cuellos serpentinos con bufanda, ganchudos y picotudos. Eeeeeeh… buitres.

Rituales. Este perro tiene rituales. Los demás supongo que también. Voy a contar uno que espero no sea un acto premeditado para conseguir sus fines.

Coge un peluche de perro por el cogote y lo pasea de la ceca a la meca con mucho esmero, al tiempo que va gimoteando (como llorar), echando aire a presión por la garganta para que suene a quejido suave. Cuanto más tardo yo en responder al ritual, mayor desencaje de mandíbula. Tengo que seguirle, agacharme y tomar el peluche. Juguetear con él mientras él recoloca la mandíbula y se repasa el pelo:

—Ay, el perritoooo…

Hago como que el peluche le lame la cara. Él responde aseándolo con perfume de putrefacción y despioje a mordisquitos finos y seguidos. Lo siguiente ya no tiene explicación. Dice:

—Quieto ahí que te voy a jincar.

Mmm. Suena fatal. Lo sé. Pero eso es lo que hace. Será mi sino. Su tamaño le lleva a agarrar mi pantorrilla, clavar las uñas y frotar con mi talón su lapicero sin minas de recambio. ¿Imaginas un pintor con pincel, inspiración, lienzo y sin óleos? Frustración is de wor.

Su siguiente fase o estadio emocional:

—¡Odio el mundo! ¡Os odio a todos! ¡GRRRR! ¡Malditos!

Se sube al sofá y escarba buscando las muelas de Satán, se mete enfurecido bajo la almohada de su cuna, la vuelca, rasca alocado con ambas patas debajo y no puedes acercarte o serás despedazada y muerta a mordiscos. Espera… a eternos e insufribles mordiscos pequeños.

—¡GRRRR! ¡Iros a la mierda todos! ¡Cabrones!

Cuando su agotamiento sobrepasa los niveles naturales, para. Busca un escondite. Se tumba desolado. Piensa:

—Nadie sabe de mi sufrir.

Extiende las patas delanteras y pone la cabeza entre ellas. No hay imagen más triste. Luego se gira para no vernos.

Está castrado por amplia recomendación. Antes aullaba al paso de cualquier perrilla de su gusto y, si estaba suelto, echaba a correr cruzando carreteras hasta llegar donde la amiga en celo, a kilómetros de distancia. En su vida todo es exageración. Todo o nada. Sin medias tintas.

Algunas personas dicen que llevan una vida de perros. Otros, que los perros viven mejor que muchas personas.

Y ninguna de las dos cosas es verdad.
O lo son las dos.
A saber.

BONUS:
Será mi sino.
«Misino gaaaaato, ¿qué has comiiiiiido?, sopita en viiiiiino.
¿Quién te la ha daaaaado?, mi padriiiiiino.
¿Qué padriiiiiino?, el del moliiiiiino,
zape, zapiño, zape, zapiñooooo».


Soy mal dibujante. Este es mi dibujo original, el otro es un favor que pedí:
"Tómame o déjame", no suena moderno, suena Mocedades